Mientras distintos líderes buscan establecer límites para la inteligencia artificial, Javier Milei propone que la Argentina encuentre una oportunidad en el camino contrario: atraer empresas e inversiones con el compromiso de no regular preventivamente esa tecnología. Esa apuesta es el eje de un artículo de The New York Times, que examina los planes del Presidente y recoge advertencias sobre sus posibles consecuencias legales, ambientales y políticas.
El contraste atraviesa la publicación: donde el Gobierno argentino ve una herramienta para impulsar inversiones y ganar protagonismo tecnológico, los especialistas consultados señalan riesgos que requieren respuestas. El diario ubica la postura de Milei frente a las iniciativas de otros dirigentes para controlar una tecnología cuyo desarrollo avanza más rápido que las políticas públicas.
La comparación, sin embargo, tiene matices. Según el New York Times, el enfoque argentino comparte aspectos con el de Donald Trump, quien considera que las regulaciones pueden frenar la innovación y favorecer a China. La Unión Europea, en cambio, ya introdujo reglas, aunque la publicación advierte que persiste una brecha entre la capacidad de los gobiernos para intervenir y la velocidad de los avances tecnológicos.
En ese escenario, Milei busca posicionar a la Argentina como un destino atractivo para quienes encuentren restricciones en otros países. El diario también marca una incertidumbre: el país está lejos de los principales centros de desarrollo de IA y todavía no está claro si los proyectos anunciados llegarán a concretarse.
EMPRESAS AUTÓNOMAS Y UNA PREGUNTA: QUIÉN RESPONDE
Uno de los puntos que el New York Times analiza con mayor atención es la propuesta de habilitar empresas operadas íntegramente por agentes de inteligencia artificial.
La iniciativa original, según reconstruye el artículo, contemplaba compañías sin presencia humana y con responsabilidad legal atribuida a los propios agentes de IA. Allí aparece uno de los reparos centrales: cómo exigir que respondan por sus acciones sistemas que no pueden recibir las mismas sanciones que una persona.
El diario recoge la advertencia del historiador Yuval Noah Harari sobre el riesgo de generar estructuras en las que los algoritmos actúen fuera del alcance efectivo del derecho penal. La amenaza de ir a prisión, que puede disuadir a un ejecutivo, carece de efecto sobre una inteligencia artificial.
También cita al especialista argentino Alan Daitch, quien reclama regulación y señala que, aunque una IA no pueda rendir cuentas como un ser humano, los daños de sus errores sí recaen sobre personas concretas.
El artículo incorpora una modificación relevante. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, explicó que el borrador fue reformulado para exigir una persona que asuma la responsabilidad legal final, aunque la operación quede enteramente en manos de agentes de IA. Según el funcionario, el marco apunta principalmente a ofrecer incentivos fiscales para atraer esas compañías.
LA PATAGONIA, ENTRE LAS INVERSIONES Y LOS RECURSOS
Otro foco de la publicación es el proyecto de captar grandes centros de datos para la Patagonia. El Gobierno presenta el clima frío, los espacios disponibles y los recursos energéticos como ventajas para instalar la infraestructura que necesita la IA.
Pero el New York Times pone esa promoción en relación con las resistencias que esas instalaciones ya generan en Estados Unidos por su demanda de electricidad y agua. A esas preocupaciones se suman los temores por los efectos de la inteligencia artificial sobre el empleo y la sociedad.
Para la Argentina, el diario identifica además obstáculos concretos: la fragilidad de la red eléctrica, los controles cambiarios y el elevado costo de construir infraestructura de transmisión.
La publicación menciona una carta de intención firmada por OpenAI con una empresa argentina para explorar un gran proyecto. Se trata de una posibilidad de inversión, cuyo desarrollo permanece abierto, en un país que todavía tiene una industria de centros de datos pequeña frente a Brasil y Chile.
CUANDO LA FICCIÓN ENTRA EN LA DISPUTA POLÍTICA
Los reparos del New York Times también alcanzan el uso de la IA en la comunicación oficial y partidaria. El artículo describe el entusiasmo del entorno presidencial por las imágenes sintéticas y examina situaciones en las que esa producción puede confundir al público.
Entre los ejemplos, menciona una imagen que Milei compartió durante los incendios en la Patagonia: lo mostraba junto a bomberos, aunque no había viajado al lugar. También recuerda la circulación, desde cuentas que apoyan al Presidente, de videos falsos en los que un candidato opositor aparecía anunciando su retiro de una elección.
El diario aclara que Milei no publicó ese video, pero defendió ese tipo de contenido como una expresión de libertad y rechazó penalizarlo.
El equipo de comunicación sostiene que las imágenes buscan potenciar la presencia del mandatario en las redes. Sin embargo, la publicación señala que la circulación de contenidos artificiales desdibuja cada vez más la frontera entre la sátira y el engaño.
Allí concentra el New York Times uno de los principales interrogantes de su análisis: qué respuestas ofrecerá la Argentina ante los riesgos de una tecnología que el Gobierno presenta, sobre todo, como una oportunidad. Incluso dentro del equipo que produce contenido para Milei, recoge el artículo, hay voces que llaman a reconocer esos peligros y actuar con precaución.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial