Lita Cabellut (Sariñena, 1961) atiende la entrevista por videoconferencia desde su estudio en La Haya, un espacio blanco con luz resplandeciente donde está acabando de preparar la exposición Disparates que ocupará el museo Jan de Amstelveen hasta el próximo 24 de enero. Expresiva, intensa, generosa en sus explicaciones, desde la pantalla avisa de que se va a fumar “el cigarrito de la mañana” durante la charla, como si se disculpase. Son días tensos: la impresión del catálogo de la muestra la tiene al maltraer, con correcciones y ajustes de última hora. Su preocupación es lógica, porque siente que esta es 'la exposición', la más importante de su vida. No hay para menos, ya que resume un trabajo de años concentrada en esa serie de grabados que conforma la obra más críptica de su gran maestro, Francisco de Goya. Un esfuerzo, explica, que por primera vez la ha obligado a tomar antidepresivos, aunque por un periodo breve.


Esta artista comprometida con su tiempo dice que en su proceso creativo no busca la perfección, sino dejarse llevar por el momento; pero en su discurso se filtran aspectos de su exigencia artística: “Cuando un cuadro por detrás no está perfectamente acabado, aunque no se vea, pero nosotros lo sabemos, tenemos la responsabilidad de que sea el mismo acabado por delante que por detrás. Las cosas que no se ven importan y cuentan, porque es lo que hace todo el conjunto de la filosofía de tu trabajo. La perfección también están en los rincones, donde no son visibles. Pero esos rincones están, y nos arriesgamos a que tengan una influencia en lo que sí se ve. Estoy convencidísima de que el ojo humano inconscientemente es capaz de traspasar las capas de pintura para llegar a la emoción y a la verdad, aunque no seamos conscientes de eso”.
¿Por qué Goya, y por qué ahora?
Goya es algo urgente en el momento histórico que vivimos. Creo que hace 200 años, Goya se encontraba en la misma situación que ahora nosotros. Las formas han cambiado, pero sigue habiendo violencia contra la mujer y violaciones como arma de guerra, sigue habiendo injusticia para los más vulnerables y frágiles. Sigue habiendo una política que da la espalda a su propia nación y población y los llama bestias, como uno de los grabados de Goya, La bestia. El gobierno y los políticos dan la espalda a la población, los califican de bestias y los desamparan. La política, la religión, la filosofía, el capitalismo, que es como el ejército de Napoleón, son invasiones en nuestra civilización muy fuertes y muy palpables. Doscientos años atrás, Goya denunciaba lo mismo.
Lita Cabellut
Artista plástica
¿En qué momento pasó de ser su maestro a alguien con quien dialogar?
Creo que el diálogo ha estado desde el principio, o quizás era más bien un monólogo mío, muchas preguntas sobre su visión, su técnica, su pasión y muchísima incertidumbre. Con los años he aprendido un poquito sobre su manera de pensar y de ver el mundo, que es más importante que su manera de pintar. Aunque su pintura me parece brillante y de un virtuosismo incomparable, siempre me ha importado muchísimo más cómo percibía la realidad y su valentía para demostrarnos algo que es tremendamente brutal, pero también parte de la grandeza del ser humano, porque lo tenemos todo en nosotros. Él nunca ha girado la cara al ser humano. En realidad, ha sido como un gran psiquiatra que destripaba estas ansiedades, estas brutalidades, estas psicosas colectivas sin juzgarlas. Simplemente las describía tal como las veía.
¿No cree que haya un juicio personal en los Disparates?
No, yo creo que es una carta de despedida a la humanidad: esto es lo que somos, esto es lo que he vivido y esto es lo que provocamos nosotros mismos.


¿Ha reconocido algo de usted en su manera de mirar al ser humano?
Yo ya no sé si estoy tan contagiada por su manera de ver el mundo o simplemente hay un parecido. Pero cuando estudiaba sus grabados para interpretarlos, era como entrar en un mundo que me era fácil de leer porque me era fácil sentir y compartir lo que estaba representando. Hay un refrán que dice: dime en qué árbol te refugias y te diré qué tipo de sombra tienes.
No lo conocía.
Goya es un poco mi refugio en la parte humanitaria y en la parte de representar esas tripas, ese vómito tan de verdad. Siempre he tenido la actitud de observar al maestro, aprender lo más posible e intentar entender la técnica y cómo ellos transforman la realidad en vibraciones: cuando ves una manga de Velázquez con esa perfección de encajes y te acercas y ves que es un delirio abstracto casi brutalista, es alucinante. Todo eso me intrigaba muchísimo, entender cómo es posible jugar con lo que es y con lo que ves y con lo que no es. Pero la gran diferencia con Goya era que lo que me intrigaba ya no era entender sus pinceladas, sino la persona: ¿que ponía en esas pinceladas?
Lita Cabellut
Artista plástica
Y ha sido así desde que lo descubrió siendo niña.
El primer día que vi a Goya salí corriendo de la sala y dije “no me gusta nada, me parece horrible”, quizá porque reconocía mucho de la verdad humana. Porque yo tenía un camino recorrido: aunque era muy pequeñita, había visto los rincones oscuros de lo que podría ser la brutalidad humana. Creo que me costó como dos años volver a entrar en esa sala. Y cuando entré, ya no salí: ya sabía que sería mi maestro. Pero esto también lo tengo con Lorca y con Camarón. Yo tengo tres pilares muy grandes en mi inspiración, en todo lo que he aprendido sobre lo poco que podemos investigar sobre lo que es la verdad en el arte, porque no tenemos la capacidad de entender la magnitud del arte, que es lo divino del ser humano y es la inteligencia en todos sus sentidos. Estas tres son las figuras que me han formado y me han dado el sentido para seguir amando el arte, para darle el valor personal que necesita cada artista para quedarse cerca y fiel a su verdad.
Volvamos a los Disparates: cuando ha profundizado en ellos, ¿se le haya resistido alguno?
Alguno ha sido muy difícil. Uno en concreto, el Disparate fúnebre, que es un hombre ciego subido en una rama y como guiando en la noche, y debajo hay un montón de simbolismos: una rana, una bruja que no sé si está activa o desactivada, un cuerpo que tampoco sabemos si está muerto o no. Muchas veces, antes de ver este disparate, he dicho que el arte, sin su verdad, sería como búhos ciegos en la noche. Entonces lo interpreté como un ciego que guía a un grupo de muertos, soldados o partisanos, todos agrupados, muertos uno encima del otro, como una bola. Que es la absoluta absurdez, que ya no nos queda nada y todavía estamos pretendiendo que hay alguien que nos enseña el camino. Somos tan limitados, que hasta después de la muerte tenemos la ilusión de que podemos seguir guiando.


¿Cree que la obra de Goya es intemporal, que valía para cuando la hizo y también para ahora mismo?
Totalmente. Es como Lorca. Es la llave de nuestras raíces, de nuestra existencia. No caduca porque es la verdad universal.
De todos los aspectos que reflejan los Disparates, ¿cuál es el más actual?
Cuatro importantísimos: está la decadencia de los grandes líderes en el mundo, que no son fiables ni se preocupan realmente por sus naciones. Son destructivos y son quienes organizan nuestra sociedad. En su tiempo, para Goya eran la iglesia, los políticos y los militares. El segundo es la violencia: toda esa desinformación para que la gente tenga miedo. En uno de los Disparates (Disparate desordenado), un hombre lleva atada a la espalda una mujer apaleada con la mandíbula completamente dislocada y va enseñando a la gente en la calle: esto es lo que pasa cuando no obedeces. Es la propaganda del terror.
¿Qué más?
Después tenemos a los marginados, a los sinhogar. A los que no vemos y a los que echamos porque nos molestan, nos incomodan y ensucian nuestras calles; también los ha representado. Y por último, tenemos la locura colectiva, un delirio donde ya no reconocemos ni la ética ni los valores porque estamos en modo de supervivencia: estamos delante de la televisión viendo cómo bombardean campamentos de refugiados en Gaza, después de que ya no tengan nada, y entre tanto estamos diciendo: “Oye, cariño, no me pongas azúcar en el café. ¡Hostia, tengo que dejar de ver las noticias y salir corriendo porque tengo una cita”. Hemos llegado a una insensibilidad informativa terrorífica. Y de todo esto hablan los Disparates.
Lita Cabellut
Artista plástica
Después de haber estudiado los Disparates...
...entré en una depresión tremenda.
Vaya, esa no era la pregunta, pero ¿qué le pasó?
Los últimos meses de trabajar esta obra tuve que tomar por primera vez en mi vida antidepresivos durante dos meses, porque era simultáneo con todo lo que estaba pasando en el mundo, todas las guerras, y era como sumergirme en una realidad tremenda. Pero fueron solo dos meses. Mi casa estudio se convirtió en los Disparates, la vacié para que cupieran todos los cuadros, y los últimos siete meses estuve conviviendo con toda la obra. Cuando venían mis nietos, decía a mis asistentes: por favor, poned sábanas encima de las esculturas porque son muy pequeñitos y esto es tremendo.
¿No necesitó olvidarse de Goya para construir su propia versión de los Disparates?
No, al final estaba sumergida en los grabados. Todo el periodo de creación de la serie fue como si estuviera en un gran disparate. Me importaba tanto ser fiel al mensaje de Goya, que el protagonismo de Goya fuera el principal, que yo fuera simplemente un portavoz lo más honesto y fiel posible a su herencia, que la verdad es que en ese periodo había muy poca Lita.


Sus cuadros tienen mucha materia: la imagen sobresale de la tela. ¿Qué expresa esta materia que no puede expresar un grabado de Goya?
Esto es como mi piel. Así como la virtualidad de Goya está en sus grabados, mi técnica la tengo en mi materia, en mis componentes que he desarrollado a través de 50 años. ¿Por qué tengo esta materia? Porque yo tengo que tocar para sentir. Tengo una parte que podríamos llamar ciega, física, que creo que mis ojos no son suficientes para obtener la información, la textura o el volumen de lo que realmente mis ojos interiores están viendo. Soy muy perfórmica y necesito tocar el material, romperlo, cortarme con él si es necesario. Porque no me lo puedo comer, pero si pudiera, me lo comería.
¿Comérselo?
La primera vez que fui al Pirineo tenía 24 años y creo que fue una de las experiencias más intensas emocionalmente que he tenido. ¡Me comía el musgo de las rocas! Empecé a tocarlo y me lo comí, y el compañero que venía conmigo me dijo “¿qué estás haciendo?”. Y dije: “La roca no me la puedo comer, pero esto sí lo puedo sentir”. Y tenía que olerlo, tenía que sentirlo. Y entonces todavía no había llegado a los materiales ni a la textura, pero ya estaba en mí la necesidad de sentir la materia. Por eso, cuando me preguntan si soy pintora, digo que eso me limita mucho. Yo no creo en especializaciones. Yo soy artista de campo amplio. Cuando hice el vestuario para esta serie vi que no hay textil que resista la pasión de Goya, así que no podía usar un textil normal. Y aquí en el taller hicimos todo el vestuario de esta exposición.
Lita Cabellut
Artista plástica
En el vídeo del making off se ve todo el trabajo previo a empezar a pintar.
Antes del cuadro hay un trabajo delante inmenso: seleccionar los modelos, hablar con ellos. Es como hacer una escenografía, pero también como hacer una película, como si yo fuera el director de una obra de teatro: tengo que convencer a mi modelo de que tiene que ser un violador y cargar todo eso consigo. Tiene narices. Tengo que vestirlos, tengo que pintarlos corporalmente. Hacemos toda una sesión de trabajo, los fotografiamos y después se va todo el mundo a su casa, y yo, con las fotos que he conseguido, con la mejor foto, la mejor expresión, de ahí saco el cuadro.
Entiendo que su proceso de trabajo es muy corporal. ¿Con ese método busca la perfección o deja espacio para los accidentes?
Es que no busco la perfección en ese momento, lo que busco es dejarme guiar por lo que está pasando. Porque con los años he aprendido que una de las grandes enfermedades para el arte es cuando el artista quiere controlar, cuando no se fía de su verdad ni de la grandeza del arte. Para mí nunca hay un mal día de trabajo, ni ni un resultado no bueno. Hay algo que puedo usar o no puedo usar, pero siempre ha sido un proceso.


¿Cuándo sabe que una pieza está acabada?
Cuando tengo piel de gallina, cuando digo: yo aquí no puedo mejorar nada, esto se me ha ido de las manos y no tengo nada más que contar ni que incorporar. Es cuando me emociona, cuando me sorprende.
Esta serie emociona pero también incomoda. ¿Alguna de sus obras la ha incomodado a usted misma después de producirla?
Muchas. Hay muchas veces que digo: esto no lo pondría en mi vida en mi casa. Y tengo amigos coleccionistas que, cuando me dicen “esta pieza me interesa”, les digo, “espera, ¿esto es para ponerlo en casa o para ponerlo en tu almacén de colección, donde no tienes que convivir con ella?”. Y si me responden que lo quieren en casa, les digo: “No te lo vendo, porque te va a incomodar y porque tienes hijosy una mujer. Y yo entiendo que tú la entiendas y que podrías vivir con ella, pero tienes que pensar en los que tienes en casa”. En cambio, hay otras piezas que la gente dice “esto no me lo pondría en casa”, y yo digo, “esta pieza no la vendo nunca, me conmueve mucho, pero no me incomoda”. Una cosa es incomodar y otra cosa es conmover. Yo como artista siento que tengo la responsabilidad de darles esta plataforma en el mundo.
Lita Cabellut
Artista plástica
¿El artista tiene que incordiar?
El artista tiene que responsabilizarse también de representar las cosas que nos incomodan, porque cuando la gente se incomoda es cuando tiene la oportunidad de poder cambiarlas o reflexionar sobre ellas.
¿Cree que estamos normalizando cosas que dentro de 200 años la gente no entenderá por qué las toleramos?
Sí: la brutalidad, la decadencia de la ética, la miseria y la pobreza de la humanidad. Estamos en un estado urgente: igual que tenemos el planeta en estado de emergencia ecológico, nosotros vamos juntos con el planeta a un estado de emergencia intelectual y espiritual. Estamos atravesando un desierto.
¿Hay algo que Goya entendió sobre el ser humano en su tiempo y que a nosotros aún nos cuesta aceptar?
Lo bestias, violentos e injustos que podemos ser, pero al mismo tiempo Goya también da una oportunidad al ser humano. En sus grabados siempre hay un punto de luz, de optimismo, porque es que así somos. A través de las generaciones hemos crecido, nos hemos destruido, hemos crecido, nos hemos destruido... somos como escorpiones. Nos destruimos, nos autodestruimos y volvemos otra vez a salir. Lo único que tenemos es la prepotencia de que estamos protegidos por lo más divino.


Pobres escorpiones... Usted se crio en Barcelona. ¿Esta ciudad sigue formando parte de la artista que es?
Totalmente. Acabo de hacer ahora una marina, la primera marina en mi vida, y un gran amigo mío que pasa tres meses al año en un velero me dijo: ¿cómo puedes tú, que no conoces el mar por dentro, representar esta marina que contiene todas las luces del día del mar? Y yo le dije: “El Masnou”. Yo vivía delante del mar, aunque no estuviera dentro de él. Era parte de mí, era mi vista, era donde paseaba mi perro, yo lo olía. Y Barcelona sigue siendo mi casa. Allí me he criado, allí, allí he tenido mis mejores y mis peores momentos. Te quiero mucho, Barcelona.
¿Hasta qué punto su dura niñez ha determinado su mirada sobre el arte y la humanidad?
Yo creo que todo el mundo colecciona y acumula experiencias, y esas experiencias las usas y las aplicas en lo que más necesitas para desarrollarte, y quiero creer que mi infancia me dio experiencias magníficas de las que ahora tengo muchísimo provecho. Porque jamás me he visto como una víctima ni como una derrotada, porque no creo ni en fracasados ni en héroes. Creo en una vida que te toca vivir, y con todas las posibilidades que encuentras haces lo que puedes y lo que es mejor para ti.
Lita Cabellut
Artista plástica
De sus experiencias de infancia, ¿hay alguna que en su momento pareció una herida y con el tiempo se ha convertido en una fuente de creación?
Ninguna en concreto, hay muchos recuerdos en los que sí pienso. Visto desde fuera, podría parecer patético y hasta cruel. Pero, como experiencia vivida, es una lección tremenda y un regalo increíble para valorar que cuando tienes la oportunidad de poder tener todos los derechos humanos que se merecen las personas, hay que dar gracias cada día a la vida.
Volvamos a Goya. Imagine que de pronto un día entra en su estudio y se lo encuentra en persona allí sentado. ¿Qué es lo primero que le preguntaría?
Creo que antes de preguntarle le diría gracias, gracias por preocuparte por la humanidad, gracias por preocuparte del que tenías al lado y el que tenías detrás. Gracias por dejarnos un testimonio tan verdadero y tan realista de lo que somos.
¿Qué obra suya le gustaría enseñarle?
Yo creo que esta exposición. Cuando la terminé, les dije a mis seres queridos y a mis hijos: “Voy a hacer muchas exposiciones si la vida me da la salud y la oportunidad. Voy a tocar muchos temas que me interesan en el mundo. Pero esta va a ser la exposición de mi vida. Porque esta se la debía a mi maestro. Y aquí está quién soy, lo que siento, y he intentado ser lo más sincera posible. Vendrán otras, pero esta es la exposición.


¿Va a girar la exposición?
De momento, solo se va a hacer aquí, pero la idea es que circule y vaya a muchos sitios. Irá a Zaragoza en el 2028, al Museo Goya, después de la gran exposición de la apertura del museo. Aquí hacemos un gran despliegue, pero en la exposición de Zaragoza va a ser su plenitud total.
¿Qué pintaría Goya si hoy pasara un tiempo en este mundo?
Yo creo que, si pudiéramos hablar de lo que pensamos, de cómo vemos el mundo, le invitaría a hacer un grabado donde el ser humano se olvidara del terror, la angustia del poder. Un grabado para calmar mi alma después de los 'Disparates' con la belleza que él también veía en el ser humano y que quizás en sus últimos tiempos ya no podía. Le invitaría a celebrar que, en estos 200 años, también hemos pasado periodos más tranquilos y hemos intentado ser más humanos.
En este proceso, ¿qué ha cambiado más, su visión de Goya o Lita Cabellut?
Creo que yo. Creo que me he hecho todavía más hiperrealista en lo que veo. Y también me ha dado esa paz de que hay muchas cosas en las que no podemos intervenir porque es un proceso colectivo. Y que hay veces que morirse en la angustia por querer salvar algo es lo que realmente te impide dejar testimonio de algo.
Lita Cabellut
Artista plástica
¿Le está resultando difícil despedirte de esta serie?
No, porque sé que no me voy a despedir nunca. Esta serie ha estado dos años en mi depósito y volvió hace un mes para revisar si estaba todo bien, para prepararla para la exposición. Hay que revisar todo y la volvemos a desempaquetar. El estudio se llenó otra vez de Goya, y juro que, con los ojos cerrados, cada cuadro, cada milímetro de cada pieza, la veía como si la hubiera pintado ayer. Como que se ha imprimido en mi ADN.
¿Cuando alguien salga de la exposición, qué sentimiento le gustaría que se llevase?
Un sentimiento de conciencia. Y de que si no es a través del arte y la belleza, no podemos digerir; o sea, nos podemos comer un trozo de pan, pero un trozo de piedra nos cuesta, ¿verdad? Y eso es lo que hace el arte, entra por la belleza también. Aunque sea una belleza cruel, aunque sea una belleza oscura, siempre el arte tiene ese punto de extrema belleza. Y lo que quiero es que cuando salgan hayan podido digerir esa piedra de una manera suave y empática, que cada cuadro les recuerde que podrían ser ellos ayer, hoy o mañana en cualquier parte del mundo.
Si pudiera volver a encontrarse con la Lita niña que descubrió a Goya, ¿qué le diría sobre la artista en la que va a acabar convirtiéndose con el tiempo?
Sé, valiente, no dejes nunca tu sueño. Nunca pienses en convertirte en una artista. Piensa que el arte tiene que ser tu manera de vivir, tu manera de ser. Tiene que ser tu organismo.