La Plata enfrenta un problema vial que, lejos de ser nuevo, mantiene una dimensión preocupante. Un relevamiento del Observatorio de Datos Estratégicos junto a la ONG Corazones Azules contabilizó 617 personas fallecidas en accidentes de tránsito entre 2016 y julio de 2026 sólo en el partido de La Plata. La cifra representa casi el 90 por ciento de las muertes viales registradas en toda la región durante ese período.
El escenario también se refleja en los números más recientes. Hasta fines de agosto de este año se reportaron 42 muertes viales en el Gran La Plata y julio fue el mes más trágico, con 11 fallecidos, ocho de ellos en el partido de La Plata. En junio, además, la Ciudad se ubicó tercera en el ranking provincial de municipios con más víctimas fatales, detrás de Mar del Plata e Isla Talavera.
Frente a este panorama, las experiencias de otros países muestran que reducir las muertes en el tránsito no depende de una única medida. Un informe del Observatorio Vial de CECAITRA analizó los casos de Suecia, Noruega y España, tres países que consiguieron disminuir de manera significativa su mortalidad vial y que tienen en común una estrategia sostenida durante años.
Suecia fue uno de los primeros países en cambiar la manera de abordar el problema. En 1997 adoptó la denominada “Visión Cero”, basada en un principio central: ninguna muerte o lesión grave provocada por el tránsito resulta aceptable.
El cambio significó dejar de responsabilizar exclusivamente a quien conduce. La seguridad pasó a pensarse como una responsabilidad compartida entre quienes diseñan las calles y rutas, los vehículos y las políticas de movilidad.
El objetivo es construir un sistema capaz de absorber los errores humanos sin que necesariamente terminen en una tragedia. Por eso, el entorno vial debe estar preparado para reducir las consecuencias de esas equivocaciones.
Noruega llevó esa filosofía a una estrategia de gestión que involucra a distintos sectores. Su Plan Nacional de Acción para la Seguridad Vial 2026-2029 contempla unas 200 medidas y reúne a organismos de transporte, seguridad, salud y educación, además de gobiernos locales y organizaciones de la sociedad civil.
El objetivo es avanzar progresivamente hacia cero muertes en las rutas para 2050. En 2024, Noruega registró 87 fallecidos en sus rutas.
España ofrece otro ejemplo de cómo una política sostenida puede producir resultados. Uno de los principales puntos de inflexión fue la implementación de la licencia por puntos en 2006. Desde entonces, las víctimas fatales pasaron de 4.104 ese año a 1.785 en 2024, una reducción superior al 50 por ciento.
Pero la licencia por puntos no actuó sola. El sistema español incorporó fiscalización electrónica mediante radares, controles de alcohol y drogas, campañas de concientización, mejoras en las rutas y políticas específicas para proteger a peatones y motociclistas.
También desarrolló un sistema de recopilación de datos para medir los resultados y evaluar las políticas implementadas. La Estrategia de Seguridad Vial 2030 reúne nueve áreas, entre ellas las personas, las conductas de riesgo, las ciudades, las vías, los vehículos, los datos y la integración de políticas.
Argentina ya cuenta con organismos especializados, estadísticas y sistemas de fiscalización. El desafío señalado por el informe de CECAITRA es profundizar la articulación entre esas herramientas, medir sus resultados y adaptar las políticas a las características de cada región y de los distintos usuarios de la vía pública.
Las experiencias internacionales no ofrecen una receta para aplicar sin cambios, pero sí una evidencia: la seguridad vial funciona cuando deja de ser una suma de medidas aisladas y se convierte en una política transversal y permanente.
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