
En la memoria del Cine de Oro mexicano, la Ciudad de México ocupa un lugar especial. Sus calles, iglesias y vecindades fueron el escenario de historias protagonizadas por Pedro Infante y que hoy siguen vivas en la pantalla y en el recuerdo colectivo.
En este Día Nacional del Cine Mexicano, recorrer estos lugares es también hacer un viaje por el corazón nostálgico de la cultura nacional.
En el tranquilo barrio de Coyoacán, la Capilla de la Inmaculada Concepción, conocida popularmente como La Conchita, permanece casi idéntica a como lucía en 1957.
Allí, Pedro Infante y María Félix protagonizaron el baile más recordado de Tizoc: Amor indio, consolidando una de las escenas más emblemáticas del cine mexicano.
PUBLICIDAD

A pesar de los siglos y de los embates del tiempo, la capilla ha sido restaurada y hoy sigue en pie, conservando su arquitectura barroca y una historia que se remonta a tiempos prehispánicos. Este recinto fue declarado monumento nacional en 1932 y, tras el sismo de 2017, se sometió a nuevas restauraciones que le devolvieron su esplendor.
Al sur de la ciudad, el barrio de San Ángel en la alcaldía Álvaro Obregón mantiene el mismo aire colonial y las calles adoquinadas que vieron pasar a Pedro Infante y Jorge Negrete en Dos tipos de cuidado.
Las escenas se filmaron en torno a la Parroquia de San Jacinto y las propiedades privadas cercanas, que han conservado su esencia.
El vecindario, hoy uno de los más exclusivos y cotizados de la capital, preserva la atmósfera de pueblo antiguo que sirvió de telón de fondo para varios de los éxitos de Infante, como Cuidado con el amor y Ansiedad.
PUBLICIDAD
Uno de los momentos más recordados de Nosotros los ricos es la pelea entre Pepe el Toro (Pedro Infante) y El Tuerto, una escena que se desarrolló en el emblemático edificio de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en Avenida Juárez #90, esquina con Humboldt.
El inmueble, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, fue testigo de este enfrentamiento que subió hasta el techo, simbolizando la lucha y la resiliencia de los personajes.

Actualmente, el edificio ha cambiado de uso y apariencia. Tras varias remodelaciones y revisiones estructurales, perdió parte de sus niveles originales y su aspecto es más sobrio, con cortinas metálicas y la señalización de un “Centro de atención de usuarios del Sindicato Mexicano de Electricistas”.
PUBLICIDAD
Aunque hoy su fachada es gris y su actividad es incierta, el lugar sigue despertando recuerdos en quienes reconocen el valor histórico de sus muros para el cine nacional.

Hoy, muchos de estos lugares siguen en pie, convertidos en puntos de interés tanto turístico como cultural. Sus fachadas, calles y altares son testigos silenciosos de la transformación de la ciudad, pero también de la permanencia de una identidad que se forjó entre cámaras, luces y la pasión de sus intérpretes.
Visitar la Capilla de la Conchita, las calles de San Ángel o las viejas vecindades es revivir, aunque sea por un momento, el esplendor y la nostalgia del cine de oro mexicano. La Ciudad de México se convierte así en un gran set de filmación, donde el pasado y el presente se encuentran para seguir contando historias.
PUBLICIDAD