Nunca pensé que me casaría por segunda vez. Pero cuando llegó ese feliz momento, lo que tenía claro es que no quería montar una boda a lo grande, quería celebrarlo de la manera más íntima posible y si podía ser a solas con mi pareja, mejor que mejor.
El asunto estaba en el aire, pero fue planeando un road trip por Estados Unidos cuando uno de los dos -no recuerdo bien quién la verdad- propuso: ''¿y si hacemos una parada en una capilla de Las Vegas?''. La respuesta evidentemente fue sí y desencadenó todo un año de preparativos a distancia que no fueron -ni de lejos- lo peor de esta experiencia.
Elegir cómo (y dónde) hacerlo, preparar los documentos, cuadrar las fechas y conseguir que todo saliera bien parecía ya una gestión bastante loca y abrumadora. Lo que no me podía imaginar era que, una vez de vuelta en España, empezaría la verdadera odisea. Esta es la historia de cómo preparamos nuestra boda-viaje de novios en USA y cómo sufrimos a la vuelta para que nuestro matrimonio fuera reconocido aquí, en casa.
Seguro que has visto alguna peli en la que los protagonistas, con un par de copas de más deciden casarse en Las Vegas y en dos segundos encuentran una capilla vacía que les recibe con los brazos abiertos, sin ningún tipo de burocracia real. La realidad amigas, es muy (pero que muy) distinta. Lo recomendable es reservarla con tiempo desde aquí, es más, si quieres una en especial -en la que se casó Elvis por ejemplo- probablemente tengas pocas fechas disponibles.
Yo me pasé semanas comparando capillas, leyendo comentarios y buscando imágenes de bodas reales para elegirla. Gracias a que existen webs especializadas en este tipo de escapadas, aunque al final todas me parecían un poco rancias, incluso la típica, donde se casó Inés Hernad entre otros famosos, pero casarme en una sala con moqueta viejuna no me hacía nada de ilusión. hasta que encontré una que se ajustaba a nuestro estilo. Al final, la capilla perfecta apareció por casualidad (o por el algoritmo más bien) en Instagram.
La Sure Thing Chapel tenía rollazo, era moderna pero con toques retro y el corazón luminoso es tan cursi que fue un flechazo (porque soy una señora cursi de 40 años). Los trámites con ellos fueron muy sencillos -algo que suele ocurrir en USA, siempre que vas con dinero por delante- , nos explicaron todo genial para conseguir nuestra licencia de matrimonio en el condado de Clark: básicamente pedir cita, llevar el pasaporte, rellenar un formulario y (en nuestro caso), llevar la sentencia de divorcio. Además, nos ofrecían un coche retro para hacernos fotos, lo que fue el toque definitivo para convencer a mi (por aquel entonces futuro) marido, que adora tanto los coches vintage como yo los bolsos.
En cuanto llegamos a Las Vegas, una calurosísima mañana de agosto de 2023 nos fuimos a la oficina del registro para conseguir nuestra licencia. Fue muy auténtico: nos tocó prestar juramento -en inglés- delante de la funcionaria con la mano levantada (igualito que en las pelis). Luego, bastaba con llevar ese documento el día de la boda de verdad, para que la testigo (la fotógrafa, en nuestro caso), lo firmara después de la ceremonia.
Y así fue todo, coser y cantar (aunque la fotógrafa se hizo un lío con las fechas y llegó tarde, pero eso es otro tema). Un día precioso y original, con mi hermano y mi sobrina viéndolo todo por videollamada, los únicos que se pegaron el madrugón para verlo en directo.
Reconozco que incluso si este matrimonio también me sale rana, tanto la boda como el viaje siempre serán uno de los recuerdos más alucinantes y bonitos de mi vida. Eso sí, volver a España y ponerse con los trámites lo recordaré hasta el fin de los tiempos como una auténtica pesadilla.
Para que nuestro matrimonio celebrado en Las Vegas fuera reconocido aquí, teníamos que inscribirlo en el Registro Civil. Para ello necesitábamos conseguir el certificado de matrimonio estadounidense, apostillarlo, traducirlo y presentar toda la documentación que nos pedían para iniciar el expediente. A priori no parecía sencillo, pero tampoco imposible. En la práctica, nos llevó tres años (pero no quiero hacer spoiler).
La primera cita que nos dieron, por supuesto, no era en el departamento que correspondía. Era demasiado fácil. Cuando conseguimos averiguar dónde teníamos que hacerlo realmente, descubrimos que no se podía pedir cita ni por teléfono ni presencialmente: solo online y justo cuando abrían la agenda (el primer día hábil de cada mes durante unas horas). Durante meses me puse una alarma en la fecha señalada para intentar conseguir una cita. Tenía que estar pendiente de la web y esperar que el señor que daba el ok decidiera que ese día sí nos tocaba a nosotros. No fallé ni una sola vez. Creo que me faltó poner una vela al santo de los imposibles, sin ser yo católica ni nada de eso.
Conseguir aquella primera cita me costó casi dos años (¡dos años!). Y cuando por fin lo logré, todavía tuvimos que esperar algunos meses más hasta que nos recibieran. Entregamos toda la documentación, revisaron que, al menos en principio, estuviera todo correcto y así fue, por fin lo conseguimos. La tranquilidad duró hasta que segundos después, nos dijeron que tendríamos que esperar nada más y nada menos que un año (como mínimo) para recibir los papeles definitivos.
No exagero ni un poco si digo que cada mes desde que presentamos la documentación consultaba online el estado de nuestro expediente. Meses y meses ''en tramitación'' hasta que nos llegó la notificación al email el 17 de agosto de 2026 (justo 3 años y un día después de nuestra boda). El mejor regalo de aniversario que podíamos imaginar.
Aquí es cuando toca decir ''si lo hubiera sabido antes, lo habría hecho de otra manera'', pero la realidad (y el colmo) es que me lo advirtieron. El hermano de una buena amiga había pasado por lo mismo y no me lo recomendaba en absoluto, de hecho, ella insistía en que hiciéramos una ceremonia simbólica en Las Vegas y luego, nos casáramos oficialmente en España, pero a nosotros nos hacía ilusión que fuera ''auténtica''.
Este año mi cuñada se ha casado en Escocia y nuestro primer impulso después de darle la enhorabuena fue casi prohibirles que cometieran el mismo error que nosotros. Por suerte, son una pareja bastante inteligente y celebraron una boda civil (y legal) aquí en España días antes de la ceremonia escocesa. Y sí, legalmente, fueron marido y mujer en este nuestro querido país, antes que nosotros (tres años después).
Dicho esto, ¿volvería a casarme en Las Vegas? Rotundamente sí. Es más, si las cosas van bien, tenemos claro que en el décimo aniversario repetiremos, renovando nuestros votos como en las pelis norteamericanas.
Fotos | @ofcolorandhoue
En Trendencias | Desde hace más de un año siempre que siento el impulso de comprar ropa nueva hago esto en Vinted primero y he ganado paz mental