
Las lluvias extraordinarias que se registraron entre el 16 y el 18 de agosto en Lima y el sur de Perú revelaron un problema estructural que afecta a miles de personas en la franja costera del país. La profesora de la ESAN, Mari Moyo, advirtió que la ausencia de drenaje pluvial adecuado en ciudades y carreteras deja a la población expuesta ante precipitaciones que ya superan los promedios históricos de la región. Este episodio, impulsado por una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) y no por el fenómeno de El Niño, anticipa un escenario aún más complejo para la próxima temporada de lluvias.
La magnitud del evento reciente fue notoria. Mari Moyo explicó que la precipitación alcanzó los 4,5 milímetros por día en Lima, una cifra elevada si se la compara con la garúa habitual que rara vez llega a un milímetro por metro cuadrado diario. Según la especialista, el impacto no se limitó solo a la capital peruana. El mayor daño se produjo en el sur, desde Arequipa hasta Tacna, con afectaciones también en Ica, Apurímac y otras regiones del país. Las imágenes de calles inundadas y familias damnificadas en distritos como Villa El Salvador y San Juan de Miraflores ilustraron la gravedad de una situación que, según la experta, podría repetirse con mayor intensidad en los próximos meses.
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La especialista de la ESAN subrayó que estos episodios no están necesariamente ligados a El Niño, pese a la creencia extendida en la población. En declaraciones televisivas, Moyo detalló que una DANA ocurre cuando aire cálido procedente del océano choca en altura con aire frío, por encima de la nubosidad, creando las condiciones propicias para lluvias intensas y concentradas. Eventos similares se han registrado en años recientes, como 2017, 2021 y 2023, según su análisis.
Este mecanismo atmosférico, presente en capas entre 5 y 12 kilómetros de altitud, permite la formación de nubes y precipitaciones que superan la capacidad de respuesta de la infraestructura urbana existente. “No es un fenómeno nuevo, pero sí se está volviendo más frecuente y severo”, afirmó la especialista, quien insistió en que la adaptación de las ciudades es urgente ante la evolución de los patrones climáticos en la costa peruana.
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El colapso de calles y viviendas en distritos como Villa El Salvador puso en evidencia la falta de sistemas de drenaje pluvial en la planificación urbana de la costa peruana. Mari Moyo sostuvo que las ciudades de la región fueron construidas bajo el supuesto de que las lluvias no serían significativas, por lo que carecen de obras diseñadas para evacuar grandes volúmenes de agua.
La especialista diferenció el drenaje pluvial del alcantarillado sanitario, señalando que el primero está destinado a recolectar y conducir el agua de lluvia, mientras que el segundo trata aguas residuales domésticas. Cuando las ciudades intentan evacuar el agua de precipitaciones a través del sistema de desagüe, sobrecargan una infraestructura que no fue concebida para ese fin. “El sistema de alcantarillado no puede absorber el agua de patios, techos, pistas y calles durante lluvias de esta magnitud”, explicó la profesora de la ESAN.
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Las consecuencias de esta carencia se reflejaron en el estancamiento del agua y los daños a familias en barrios populares de Lima y otras ciudades. Moyo relacionó el problema con la impermeabilización del suelo desértico de la costa y la ausencia de correntías naturales, lo que impide la evacuación por gravedad de las aguas pluviales.

La advertencia de Mari Moyo fue clara: las lluvias registradas estos días son solo una muestra de lo que puede ocurrir cuando las precipitaciones se intensifiquen. La especialista resaltó que el diseño de la infraestructura costera no consideró el incremento en la frecuencia y magnitud de estos eventos, y que la adaptación requerirá tiempo y recursos significativos. “Cualquier adecuación de fondo llega tarde frente a la inmediatez del riesgo, porque reemplazar tuberías y rediseñar sistemas urbanos demanda grandes obras”, alertó.
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En este contexto, la experta planteó la necesidad de avanzar hacia una infraestructura resiliente, con énfasis en soluciones de drenaje pluvial y el desarrollo de infraestructura verde para mitigar los impactos de las lluvias. El desafío, según Moyo, es identificar y priorizar las zonas más vulnerables, incluso en áreas donde históricamente no se esperaba este tipo de fenómenos.

El sur de Perú fue particularmente golpeado por la activación de quebradas, que interrumpieron la vida cotidiana y el tránsito en varias provincias. Mari Moyo citó el caso de la quebrada de Atico y Ocoña, en la provincia de Caravelí, donde el desborde del agua cortó la carretera y paralizó actividades económicas y sociales. Este fenómeno, explicó, ocurre cuando el agua acumulada en las cuencas altas toma cauce y altera su trayecto, arrasando infraestructuras hasta llegar al mar.
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La profesora de la ESAN insistió en la urgencia de identificar las quebradas secas que pueden activarse durante lluvias extremas. Este mapeo resulta clave para proteger tanto viviendas como infraestructura crítica, producción, servicios y movilidad. “El riesgo no solo afecta a los hogares, sino que compromete vidas y sistemas esenciales para el funcionamiento del país”, destacó.

El patrón de lluvias observado en agosto refuerza la importancia de repensar los modelos de urbanización en la costa peruana. Mari Moyo advirtió que los sistemas climáticos futuros estarán marcados por precipitaciones inesperadas en zonas tradicionalmente áridas, lo que demanda una transformación en la planificación urbana y la gestión de desastres. Las diferencias con regiones como la selva, donde existen escorrentías y sistemas de drenaje preparados para lluvias abundantes, subrayan la vulnerabilidad de las ciudades costeras ante el cambio en los patrones meteorológicos.
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Ante la inminencia de nuevas lluvias, la especialista recomendó priorizar la preparación de infraestructuras resilientes, el manejo adecuado de laderas y la implementación de soluciones basadas en la naturaleza para reducir el impacto de estos eventos. Las autoridades y la sociedad civil enfrentan el reto de anticipar escenarios de mayor complejidad, con la finalidad de proteger a la población y garantizar la continuidad de los servicios y la movilidad en las zonas afectadas.