Mariela Cotignola, socióloga: “Vivimos más años, nacen menos niños y eso no tiene que ver con una falta de deseo de tener hijos”

calendar_today 12.08.2026 - person  - timer ~5 Minutos

La investigadora explicó por qué las familias son menos numerosas que el siglo pasado y anticipó cómo será el funcionamiento social de las próximas generaciones.

12 de agosto 2026, 10:05hs

Un estudio dice que la gente vive más, nacen menos niños y no solo la falta de deseo de tener hijos influye en la baja de natalidad. (Foto: Imagen generada con Gemini)

Un estudio dice que la gente vive más, nacen menos niños y no solo la falta de deseo de tener hijos influye en la baja de natalidad. (Foto: Imagen generada con Gemini)

La Argentina atraviesa un cambio demográfico que ya empieza a modificar la vida cotidiana. Nacen menos chicos, aumenta la proporción de personas mayores y las familias viven cada vez más años.

Para Mariela Cotignola, socióloga e investigadora de la Universidad Nacional de La Plata, el fenómeno obliga a repensar cómo funcionan las instituciones, el trabajo, la salud, las jubilaciones y los cuidados.

“El envejecimiento demográfico no es solo el aumento de la población mayor: es un cambio en la relación entre generaciones”, explicó Cotignola.

Y resumió el escenario en una frase que concentra el desafío: “Vivimos más años, nacen menos niñas y niños, y las instituciones deben reorganizarse para sostener vidas más largas, más diversas y menos desiguales”.

Nacen menos chicos y la población envejece

Los números muestran la magnitud de la transformación. Entre 2014 y 2020, la tasa global de fecundidad cayó un 34% en Argentina. Entre las adolescentes, el descenso fue todavía mayor y llegó al 55%.

Los nacimientos son cada vez menos en Argentina. (Foto: gentileza ABC).

Los nacimientos son cada vez menos en Argentina. (Foto: gentileza ABC).

El cambio también empieza a verse en la provincia de Buenos Aires. En 2024, por primera vez, murieron más personas de las que nacieron. Hubo 151.690 defunciones frente a 147.081 nacimientos.

Para Cotignola, sin embargo, el fenómeno no puede explicarse solamente por una cuestión de números. El envejecimiento poblacional implica una modificación profunda de la relación entre generaciones y de la manera en que una sociedad distribuye sus recursos y organiza sus instituciones.

“Envejecer no es solo una cuestión biológica ni estrictamente demográfica: es también un hecho social”, sostiene la especialista.

Por qué cada vez nacen menos niños

La caída de la natalidad tiene múltiples causas. Las trayectorias educativas son más extensas, las mujeres tienen una participación cada vez mayor en el mercado laboral, existe un mayor acceso a métodos anticonceptivos y muchas personas postergan la maternidad y la paternidad.

Pero Cotignola advierte que sería simplista hablar solamente de una falta de deseo de tener hijos. Las decisiones reproductivas también están atravesadas por el acceso a la vivienda, la estabilidad laboral, las condiciones económicas, los servicios de cuidado y las desigualdades de género.

El acceso a la vivienda es uno de los requisitos de las parejas antes de tener hijos. (Foto: TN)

El acceso a la vivienda es uno de los requisitos de las parejas antes de tener hijos. (Foto: TN)

Por eso, la especialista plantea que el debate no debería centrarse únicamente en cuántos chicos nacen, sino en las condiciones en las que las personas toman decisiones sobre sus proyectos de vida.

El cambio también afecta a quienes trabajan

El envejecimiento de la población tiene consecuencias que van mucho más allá de las jubilaciones.

A medida que aumenta el peso de los adultos mayores, habrá proporcionalmente menos personas en edad laboral. Eso genera nuevos desafíos para sostener los sistemas previsionales, la salud y los cuidados.

Nuevos desafíos para sostener los sistemas previsionales, la salud y los cuidados. (Foto: Imagen ilustrativa hecha con IA - Gemini).

Nuevos desafíos para sostener los sistemas previsionales, la salud y los cuidados. (Foto: Imagen ilustrativa hecha con IA - Gemini).

La transformación también cambia a las familias. Es cada vez más frecuente que convivan cuatro e incluso cinco generaciones. Eso modifica la forma en que se distribuyen las responsabilidades y obliga a pensar quiénes se harán cargo de las tareas de cuidado.

Para Cotignola, allí aparece uno de los principales desafíos. El envejecimiento no puede ser entendido como un asunto exclusivo de las personas mayores, porque atraviesa a todas las generaciones.

El cuidado, uno de los grandes desafíos

La caída de los nacimientos puede reducir en términos relativos la demanda de cuidado infantil, pero al mismo tiempo aumenta la necesidad de cuidados de larga duración para una población que vive más años.

En muchas familias, esas tareas todavía recaen principalmente sobre las mujeres. Por eso, el envejecimiento también obliga a discutir la distribución del trabajo doméstico y de cuidados.

Leé también: Expertos develaron hasta qué edad es conveniente correr y dieron tres consejos para reducir el riesgo de lesiones

“La pregunta pública no debería ser cómo convencer a las personas de tener más hijos, sino cómo construir condiciones para que puedan decidir”, sostiene Cotignola.

Desde su perspectiva, eso supone tener una vivienda, empleo, servicios de cuidado, igualdad de género y discutir también nuevas formas de acompañar a las personas mayores.

Una Argentina que cambia de edad

El envejecimiento poblacional ya dejó de ser un fenómeno del futuro. Las proyecciones indican que la Argentina continuará envejeciendo durante las próximas décadas y que la estructura de la población seguirá modificándose.

Eso tendrá efectos concretos en las escuelas, los hospitales, el transporte, las ciudades y las familias. Habrá menos alumnos en algunos sistemas educativos, más demanda de atención vinculada a enfermedades crónicas y una necesidad creciente de adaptar los espacios urbanos a una población que vivirá más años.

Cada vez hay menos alumnos en las aulas. (Foto: Freepik).

Cada vez hay menos alumnos en las aulas. (Foto: Freepik).

Para Cotignola, el desafío no consiste en intentar frenar una transformación que ya está ocurriendo, sino en preparar a la sociedad para ella.

“El problema no es vivir más; aparece cuando esas vidas más largas transcurren en instituciones pensadas para otra estructura demográfica, otra organización familiar y otra relación entre generaciones”, resumió.

El envejecimiento, entonces, no es solamente una cuestión de edad. Es una transformación que obliga a repensar cómo se organiza la sociedad.