“Creo que el que es virgen, es virgen para siempre. El virgen no es el que no tiene sexo, el virgen es una cuestión de actitud”, aseguró Matías Bottero durante una entrevista en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Creador de contenido argentino, Bottero alcanzó popularidad en redes sociales con La basura semanal, el segmento en el que comentaba con humor e ironía temas de la televisión, el espectáculo y la cultura viral. Con formación en Dirección y Producción de Cine, Radio y TV, luego amplió su perfil con Entre dos suculentas, el ciclo de entrevistas con el que se consolidó como una de las voces jóvenes en el entretenimiento digital.
Habló sobre la exposición, el dinero, la ansiedad y las inseguridades que marcaron su adolescencia y que, según reconoció, todavía persisten en distintos aspectos de su vida. También se refirió a sus vínculos personales, a la lógica de la fama en internet y al temor permanente de que su presente laboral pueda ser transitorio.

— Vos venís a pedirme un millón de dólares y la realidad es que vamos a conversar de cosas y, según la cantidad de verdades que tires en la mesa, te lo ganas o no. ¿Qué harías vos con este millón de dólares?
— ¡Qué pregunta! Compraría muchos bots, creo yo, ya que es un negoción. Llegaría al millón de seguidores en Instagram, que la vengo remando hace siete años. Después en YouTube también empezaría a tener cinco millones de reproducciones por video y ahí genero el millón de dólares automáticamente.
— ¿Y no tenés miedo de que eso en algún momento se descubra y te descalifiquen? ¿No te sacan el dinero, no te sacan los seguidores?
— No pasa nada. Me compro los mejores bots del mundo. Son un millón de dólares. Si me lo sacan, pongo cincuenta lucas verdes más y me compro unos nuevos. Entonces todo el tiempo mantengo un millón de seguidores en Instagram.
— Los bots a los que te referís son estas figuras que no existen, que siguen cuentas o que ven automáticamente tus videos para...
— Sí, le diría a todos que me den likes, que pongan: “Qué capo que sos, qué gracioso, el mejor youtuber de Argentina”. Me compraría los premium, ¿eh? Porque son un millón de dólares...
— ¿Y cómo sabés quiénes tienen bots?
— Te das cuenta por... Primero, la gran mayoría esconden... ¿Viste que se pueden esconder los likes? Si escondés los likes es sospechoso. El que esconde likes, algo oculta. Y bueno, generalmente te das cuenta por la cantidad de seguidores y de comentarios, el engagement que uno tiene. Vos decís: tiene tres millones de seguidores y le comentan las fotos 20 personas, ¿qué está pasando acá? Y después, por ahí, si mirás los me gusta, encontrás un par de personas de Bangladesh. Eso es porque se compró bots medio básicos o porque no los sabe gestionar.

— ¿Sos gastador?
— Yo creo que tengo mis etapas. La verdad que hay momentos en que me agarra medio la compulsividad, pero generalmente no. Soy bastante rata.
— ¿Con vos mismo también? Porque podés ser rata con los demás, pero por vos mismo gastarte todo
— No, no, no. Yo creo que en general soy bastante rata, la cuido bastante.
— ¿Es porque te da miedo perderla? ¿Te gusta invertirla? ¿Te gusta analizar e investigar cómo potenciar ese dinero o es acopiar por una cuestión de seguridad?
— Todo lo que es inversión yo no entiendo nada, soy un estúpido. No la cazo, no la agarro, no sé lo que es una acción, no sé cómo funciona. No entiendo y todo me da miedo. Entonces vos me decís: “Invertí acá”, me da cagazo y digo: “Me van a cagar”. Todo eso se encarga mi mujer. Es el cerebro, es la científica. Se mira un par de tutoriales y automáticamente entiende todo. Entiende los bitcoin, todo. Ella es buena. Entonces le digo: “Tomá, hacelo vos”. Y yo directamente lo que tengo es mucho sentimiento de culpa. Me compro algo y me siento con culpa. Por ahí me salió 15 lucas, me compré un vasito, una taza de café. Me siento con culpa.
— ¿Y eso es cuando te comprás algo a vos o también si le comprás algo a tu compañera o a un amigo por su cumpleaños?
— No, creo que es conmigo más que nada. Ese sentimiento de culpa de comprar. Me compro una pilcha y digo: “Al pedo, ya tengo”.
— Ahora que sos una persona pública, ¿no haces canjes de ropa y de esas cosas, como para tratar de gastar menos y pasar lo menos posible por ese sentimiento de culpa?
— Yo siempre odié los canjes. Pero me di cuenta de que odiaba los canjes porque nadie quería hacer canje conmigo. Hasta que de repente, cuando explotó Entre dos suculentas, empezaron a aparecer.
— Pero es un intercambio, o sea, uno tiene que ponerle también algo. Es un ida y vuelta.
— Obvio. Pero yo al principio lo odiaba porque uno es hater. Yo, por lo menos, por naturaleza soy hater. Entonces de repente empecé a recibir canjes y dije: “Esto está muy bueno”. De repente la ropita de canje es hermosa.
— ¿Y por qué te viene ese sentimiento de culpa? ¿De dónde pensás que te viene?
— Yo creo que porque siempre está este bichito, que lo tengo desde que empecé a hacer contenido, desde que empecé a vivir de esto en 2020, de que “esto se termina en cualquier momento”. Creo que es algo que tengo y que no sé si en algún momento voy a poder evitar no tenerlo. Siempre está. Está esa cosa de: “Esto se termina, mirá que esto en cualquier momento...” Y ahí es cuando siempre tengo ese temor de cuando eso pase, diga: “Che, ¿me debería haber comprado esto? ¿O tendría que haberla puesto en las acciones de esta marca, de esta empresa?”
— ¿Es verdad que tu papá antes te manejaba la plata y ahora es tu mujer?
— Están ellos en disputa. Los dos.
— Tendrías que ponerle a tu papá y a tu compañera personajes de series populares para entender qué nivel de batalla tienen.
— Sí, entre ellos, mi viejo le dice: “Vos no te metas”. Y ella le dice: “Me meto si quiero”. Ellos se pelean, yo los dejo, me divierto.
— Es tu dinero, igual. ¿Vos confías plenamente?
— Sí, yo confío en los dos. Mi viejo me maneja más el día a día: las cuentas, el alquiler, los impuestos, todo ese tipo de cosas.
— ¿Pero qué te dice: “Transferime la plata, yo pago las cosas” o “nene, tenés que pagar esto”?
— No, él tiene mi plata.
— ¿Pero adónde va cuando vos cobrás la plata? ¿A la cuenta de él?
— Sí, él tiene todo.
— ¿Y no te genera problema eso?
— No, porque él es apoderado de la cuenta, o sea, él puede retirar tranquilamente. Él maneja todo.
— ¡Qué cómodo!
— Muy cómodo y de mucha confianza. Me llega a chorear un mango y es terrible.
— ¿Sos igual de picante con tu familia que cuando hacés las entrevistas?
— Sí, sí, sí. Yo creo que soy de molestarlos mucho, de joderlos. Me tienen que soportar.
— ¿Pero más cute style? O por ejemplo, vos enojado girás para adentro y mirás a tu padre, a tu madre, a tu mujer. ¿Cómo es? ¿Te miran con cara de miedo o te dicen: “Andá a hablarle así a tus entrevistados”?
— Barbi me lo dice. Barbi es mi novia. Me lo dice todo el tiempo: “No estamos en una suculenta”. Creo que es su frase de cabecera. Todo el tiempo me dice: “No estamos en una suculenta, a mí tratame bien o preguntame bien”, porque tengo también esa cosa de preguntar o de contestar una pregunta medio irónico. Y el irónico en YouTube es graciosísimo, pero en la vida personal el chabón que está todo el tiempo siendo irónico es un pelotud*. Ese soy yo. Entonces me baja todo el tiempo los cambios.
— Bueno, está bien que te des cuenta.
— Sí, me doy cuenta. A veces me paso de personaje.
— Hablame de ella. Describime a Barbi en tres o cuatro palabras.
— Para mí es mi cable a tierra. Creo que es la mejor frase. Este es un mundo donde, si te sumergís de lleno, no hay diferencia entre trabajo y vida personal. Creo que lo que tiene es que si tu pareja también es de los medios, si tus amigos también son de los medios, si de repente toda tu vida pasa por esto, ya no hay diferencia entre tu persona, tu personaje, tu vida personal, tu trabajo. Es un quilombo. Entonces ella es como mi cable a tierra, una persona que no se dedica a esto, entonces puedo hablar de otras cosas, me puede contar sus dramas en el trabajo, que son completamente ajenos a los míos. La he acompañado a ella a hacer experimentos científicos, por ejemplo.
— ¿Experimenta en qué área?
— Ella está en el CONICET, estudia lo que es el cáncer de hígado. En el CONICET, allá en Pilar. Y bueno, creo que eso es lo mejor. Más allá de a lo que ella se dedica, también es la que me baja los decibeles todo el tiempo. Cuando yo estoy sacado, cuando estoy con problemas de ansiedad por un video o por algo, ella siempre está ahí calmando, ayudando.
— ¿Qué es lo que más te saca de eje?
—Yo creo que me saco conmigo mismo porque soy un kilombo en todo sentido. Tengo unos mambos de ansiedad fuerte y soy muy de poner mi enojo en el otro, pero en el fondo estoy enojado conmigo. Después reconozco que estuve mal. Soy muy de castigarme, a veces, cuando no me salen bien las cosas. Pero siempre en lo laboral. Después en la vida personal no sé si hay algo particular que me moleste o me haga enojar mucho.
—Cuando las cosas no quedan como vos querés, ¿te agarra un enojo con vos mismo? ¿Pensás no estoy a la altura o por qué no lo hice bien? ¿Aparecen esos miedos de que vas a perder todo, de que te vas a quedar sin un mango, de que el éxito se va a la mierd*? ¿La ansiedad viene por ahí? ¿Por el miedo a perderlo todo?
—Sí. Esos son mis pensamientos todas las mañanas, básicamente.
—¿Haces terapia?
—Sí, sí.
—Deberías hacer una obra con eso, vos que sos guionista. Algo muy íntimo tuyo.
—Estaría bueno. Por ahí era un tratamiento psiquiátrico el millón de dólares (risas). Yo creo que esa neurosis a veces tiene cosas positivas, como todo, y sus cosas negativas. Pero creo que hoy estoy encontrando un poco más el equilibrio que cuando empecé.

— La primera pregunta dice: ¿por cuánta plata volverías a hacer La basura semanal?
— ¿Puede ser mensual? ¿Un monto fijo? Yo creo que me das 50 luquitas lo hago. Verdes, ¿eh?. Fuerte. Porque estaría sacrificando mi salud, porque me haría mierd*.
— ¿Por cuánto tiempo tolerarías hacerlo?
— Un año.
— ¿Qué es lo que más te da urticaria de volver a ponerte en ese lugar? ¿Qué es lo que más estrés te generaba?
— Primero, tener que cumplir subiendo todas las semanas, todos los domingos. Tener que subir todos los domingos era terrible, porque nunca llegaba a tiempo. Nunca llegué a tiempo.
— ¿Y nunca había plata para asistentes, editores que te ayudaran?
— No era un tema económico, era un tema de que nadie me podía ayudar porque era todo tan rápido que tenías que solucionar un montón de cosas. Yo terminaba de guionar el sábado, el domingo grababa, terminaba de grabar, editaba. Mi papá venía a las siete, porque venía de verse con su novia, a grabar la publicidad, porque siempre era con él. Grababa la publicidad, terminábamos de grabar a las nueve, me ponía a editar la publicidad, a las nueve y media estaba subiendo el video. Era así todos los domingos. Y terminaba sacado, subiendo el video, mirando todos los comentarios hasta las tres de la mañana. Al otro día me levantaba y volvía a mirar todo lo que pasó en la tele para arrancar de nuevo. Tardaba más o menos una semana en escribir el guion. Al principio me la re bancaba y me gustaba. Lo que me empezó a pasar al final era que a eso le tenías que sumar que las noticias ya eran siempre las mismas. Te empezás a dar cuenta de que todo gira en lo mismo: la China Suárez, Yanina Latorre, Icardi, Wanda. Todas las noticias que se trataban en La basura semanal eran de lo mismo. El influencer que hizo un comentario y lo cancelaron...
— ¿Te cansaría a vos estar en todos los portales, que hablen de vos, que te sigan tu vida privada, que se metan en saber cosas de tu mujer?
— No, me mato. Por eso yo creo que la fama de redes es la mejor fama posible. La fama televisiva, del mundo del que vienen ustedes, es terrible. Es terrible el acoso, la intromisión en la vida privada constante. Y después también cómo la gente empieza a entender que se puede meter directamente. Como la gente en Facebook.
— Si tuvieras que entrevistar a alguien que vos quisieras sí o sí en La suculenta, ¿a quién sería?
— Rodrigo de Paul.
— No creo que sea tan difícil, es copado, es accesible.
— ¿Vos decís? Mirá que los futbolistas son jodidos. Se cuidan demasiado. Pero Rodrigo de Paul, le tengo unas ganas.
— ¿Y a quién te daría miedo entrevistar?
— Yanina Latorre me daba miedo. Lo íbamos a hacer, después se bajó. Pero me daba mucho miedo.
— Es muy picante.
— Lo bueno es que después se edita. Entonces quedo como un campeón en la edición (risas). Cuando me pasó el trapo, ¿sabes cómo la corto esa parte?
— ¿Y qué te dirías si te tendrías que entrevistas a vos mismo en La suculenta? Pero date con todo...
— Golpearía abajo porque conozco lo más profundo de mi ser. Me daría con que estoy medicado por el tema de la ansiedad. Me burlaría mucho por eso. Después, que soy un virgen, que toda la vida fui un virgen, que las minas nunca me dieron bola. Eso me daría y me dolería. Haría que no me duele, pero me dolería. También me burlaría porque me cagaron plata...
— Vos tenés que hacer un guion de todo esto.
— Bueno, cuatro años haciendo La basura semanal y no me compré ni un departamento, y yo veía que los streamers en seis meses se compraban cuatro.
— Te darías por loser.
— Sí, sí, me daría por loser.
— Ahora que sos una persona más pública, ¿te cambió un poco la situación con respecto al interés de la gente por estar cerca tuyo, ser amigo, formar parte de tu círculo?
— No me termina de pasar porque creo que no doy lugar a que pase. Siempre entendí que mi grupo de amigos son los de la infancia y no me muevo de ahí. Si bien tengo amigos en el medio, creo que son amistades que se fueron dando naturalmente y no por intereses. Generalmente cuando veo que hay alguien que te manda mensajito por Instagram, que te dice: “Qué capo que sos”, no le doy mucha bola.
— ¿Y con las minas?
— Yo me puse en pareja cuando empecé en YouTube, en el 2020. Apenas empecé. No salí a la calle a conquistar. Igual yo siento que el que es virgen, es virgen para siempre.
— Es como un halo.
— Sí, pero el virgen no es el que no tiene sexo. Es una cuestión de actitud.
— Una cuestión energética.
— Sí. A veces me pasa que estoy en un lugar más de joda, no salgo a boliches. Pero si me habla una mujer hay algo dentro mío que está incómodo.
— ¿Qué es lo que te genera esa situación?
— Me hace recordar a mi etapa de secundario, universitaria, que era un desastre.
— ¿Por qué?
— No la ponía, no había forma.
— ¿Qué pasaba?
— Yo creo que era muy pelotud*.
— ¿Hacías chistes fuera de lugar? ¿Eras irrespetuoso?
— No. Para mí, las mujeres que dicen que nosotros conquistamos con el humor, es mentira.
— Depende qué tipo de humor.
— Era un humor gomón.
— Ah, no era sexy.
— Para mí me pasaba en las previas. Nosotros hacíamos muchas previas. Yo las hacía cagar de risa siempre, pero jamás levanté en una previa. Siempre era mi amigo el fachero el que se la terminaba culeand*.
— ¿Y alguna vez se lo dijiste a tu amigo?
— Le dije: “No puede ser, yo las hago cagar de risa y vos te la c*leás”. Y me dijo: “Y bueno, bolud*, tenés que ser fachero”.
— Yo creo que hay un humor que conecta con otra cosa. Pero este es un humor un poco más picantón. El humor goma puede ser que le haga un upgrade de picante.
— Puede ser. Pero ahora estoy muy bien en pareja.

— Vamos a jugar al Yo nunca.
— Me trae malos recuerdos. La he pasado muy mal en el Yo nunca. Imaginate, siempre era “yo nunca hice trío” y no tomaba nunca. ¿Sabés lo sobrio que terminaba en esa fiesta? Cada vez que hacían “yo nunca garch* en una pileta”, no tomaba nunca.
— Pero tenías que mentir...
— Sí, a veces mentía. Al cuarto Yo nunca que no tomaba, me hacía el bolud* y tomaba. Pero yo sabía que mis amigos sabían que estaba mintiendo.
— ¿Cuál fue la mentira más evidente?
— Yo creo que la de trío tomaba siempre.
— ¿Tus amigos te vendieron alguna vez?
— Obvio, se me cagab*n de risa. Me miraban y decían: “Dale, bolud*, ¿qué tomás?” Yo decía: “Ay, no escuché bien la pregunta” (risas).
— Estas preguntas igual no son tan picantes. Vamos con la primera: yo nunca fui estafado.
— Tomo. Fui estafado. Pero creo que es parte del proceso del youtuber, influencer o creador de contenido, que en algún momento lo cagan.
— Igual al principio a todos nos estafan un poco en la vida. Te dicen que te pagan algo y después no es tanto. No significa la estafa colosal.
— No, a mí me chorearon bastante (risas). Lo mío fue bastante.
— ¿Cómo fue?
— Yo tenía una persona que me manejaba las marcas. En realidad no me manejaba las marcas, me manejaba la marca, porque a mí no me quería ninguna marca. Tenía una sola. Era un casino, obviamente. ¿Quién me va a bancar a mí si no era un casino medio trucho? Resulta que esa marca me estaba aumentando todos los meses el sueldo porque las publicidades que hacía realmente eran muy buenas, y yo nunca me enteré.
— Porque él hablaba en nombre tuyo y se lo llevaba...
— Porque él hablaba en nombre de la marca. Supuestamente mandaba conversaciones, mostraba cosas que indicaban que no me estaban aumentando. A mí me parecía raro. Uno no es inexperto, yo estaba recién empezando. Después, cuando hacés la suma, duele.
— ¿Cómo te diste cuenta?
— Una historia bastante larga, pero resumiendo: una persona que también fue cagada por él me avisa: “Guarda con esta persona”. Esa persona trabajaba con él. Era como su mánager. Y tenía todos los informes de los pagos de ese casino. Entonces ahí me llega el número. El número real de todo lo que fueron dos años más o menos.
— ¿Me podés decir la cifra que no te pagó?
— A mí no me gusta mucho hablar de plata en estos momentos. Pero era mucho. Era un poquito más que un departamento. Era bastante.
— ¿No pudiste hacer acciones legales?
— No.
— ¿No había contrato, no había nada?
— No hay nada. Me dolió, realmente me dolió una semana, y después fue como: bueno, ya está, no se puede hacer nada, a intentar hacerla de nuevo.
— ¿Y ahí dónde estaba tu papá y Barbi?
— ¡Qué buena pregunta! Hay que llamarlo al viejo gagá que tengo. Dios mío. ¡¿Dónde estaba mi viejo?! La verdad que tenés razón. De hecho es muy bueno para echarle completamente la culpa a él. ¿Dónde estaba mi viejo ahí?
— Yo creo que tenés que ir a un muy buen abogado. Eso puede que se vuelva a abrir.
— Yo preferí no meterme en quilombo. Podría tranquilamente decir el nombre de la persona y nunca lo hice. No lo voy a hacer, no me interesa, porque es una persona conocida.
— ¿Pero sigue trabajando?
— Sí, sí, sí.
— Porque por ahí cag* a otras personas.
— A las personas a las que les avisé, les avisé por privado. Pero público no lo voy a hacer, no me interesa. No me quiero meter en un quilombo. No tengo ganas.