Lula acabó con la Doctrina Donroe

calendar_today 26.10.2026 - person  - timer ~7 Minutos

La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil supone un golpe para el plan de Donald Trump respecto al hemisferio occidental. El presidente estadounidense esperaba estrechar lazos con Estados satélites en el sur que emulan su estilo empresarial y su postura de "mano dura", al tiempo que seguía dando la espalda a sus socios liberales. Ese plan, que parecía viable hasta la votación del domingo, ha quedado ahora hecho añicos.

Desvincularse del mundo y refugiarse en un bastión hemisférico aparentemente controlable ha sido un sueño estadounidense desde principios del siglo XIX. Quedó plasmado en la Doctrina Monroe, enunciada por el presidente James Monroe en 1823 para advertir a los europeos que no interfirieran en las Américas, y fue rescatada en la década de 1890, durante la guerra de Estados Unidos contra España. Posteriormente, este proyecto interamericano pasó a un segundo plano, hasta que Trump intentó revivirlo una vez más.

Si Brasil hubiera virado de la izquierda a la derecha, las elecciones habrían culminado un annus mirabilis para Trump en la región (en marcado contraste con sus fracasos en otras partes del mundo). La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro a principios de año le entregó a Trump un Estado satélite totalmente sumiso; esto ocurrió tras unas elecciones en Chile que dieron el poder al candidato de extrema derecha José Antonio Kast, cuyo padre fue teniente nazi en la Wehrmacht. Luego, en Colombia, la izquierda fue derrotada por el candidato derechista Abelardo de la Espriella, respaldado por Trump.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

El partido de Flávio Bolsonaro reconoció el triunfo de Lula, pero pidió aclarar dudas sobre las elecciones en Brasil

Tras estas victorias, aliados de larga data de Trump, como Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina, ya no parecen figuras excéntricas y aisladas. Una victoria del ultraderechista Flávio Bolsonaro en Brasil habría supuesto, en la práctica, un dominio casi absoluto de los aliados de Trump al sur de México.

En noviembre de 2025, la Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump propuso un giro hacia el hemisferio occidental. En el marco de la Operación Resolución Absoluta ("Operation Absolute Resolve"), las fuerzas estadounidenses capturaron a Maduro y autorizaron a su sucesor en Caracas a otorgar nuevas concesiones —con una vigencia de 100 años— a una empresa estadounidense sobre 17 yacimientos petrolíferos que contienen 65 000 millones de barriles de reservas probadas.

En marzo, la Casa Blanca redobló su apuesta por la convergencia hemisférica mediante la Coalición de las Américas contra los Cárteles. Bajo el eufemístico nombre de "Escudo de las Américas", la administración buscó forjar una alianza hemisférica para combatir el narcotráfico y el crimen organizado. Tras un acto escenificado en la sede del Comando Sur de los Estados Unidos, en Doral (Florida), 12 líderes latinoamericanos acompañaron a Trump a su club de golf para celebrar. Los funcionarios estadounidenses celebraron esta coordinación destinada a hacer frente a los cárteles, los grupos insurgentes y la "injerencia" extranjera en el hemisferio, proveniente, en particular, de China. En sus palabras de clausura, Trump vinculó la seguridad hemisférica con sus ataques contra Irán.

Lula, presidente por cuarta vez: "Esta elección mostró que Brasil no es el patio trasero de nadie"

El "Escudo" era mucho más que un pacto de seguridad. Al concluir las reuniones a puerta cerrada en Doral, los negociadores presentaron acuerdos sobre el oro venezolano, así como contratos de petróleo y minerales en Chile; todos ellos, sumamente favorables para las empresas estadounidenses. El objetivo comercial se hizo oficial a finales de septiembre, cuando los firmantes del "Escudo" incorporaron la "cooperación económica" a su misión, lo que incluía el "control de inversiones", la seguridad de la "cadena de suministro de minerales" y la implementación de "normativas sobre proveedores de confianza para la infraestructura digital".

Pero, incluso antes de la ajustada victoria de Lula, la coalición hemisférica de Trump había sobreestimado la solidez de esta alineación regional. La primera responsable del "Escudo de las Américas", Kristi Noem, fue destituida ignominiosamente de su cargo como secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos apenas dos días antes de la presentación de dicha iniciativa. Su degradación al puesto de "enviada especial" llegó a su fin en septiembre, y el Departamento de Estado ni siquiera se ha molestado en nombrar a un sucesor.

Mientras tanto, los embajadores estadounidenses en Buenos Aires y Santiago han provocado roces en la región. Brandon Judd, un agente de carrera de la Patrulla Fronteriza de EE.UU. que ahora ejerce como enviado de Trump en Chile, cuestionó públicamente la soberanía del país anfitrión sobre el estrecho de Magallanes y condicionó el apoyo al "Escudo" a la disposición de Chile para colaborar con Estados Unidos. A esto se suman las sórdidas luchas internas en la Casa Blanca —marcadas por una corrupción evidente— en torno al reparto de los "botines" relacionados con Venezuela.

Escudo de las Américas
Escudo de las Américas

No obstante, la mayor debilidad del "Escudo" es de carácter económico. A pesar de la aparente sintonía entre los sectores de derecha, el norte y el sur del hemisferio se han distanciado en el plano económico. La retórica sobre la seguridad interamericana oculta una realidad más amplia: desde el año 2000, China —y no Estados Unidos— se ha convertido en el principal mercado de exportación para América Latina. Actualmente, China absorbe aproximadamente el 28 % de las exportaciones latinoamericanas, superando con creces el 16 % que corresponde a Estados Unidos, una cifra que, por lo demás, ha disminuido considerablemente.

El nuevo eje comercial ha sido impulsado por los metales, minerales y productos energéticos de América Latina. El "triángulo del litio", que abarca Argentina, Bolivia y Chile, destina el 77 % de su producción a China. Empresas como Tsingshan —el mayor productor mundial de acero inoxidable y níquel— cuentan con sedes regionales en el norte de Argentina, tras haber realizado inversiones masivas en productos electroquímicos, plásticos industriales (destinados a la construcción de enormes instalaciones de almacenamiento de productos químicos) y otras infraestructuras orientadas a respaldar la economía posterior a los combustibles fósiles.

Sudamérica también resulta clave para las ambiciones espaciales de China. Con el fin de facilitar el despliegue de centrales solares en órbita geoestacionaria, China está invirtiendo en cientos de telescopios para crear un vasto complejo de observación, situado precisamente en las mismas zonas áridas que albergan valiosos recursos minerales. Mientras Trump fantasea con acorazados "al estilo Trump" navegando por el estrecho de Magallanes, la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China —en colaboración con diversos sectores del Ejército Popular de Liberación— está construyendo instalaciones en la Patagonia para gestionar una extensa red de satélites y estaciones energéticas destinadas al espacio profundo.

Flávio Bolsonaro deberá entregar su pasaporte y no podrá salir de Brasil por orden judicial

El "Escudo de las Américas" nunca abordó las necesidades reales de la región. La tarea más urgente para sus líderes de extrema derecha es sacar a sus países del estancamiento en materia de productividad. Durante el primer cuarto del siglo XXI, la productividad laboral ha crecido menos de un 0,9 % anual, quedando cada vez más rezagada respecto al promedio de la OCDE. El resultado es una trampa caracterizada por una baja innovación, una creciente informalidad económica y el envejecimiento de la población: desafíos a largo plazo que, precisamente, los líderes populistas suelen ignorar.

Por último, los niveles de deuda en América Latina se han disparado. Una hiperdependencia de las rentas derivadas de las materias primas ha coincidido con un endeudamiento excesivo. Aproximadamente el 3,5 % del PIB regional se destina al servicio de la deuda pública; una cifra asombrosa que se desvía de inversiones en bienes públicos o servicios sociales. A medida que suben los tipos de interés, también lo harán los pagos del servicio de la deuda, lo que obligará a los tesoros nacionales a imponer medidas de austeridad.

En el "Escudo" no había nada que ayudara a los socios latinoamericanos a salir de esta encrucijada. Sin duda, a Lula le espera una tarea ardua, ya que se enfrenta al mismo desafío fundamental. Pero, dado que el gran plan de Trump para las Américas ha fracasado estrepitosamente, esa labor podría resultar algo más sencilla.

*Jeremy Adelman es director del Global History Lab en la Universidad de Cambridge y autor, más recientemente, de The Capitalist Era: The Making and Unmaking of the Global Mind (Princeton University Press, 2026).

Copyright: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org.