24 de julio 2026, 20:14hs

Los implantes cerebrales en pacientes con parálisis ya les permiten controlar y mover su silla de ruedas. (Video: YouTube/Neuralink)
Personas con parálisis lograron desplazarse en una silla de ruedas eléctrica mediante señales enviadas directamente de su cerebro.
La experiencia representa un nuevo avance de las interfaces cerebro-computadora, una tecnología que busca convertir la actividad neuronal en órdenes capaces de controlar dispositivos externos.
Según se puede observar en un video difundido por Neuralink, la empresa de neurotecnología fundada por Elon Musk, participantes de ensayos clínicos pueden avanzar con sus vehículos adaptados, retroceder y girar en espacios interiores y exteriores sin emplear las manos.

Los implantes cerebrales en pacientes con parálisis ya les permiten controlar y mover su silla de ruedas
El sistema utiliza el implante cerebral N1 para registrar la actividad generada cuando la persona imagina o intenta realizar un movimiento. Esas señales son procesadas por un programa que identifica la intención del usuario y la traduce en comandos para dirigir la silla.
La compañía de Musk aclaró que esta innovación todavía forma parte de una investigación clínica y el dispositivo no está disponible comercialmente. De hecho, los resultados de esta prueba específica todavía no fueron publicados en una revista científica ni sometidos a una evaluación independiente, y se describe como un ensayo inicial destinado a analizar la seguridad y el funcionamiento del implante en personas con tetraplejia o tetraparesia.
Los participantes no necesitan pensar una palabra concreta como “avanzar” o “girar”. El implante registra los patrones neuronales asociados con la intención de mover una parte del cuerpo, incluso cuando la lesión impide ejecutar físicamente ese movimiento.
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El N1 posee 1024 electrodos distribuidos en 64 hilos extremadamente finos. Estos componentes son colocados por un robot quirúrgico en una región cerebral relacionada con la planificación del movimiento y captan pequeñas variaciones eléctricas producidas por las neuronas.
La información recopilada es enviada de manera inalámbrica a una aplicación donde un algoritmo entrenado para reconocer los patrones de cada participante convierte esas señales en el desplazamiento de un cursor digital.
Para manejar la silla, el usuario observa en una pantalla una transmisión proveniente de una cámara instalada en el vehículo. Al desplazar mentalmente el cursor hacia la parte superior, la silla avanza. El movimiento hacia abajo activa la marcha atrás y los desplazamientos laterales permiten cambiar de dirección.
La posición del cursor también influye en la velocidad. Cuanto más se aleja del centro, mayor es la intensidad de la orden enviada al motor. La interfaz funciona, de esta manera, como un control virtual operado mediante actividad cerebral.
Para seguridad, Neuralink incorporó una zona central de reposo. Cuando el cursor regresa a ese punto, la silla reduce gradualmente su velocidad hasta detenerse. Esta función busca evitar desplazamientos inesperados si el usuario deja de enviar una orden clara o pierde momentáneamente el control del cursor.
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El N1 es una interfaz cerebro-computadora implantable, inalámbrica y recargable. Se coloca en el cráneo y queda conectado a los electrodos insertados en el tejido cerebral.
Su finalidad inicial consiste en ofrecer a personas con parálisis una nueva forma de manejar computadoras y otros dispositivos. Los primeros participantes utilizaron el sistema para mover un cursor, escribir mensajes, navegar por internet y jugar videojuegos mediante sus pensamientos.
La silla de ruedas amplía esa capacidad desde el entorno digital hacia el mundo físico. El sistema deja de limitarse al control de una pantalla y pasa a intervenir en el desplazamiento de la persona dentro de una vivienda, un edificio o un espacio exterior.
La demostración solo constituye una prueba de funcionamiento, no una aprobación médica. Todavía deben estudiarse la precisión de las órdenes, la respuesta ante fallas, la duración de la batería, la estabilidad de los electrodos y la capacidad del sistema para trabajar durante períodos prolongados.
También será necesario comprobar su desempeño en entornos cotidianos con obstáculos, superficies irregulares, peatones y situaciones inesperadas. Un error al mover un cursor puede corregirse con rapidez en una computadora. Una orden incorrecta enviada a un vehículo exige mayores medidas de seguridad.
De todas maneras, la experiencia muestra una aplicación concreta de los implantes cerebrales para recuperar autonomía. El próximo desafío será determinar si el sistema puede funcionar de manera estable, segura y accesible fuera de las demostraciones controladas.