Los directivos descubren que la IA no reduce costes tan rápido como esperaban

calendar_today 23.07.2026 - person  - timer ~4 Minutos

Morris, C. (2026). CEOs are being left baffled at the high cost of moving to AI — shockingly enough, sacking human workers isn’t resulting in huge savings. TechRadar Pro. Publicado en julio de 2026. https://www.techradar.com/pro/ceos-are-being-left-baffled-at-the-high-cost-of-moving-to-ai-shockingly-enough-sacking-human-workers-isnt-resulting-in-huge-savings?utm_source=flipboard&utm_content=other

La rápida adopción de la inteligencia artificial en las empresas está revelando una realidad muy distinta de la que muchos directivos esperaban. Aunque numerosas organizaciones iniciaron proyectos de IA con la expectativa de reducir significativamente los costes laborales mediante la automatización y la sustitución de empleados

Un nuevo informe de KPMG muestra que una parte importante de los responsables empresariales se siente sorprendida por el verdadero coste económico de implantar estas tecnologías a gran escala. Lejos de convertirse en una solución inmediata para ahorrar dinero, la IA está generando nuevas partidas de gasto relacionadas con infraestructura, consumo de recursos computacionales, supervisión humana, integración tecnológica y gobernanza.

El estudio, realizado entre 2.145 altos directivos de 20 países, revela que aproximadamente un tercio de los líderes empresariales reconoce no comprender plenamente la estructura de costes asociada a la inteligencia artificial. Muchos esperaban que la reducción de plantilla compensara rápidamente la inversión tecnológica, pero han comprobado que los modelos de IA, especialmente los de gran tamaño, requieren importantes recursos informáticos cuyo coste operativo puede crecer de forma considerable conforme aumenta su utilización. Además, los principales proveedores de IA están sustituyendo los modelos de suscripción fija por sistemas de facturación basados en el consumo de tokens o en el uso efectivo de los servicios, lo que hace mucho más difícil predecir el gasto mensual.

Uno de los aspectos más destacados del informe es que el ahorro salarial no se traduce automáticamente en una reducción de costes empresariales. Aunque determinadas tareas pueden automatizarse, las organizaciones deben seguir invirtiendo en especialistas capaces de supervisar los sistemas, validar las respuestas generadas por la IA, corregir errores, controlar las alucinaciones de los modelos y garantizar el cumplimiento de las normativas sobre privacidad, seguridad y uso responsable. En muchos casos, el trabajo humano no desaparece, sino que cambia de naturaleza, desplazándose desde la ejecución de tareas hacia la supervisión y el control de la inteligencia artificial.

El informe también pone de manifiesto que la gobernanza de la IA continúa siendo una asignatura pendiente para muchas organizaciones. Aunque la mayoría afirma disponer de algún tipo de política o procedimiento relacionado con el uso de la inteligencia artificial, muy pocas empresas consideran que estos mecanismos estén plenamente integrados en la actividad diaria. Persisten dudas sobre quién debe asumir la responsabilidad cuando un sistema de IA produce errores, cómo deben validarse los resultados antes de utilizarlos y qué protocolos deben activarse cuando los modelos generan información incorrecta o sesgada. Esta incertidumbre añade costes organizativos y obliga a mantener equipos humanos dedicados a la supervisión permanente.

Lejos de abandonar la inteligencia artificial, muchas empresas están modificando su estrategia. Según el informe, cerca de la mitad de las organizaciones que no han obtenido los resultados esperados han optado por retrasar o redefinir sus proyectos de IA, concentrando las inversiones en aquellos procesos donde la tecnología demuestra un retorno claro de la inversión. El objetivo ya no consiste en aplicar IA de forma indiscriminada, sino en identificar casos de uso concretos en los que aporte mejoras medibles en productividad, calidad o velocidad de ejecución.

KPMG concluye que uno de los factores que distingue a las organizaciones con mejores resultados es la existencia de una responsabilidad clara a nivel directivo sobre la estrategia de inteligencia artificial. Las empresas que cuentan con liderazgo específico, mecanismos de supervisión bien definidos y procesos de evaluación continua obtienen un mayor retorno de la inversión y muestran una mayor confianza en los resultados generados por la IA. En cambio, aquellas que implantan estas tecnologías únicamente como una medida de reducción de costes suelen encontrar más dificultades para justificar las inversiones realizadas.

El artículo también sitúa estas conclusiones en un contexto económico más amplio. Diversos economistas advierten de que una sustitución masiva de trabajadores por IA podría convertirse en una «trampa de los despidos», ya que la reducción generalizada del empleo disminuiría el poder adquisitivo de los consumidores y, en consecuencia, la demanda de bienes y servicios que las propias empresas producen. Desde esta perspectiva, la automatización indiscriminada podría terminar perjudicando incluso a las compañías que inicialmente buscaban mejorar su competitividad mediante la reducción de plantilla.

En conjunto, el informe refleja una evolución significativa en la percepción empresarial de la inteligencia artificial. Después de varios años de expectativas muy elevadas, los directivos empiezan a asumir que la IA no constituye simplemente un mecanismo para sustituir trabajadores y reducir costes, sino una infraestructura tecnológica compleja que exige inversiones continuas, nuevas capacidades organizativas y una supervisión humana constante. El verdadero valor de la IA parece residir menos en eliminar empleo que en transformar procesos, aumentar la productividad y apoyar la toma de decisiones, siempre que su implantación vaya acompañada de una estrategia clara de gobernanza y de una evaluación rigurosa de sus costes y beneficios.