En 1969, cuando Noruega descubrió petróleo en el Mar del Norte, el país podría haber gastado desde entonces en adelante, esos ingresos extraordinarios. La producción fue creciendo, hubo inversiones y en 1990 el Congreso creó el Fondo de Pensiones Global del Estado —conocido mundialmente como el fondo soberano noruego— con una premisa clara: los ingresos del petróleo no pertenecen a la generación que los extrae, sino también a las futuras.
El gobierno noruego solo puede utilizar el equivalente al retorno esperado del fondo, cerca del 3% anual. El capital no se toca. Quien administra el fondo no es el gobierno sino el Norges Bank Investment Management, el brazo inversor de su banco central. Todo está bien pensado: el fondo invierte exclusivamente en el exterior en acciones, bonos e inmuebles de más de 60 países. Tiene participaciones en unas 8.500 empresas.

De esa manera, Noruega evita picardías argentinas como que el fondo invierta en deuda, Letras y bonos, del gobierno, y de esa manera financie un aumento del gasto público. Invirtiendo en el exterior, evita apreciación de su moneda.
El fondo soberano de Noruega cerró el 2025 con un valor patrimonial de u$s 2,2 billones, equivalente a tres veces el PBI de la Argentina. La ganancia fue de u$s 250.000 millones en el 2025 con un rendimiento del 15%. Con casi 6 millones de habitantes, la ganancia anual por noruego es de casi 42 mil dólares. Increíble.
La Argentina hoy está frente a un panorama inédito en su historia económica. Hay recursos extraordinarios en petróleo, gas, minería. ¿Se los debe gastar la actual generación? Argentina necesita aumentar su tasa de ahorro para hacer su crecimiento sostenible. La Nación y las provincias beneficiadas deberían crear sus fondos y no aumentar el gasto público con el maná que cae hoy del cielo. En fútbol podemos dar lecciones. En economía debemos aprender. Instituciones matan populismo.