Messi se despidió de la Selección: el final de una época que tuvimos el privilegio de vivir

calendar_today 01.09.2026 - person  - timer ~6 Minutos

El capitán eligió retirarse en plenitud, después de dejarlo todo con la camiseta argentina. Fuimos contemporáneos del mejor jugador del mundo y ahora nos toca despedirlo, en incómodas cuotas, de la Selección.

Diego  Sehinkman

01 de septiembre 2026, 14:54hs

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Messi se despidió de la Selección argentina. (Foto: AP / Stephanie Scarbrough)

No es un velorio, nadie se murió, no es una película melancólica, pero es el fin de un proceso de algo que vivió básicamente Messi, es de él y un poquitito de nosotros. Una parte de nuestra vida se empieza a terminar, que tiene que ver con disfrutar a Messi en la cancha.

Es un proceso de despedida que venía anunciado. Son esas cosas que vos ya sabías que iban a pasar. Lo viste lagrimear después de la final, la primera vez que veías en primer plano el ojo derecho derramando una lágrima, decís: ¿qué es lo que está pasando acá?

No teníamos del todo la información. Después supimos que el padre efectivamente estaba mal. Después vino la carta de despedida de Messi al papá, en donde además del mejor jugador del mundo, se recibió de mejor hijo del mundo.

Lionel Messi se retiró de la Selección argentina (Foto: AP)

Lionel Messi se retiró de la Selección argentina (Foto: AP)

Nos enteramos además de que estaba, o sospechamos, cerca el retiro, porque dijo: ¿qué sentido tiene seguir jugando ahora que no estás? Y nos dimos cuenta de esto, que es que gran parte de su pasión, de su trayectoria, de su talento y de su compromiso por el fútbol, habían sido gracias a y para Jorge Messi, su padre. La primera persona que veía en los mensajes para ver si el padre aprobaba o no, después de cada match, si había jugado bien o no.

Se empieza a despedir definitivamente Messi en incómodas cuotas. Esta incómoda cuota es: ya no estará en la Selección.

Fuimos contemporáneos

Y lo primero que uno piensa es: che, qué bueno que fuimos contemporáneos de Messi. Nos parece natural, no es natural. No fuimos contemporáneos de Gardel, no lo escuchamos cantar en vivo. No fuimos contemporáneos de Fangio. Fuimos apenas un poco, y los más grandes, de Vilas. Y así les diría de tantos próceres de alguna materia, arte o ciencia de la Argentina.

Y quizás por la envergadura de lo que significa el fútbol, el deporte más festejado y más visto del mundo, ser o haber tenido al número uno del mundo en el deporte -número uno del mundo- es una cosa única e irrepetible. Y fuimos contemporáneos.

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Y si me permiten el ensayo poético: en el tren de la historia, tocó en el mismo vagón de Messi. Podría no haber ocurrido, porque tipos como él nacen cada 30 o cada 40 años. Y tuvimos el privilegio de verlo jugar.

Batió todos los récords deportivos desde lo estadístico, desde lo numérico. Campeón del mundo, dos subcampeonatos, Copas América, Oro Olímpico, campeonatos juveniles.

La osadía de la mesura

Pero además de lo deportivo, nos dejó algo que era más difícil. ¿Qué era? La idea, la imagen de un prócer deportivo, de un ídolo que podía hacerlo de otra manera.

Qué difícil era competirle a Maradona. Y de hecho lo fue mientras Maradona estuvo vivo. Y él fue Messi, un modelo a imitar. No solamente por su técnica futbolística, sino porque, como diría Pablo Gerchunoff, tuvo la osadía de la mesura.

En una época de narcisismo, en un momento exacerbado donde cada uno, desde las redes, hace lo máximo posible para sobresalir: perfil bajo, conciliador, solidario, siempre afectuoso, nunca polémico. ¿Viste esa cosa de a fulano de tal como ídolo, en el 50% lo amé y al 50% todo lo contrario? Messi era 100% querible.

ARCHIVO - Lionel Messi besa el trofeo de campeón del Mundial tras la victoria de Argentina ante Francia, el 18 de diciembre de 2022, en Lusail, Qatar. (AP Foto/Martin Meissner)

ARCHIVO - Lionel Messi besa el trofeo de campeón del Mundial tras la victoria de Argentina ante Francia, el 18 de diciembre de 2022, en Lusail, Qatar. (AP Foto/Martin Meissner)

Fue probablemente el primer ídolo de tus hijos y de mi hijo. Y eso sí, da pena, da lástima, ese retiro de la Selección. Un tipo que no necesitó la polémica para sobresalir. Y todo lo que tenía para decir lo dijo en la cancha y en dos cartas.

La primera al papá, donde dijo: “dejé todo, es la primera vez que intenté desafiar a mi físico y no pude”. Y con eso cerró la puerta a todas las teorías especulativas acerca de si Argentina se había dejado ganar. Lo que dijo es: “no me dio para más el físico, dejé todo”. Y con eso clausuró la discusión y nadie osó seguir haciendo interpretaciones delirantes al respecto.

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Y la última cosa que es conmovedora, me parece que tiene que ver con la frase de “vacíos”. Así nos quedamos en este retiro en incómodas cuotas de Messi. Y la última cosa que me dijo: “quedé vacío, me vacié. Todo lo que tenía para dar, ya lo di”.

Eso no es muy habitual de ser escuchado en un referente, en un ídolo deportivo. ¿Por qué? Porque es muy difícil domesticar tu omnipotencia y decirte a vos mismo que es hasta acá. Reconocer o apaciguar tu narcisismo, decir: ya no tengo más para dar.

La jugada más difícil

Hay dos caminos frente a una situación como la de Messi: dilatar y postergar un retiro, o tomar una decisión. Todos sabemos lo que representa en una carrera deportiva ir apagándose, ir pixelándose, deteriorándose, por la imposibilidad que es dejar una cancha, colgar los botines, dejar de ser la identidad. Hacer es ser también. Y si dejo de ser el ídolo, ¿qué va a pasar en mi vida posterior?

Bueno, Messi eligió otro camino. Que no fue el de la degradación, de la decrepitud. De esos ídolos que hemos visto deteriorarse en funciones cada vez más degradantes. Esa idea de hubiera preferido no ver a mi ídolo en esas circunstancias.

Messi eligió otro camino, que es retirarse en forma, habiendo metido ocho goles en el Mundial, cuatro asistencias. Habiéndole tapado la boca a los que decían: está en el Inter de Miami, casi en un geriátrico deportivo, en un retiro. ¿Qué es eso? No va a poder jugar un Mundial. Fue estrella. Estuvo a poco de ser goleador. Se retiró entero. Flaco, entrenado. Impecable.

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Esa era la jugada más difícil de Messi. Retirarse en el momento justo de la Selección. Una jugada que solo muy pocas personas que llegaron a esa altura son capaces de hacer. Frenar. Ponerle un fin a su carrera. En este caso, en la Selección. Prontamente, seguramente en una carrera doméstica en Miami.

Pero lo que vimos es que después de jugar una final, Messi acaba de jugar y de jugarse un final. Que es más importante y más desafiante que jugar la final del mundo. Y es jugar el final. El retiro.

Y lo hizo con una jugada brillante. Impecable. Otra vez nos sorprende Messi en esta decisión, por la precisión de haber tomado la decisión de la mejor forma. Y haberla comunicado de modo impecable. Levanta otra vez la copa Messi. Inolvidable. Agradecimiento eterno.