Pedro Martín López
Madrid, 11 jul (EFE).- María Planas es toda una pionera del baloncesto español. A día de hoy, es la única mujer seleccionadora de España en categoría absoluta. Lo fue con el combinado femenino de 1979 a 1984. A punto de cumplir 90 años, aún guarda la "esperanza" de ver a una sucesora: "No puede ser que solo haya habido una entrenadora".
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Antes de iniciarse como técnica, Planas (Barcelona, 1936) fue jugadora el Penya Esportiva Montserrat (PEM), de 1963 a 1970, y poco después comenzó allí su andadura en los banquillos, donde cuajó una reconocida carrera. A un día de cumplir 90 años, rememora en una entrevista con EFE recuerdos de su vida deportiva.
"La verdad es que, bueno, sí lo fui (pionera). Cuando empecé a entrenar, incluso con las niñas que llegamos a la liga nacional, prácticamente me encontré yo sola en todos los campeonatos. Después, cuando fui a El Picadero (1973–1981) y nos tocaba salir también a Europa, yo era la única mujer que entrenaba. No me encontré con ninguna compañera hasta años después", recuerda.
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En aquel entonces, chocó en un mundo de hombres, donde se erigió como una figura transgresora en el baloncesto de la época.
"Me encontré con bastantes rechazos. En aquel momento, la sociedad no era como ahora. Como mujer, tuve que pedir permiso a mis padres cuando empecé a entrenar, no podía sacarme el carnet de conducir...Cuando me casé todo fue distinto. Mi marido me ayudó y me hizo partícipe de todo", afirma.
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Su marido fue Eduardo Portela, uno de los grandes arquitectos del baloncesto español y presidente de la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB) entre 1990 y 2013, fallecido hace un mes, a los 91 años.
Pese a que las mayores dificultades las encontró en el "plano nacional", la exseleccionadora recuerda con especial cariño la "ayuda" de colegas de profesión de la época como Francesc 'Nino' Buscató, Alejandro 'Aíto' García Reneses o Antonio Díaz Miguel, y alguna curiosa anécdota en sus periplos europeos.
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"Los árbitros alguna vez me decían no podía hablar cuando estaba en el banquillo, pensando que yo no era la entrenadora. Esto sí que me ocurrió en Francia. Ya cuando le enseñé la ficha (al árbitro) me pidió perdón. Pese a eso, fue una época bonita para mí", narra.
Tras sus primeros años en el PEM, el club afrontó problemas económicos, y eso desembocó en la 'fuga' de varias jugadoras a El Picadero, donde ella vivió una de sus épocas más gloriosas.
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"El Celta de Vigo hizo un equipo excelente a base de talonario, con Marisol Paíno como una de sus referentes. Fuimos allí y el pabellón estaba a tope, cien personas se quedaron en la calle sin poder entrar. Fue un partido fenomenal y lo ganamos. Siempre lo recordaré. Además, aquel año ganamos la Copa de la Reina y la Liga Catalana; fue fantástico", explica sobre uno de sus grandes recuerdos.
Su carrera de clubes se saldó con un palmarés de 7 ligas y 6 copas, pasando, después de El Picadero, por las filas del Espanya (1978-1985), Club Bàsquet l'Hospitalet (1985-1986), CB Cantaires (1986-1989) y El Masnou Basquetbol (1989-1990).
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La selección femenina (1979-1984), a la que llegó como sustituta de Josep Maria Solà, la dirigió en 54 partidos, de los cuales ganó 24.
Pese al gran nivel de sus jugadoras, entre las que destaca a Neus Bartran, Planas señala la "falta de altura" como uno de los puntos débiles de España respecto a otras potencias, con Rosa Castillo como una de las pocas en rebasar los 1,85 metros de altura.
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También era complicado disponer de jugadoras cien por cien dedicadas al deporte, pues muchas a la vez trabajaban o continuaban con sus estudios.
Una escena bien diferente a la del baloncesto español actual: "Ya cuando dejé la selección dije que en diez años íbamos a tener un gran crecimiento. Venían jóvenes jugadoras como Marina Ferragut, y auguré que seríamos campeonas del mundo".
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A día de hoy, María Planas también es la primera española en el Salón de la Fama de la FIBA, al que llegó en 2022, y en el de la Federación Española de Baloncesto (FEB), unos reconocimientos que le ha costó "creerse".
Este 12 de julio, la exseleccionadora cumplirá 90 años y también hará un mes del fallecimiento de su marido, Eduardo Portela, el gran amor de su vida. ¿Qué deseo pediría?
"Pediría muchos, porque el mundo está muy revolucionado. Pero lo primero es que mi marido descanse en paz, esté donde esté. Y después, que terminan las guerras de una vez por todas", anhela.
Y también que llegue una "sucesora" con la que compartir el privilegio de haber dirigido a la selección: "Tengo la esperanza de que salga alguien y me suceda, porque solo una entrenadora en toda la historia...Esto no puede ser".
Por último, dirigió un mensaje a las entrenadoras jóvenes que persiguen el sueño de llegar a la élite, a las que aconsejó trabajar lo más duro posible y también deseó lo mejor al equipo español femenino que disputará el Mundial en Alemania del 4 al 13 de septiembre: "Les diría que sigan trabajando como hasta ahora, porque verdaderamente creo que van a obtener un gran resultado". EFE
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