Leer en Ecuador: los hábitos, preferencias y desafíos para acercarse a los libros

calendar_today 11.10.2026 - person  - timer ~6 Minutos

Un libro abierto sobre la mesa, una novela leída durante el trayecto en bus o unos minutos dedicados a leer antes de dormir. La lectura puede encontrar espacio en distintos momentos del día, aunque no todas las personas tienen los mismos hábitos ni las mismas oportunidades para acceder a los libros.

En Ecuador, conocer cuánto se lee implica mirar más allá de una estadística o del número de ejemplares que se compran, afirman los expertos, quienes agregan que es importante indagar el tiempo que se dedica, preferencias, acceso a bibliotecas y librerías, así como el papel que cumplen la familia y las instituciones educativas.

La última cifra del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), del 2012 —han pasado catorce años—, muestra que en el 73,5 % de las 3.960 viviendas consultadas tienen el hábito de leer y dedican entre 1 y 2 horas semanales. Sin embargo, la Encuesta de Hábitos Lectores, Prácticas y Consumos Culturales de 2022, en ese entonces a cargo del Ministerio de Cultura, ahora parte del Ministerio de Educación y Deporte, señala que en el país se lee en promedio un libro completo y dos libros incompletos al año; además, revela que lo hacen más en el celular, en un 56,7 %, y 33,9 % en material impreso.

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El primer libro importa: qué leen los niños y qué historias pueden acercarlos a la lectura

“No tenemos estadísticas desde hace mucho tiempo y es algo que tenemos que tratar de fomentar, que se profesionalice un poquito más el sector del libro y editorial”, cuestiona Jorge Izquierdo, decano de Humanidades de la Universidad de las Américas, quien sostiene que el análisis es más profundo y no solo de cuántos libros se leen en el año, sino qué contenido prefieren, por ejemplo, en Quito, en Santa Elena o en las provincias de la Amazonía.

Para la poeta y narradora Liset Lantigua, el panorama es de un lector desfavorecido y repleto de omisiones históricas. “Siento que esa estadística podría ser inferior porque en muchas ciudades y pueblos del Ecuador no hay bibliotecas, librerías. Eso da cuenta de hasta qué punto estamos en la ominosa desventaja del inacceso a los libros”, opina.

No obstante, hay un crecimiento editorial en los últimos cinco años, de acuerdo con el informe de la Cámara Ecuatoriana del Libro: de 4.509 registros de títulos en 2021 a 8.253 en 2025.

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Lantigua e Izquierdo concuerdan en que hay limitaciones para el consumo de libros, pero también sostienen que sí hay afán por leer. “El interés está intacto, latente, arrinconado por los distractores actuales, pero ese redespertar no depende solo del ánimo y el entusiasmo que le pongamos, sino que depende del Estado, distintas administraciones, de la seriedad con que se asuman los mayores pendientes de la cultura y educación”, dice la también directora de la biblioteca Carlos Larreátegui Mendieta.

Izquierdo afirma que evidentemente se lee mucho ahora, pero la gran interrogante es el contenido. “Nos pasamos todo el día leyendo y escribiendo mensajes de texto. La lectura de libros, literatura y ese tipo de cosas nunca ha sido lo más popular del mundo, pero hay que tratar de cultivarlo”, apunta.

Lectura más en escuelas

Las cifras oficiales evidencian que los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años leen más en las escuelas, superando el 50 %. Después de esta edad se concentra en la casa. Los menores de edad usan más el material impreso y como segunda gran opción está leer en el celular.

Para Lantigua, este hábito en los menores se debe a que las escuelas y colegios tienen planes de lectura obligatoria que suelen ir ligados a acreditaciones internacionales donde es necesario cumplir con estándares y criterios; uno de estos, un alto nivel de lectura, comprensión y análisis.

“Ecuador está atravesando por múltiples factores que lo desalientan, porque hay que comprar cada libro que se desea leer, la falta de espacios de lectura, las necesidades de usuarios potenciales. Ello hace que en las aulas probablemente se lea más que fuera, aunque depende de la metodología”, indica.

Izquierdo está de acuerdo en que todo depende del panorama. Él da clases a mayores de 17 años y, aunque los datos indican que más leen en celular que en una institución educativa, afirma que este hábito está muy presente. Consumen libros de literatura, poesía, cómics.

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“Se fomenta mucho la lectura y es algo que se realiza antes de la clase, en sus casas”, menciona y añade que es esencial crear espacios, que pueden hacerse en el hogar y a cualquier edad.

Por ejemplo: “Un niño puede decir: ‘No quiero comer brócoli’, pero el padre de familia tiene la opción de, o nunca más en la vida hacer brócoli, o por lo menos ofrecerlo”. Para el académico, la clave está en mantener disponible esa posibilidad y permitir que los niños descubran qué lecturas despiertan su curiosidad.

Como desde niños es más fácil sembrar el hábito, Lantigua aconseja contar historias, hablarles con ternura y poner libros a su alcance que permitan estimular el lenguaje, la imaginación y la curiosidad. “Yo creo que todos los adultos podemos hablar de animalitos que viven en bosques, de hojas que caen. La palabra articula el pensamiento antes de que pueda ser pronunciada”, expone.

Más títulos de ciencias sociales

El área de ciencias sociales es la categoría que lidera el registro de títulos publicados, de acuerdo a la Cámara Ecuatoriana del Libro, con 3.383 publicaciones en 2025. Le siguen tecnología y literatura. Este comportamiento evidencia una fuerte orientación hacia contenidos académicos, educativos y formativos vinculados con disciplinas sociales y humanísticas.

Elena Cevallos está en este grupo que se interesa por ese contenido. Admite que desde pequeña no leía, pero a sus 32 años le apasiona. Le gusta la literatura romántica, como A través de mi ventana, de Ariana Godoy. “Mis padres no me daban libros; en la escuela eran los que te mandaban, pero me hubiese gustado leer más desde pequeña, aunque ahora igual lo disfruto mucho con la opción de que puedo comprarme los libros”, dice.

10 libros para niños, de los 6 a los 12 años

Hay lectores cautivos, afines a sus temas, pero sobre todo responden a necesidades acotadas por la especialización, por la formación y los proyectos, señala Lantigua: “La literatura a cualquier edad actúa en otro ámbito de interés”, y agrega que esta crea puentes para todas las tipologías y formatos: “Por eso es la lectura más compleja y completa”.

Coincide Izquierdo y para él es una gran oportunidad para que el público quiera leer más sobre literatura. Y se pregunta: “¿Cómo hacemos para fomentar que los chicos lean La Odisea, Cervantes, Shakespeare, literatura contemporánea, poesía, tantas cosas, cómics; más bien vería eso como una oportunidad. ¿Y cómo se lo hace? Quizás, en la educación mismo, en vez de leer pedacitos de libros de literatura, volver a pedir que los chicos lean libros completos, que es algo que se perdió“, dice y reafirma que es necesario volver a esa dinámica. (I)