10 de octubre, 2026 - 07h15
¿Qué es lo primero que tiene que hacer por Guayaquil quien gane la Alcaldía dentro de seis semanas? ¿Qué lo urgente? ¿Qué lo importante? ¿Qué lo duro? ¿Qué lo emotivo? Escucho esas dudas en los diversos escenarios académicos, sociales, gremiales, deportivos por los que paso, y parecería tanto lo que hay que hacer que resulta muy difícil ponerse de acuerdo. Cada uno tiene su orden de prioridades, desde la perspectiva por la que esté mirando. Y quiero creer también que cada candidato se habrá rodeado de las personas adecuadas para agendar el futuro de una ciudad que hace poco probó el bienestar y ahora lo añora.
Estas líneas no tienen ni remotamente el afán pedante de dictar verdades. Son las ideas que me han parecido de mayor coherencia y urgencia en favor de la ciudad en la que nací, donde vivo y trabajo y a la que siempre quiero volver. Y que está de cumpleaños 206 de su independencia.
Desde mi rincón veo urgente devolver el orden. Se trata de que cada cual, vendedores, compradores, proveedores de servicios, conductores, comerciantes, industriales, ciudadanos de a pie y motorizados, recuerde, porque existen y se venían aplicando, las normas de urbanidad y convivencia, que ahora se violentan sin desparpajo alguno en cualquier semáforo en rojo. En este capítulo, las motos tienen un rol protagónico porque, a más de ser impredecibles elementos de las vías, por la derecha, por la izquierda, por el centro y con el pito activado todo el tiempo, andan de una prepotencia insólita.
Capítulo complementario, en materia de tránsito, son los choferes que se están acostumbrando a irrespetar las reglas porque nadie se las aplica y se paran sin despeinarse en doble y triple columna, generando el caos.
Miro hacia la urbanidad y padezco con el desorden general. Vendedores de retorno a donde ya habían aceptado no estar. Compradores que acolitan ese retroceso. Comerciantes que están volviéndose a tomar la calle sin respeto al espacio de los demás. Medidas duras se tomaron la década anterior para ordenar mercados que eran verdaderos muladares y que fueron destruidos y vueltos a levantar, no para que ahora vuelvan al proceso de deterioro. Cómo no recordar lo que era el mercado del sur, un sitio tenebroso, que luego de esfuerzos transmutó en el Palacio de Cristal, un nuevo ícono de la ciudad.
Las obras viales, prioridades de antaño, ahora avanzan paquidérmicamente y eso es algo que tiene que cambiar, porque los graves problemas de movilidad que se presentan pasan justamente por esa carencia de fluidez vehicular.
¿Seguridad? Sin duda, uno de los problemas principales, pero actualmente una tarea no municipal de la que, sin embargo, no puede desentenderse y deberá trabajar hombro a hombro con las autoridades nacionales que están librando la batalla contra el crimen organizado, sacándolo de los espacios urbanos que ha intentado tomarse. La guerra por los accesos a los puertos del sur de la urbe persiste, y es entonces un tema clave lograr que la actividad de comercio exterior, firma y huella de la ciudad por siempre, se pueda cumplir con paz, porque por ellos sale el 80 % de la carga que entra y sale del país.
Tanto que hacer por la ciudad. Y por apoyar. (O)