Laura Ramos relató la increíble historia de las maestras de Sarmiento que cruzaron el mar y llegaron a la casa de Borges

calendar_today 11.09.2026 - person  - timer ~5 Minutos

Por el Día del Maestro, Laura Ramos habló en Infobae en Vivo de su libro Las señoritas. Historias de las maestras estadounidenses que Sarmiento trajo a la Argentina en el siglo XIX. La autora sostuvo que el proyecto con el que Domingo F. Sarmiento trajo maestras de Estados Unidos a la Argentina fue, a la vez, una apuesta desmesurada y el cimiento del sistema escolar: dijo que consumió 30% del presupuesto nacional, que convocó a 61 maestras con requisitos de edad, estado civil y “moral intachable”, y que aun así “fundó la educación argentina”.

En la entrevista con los periodistas de Infobae, agregó un dato que empuja la historia fuera del bronce: muchas de esas docentes cruzaron el océano sin hablar castellano y recién en un viaje de 45 días en barco se enteraron de que debían enseñar en ese idioma. “Empezaron a tomar clases de castellano en el barco”, relató. Ramos explicó que la búsqueda surgió mientras investigaba a Louisa May Alcott en Concord. Allí encontró que la mentora de Sarmiento había sido amiga de la familia de la autora de Mujercitas y que ese círculo tuvo contacto con el argentino a través de la viuda del educador Thomas Mann, a quien definió como una figura clave en la expansión de la enseñanza laica, mixta y obligatoria en Estados Unidos.

PUBLICIDAD

La escritora describió esa operación como una extracción deliberada de talento pedagógico. “Les roba 61 maestras jóvenes, atractivas, solteras, bien educadas, de moral intachable”, dijo sobre los criterios de selección, y añadió que fueron traídas “para fundar escuelas” en un país donde, en muchos puntos del interior, las clases todavía se daban en casas de familia. Pero esas mujeres no llegaron para integrarse a una estructura preexistente, sino para crearla. “Trae maestras para fundar la educación argentina”, resumió al reconstruir una política que las llevó a San Juan, Jujuy, Tucumán, Córdoba y otros destinos alejados de Buenos Aires.

"Las señoritas. Historias de las maestras estadounidenses que Sarmiento trajo a la Argentina en el siglo XIX"
"Las señoritas. Historias de las maestras estadounidenses que Sarmiento trajo a la Argentina en el siglo XIX"

Según su relato, el dispositivo tenía una contradicción central: Sarmiento enviaba docentes a territorios donde ni siquiera estaban listas las instituciones en las que debían trabajar. “A veces hasta las tiene que construir”, señaló sobre las escuelas, y atribuyó esa lógica a un impulso visionario pero desordenado. La selección incluía un criterio estético explícito: “Los requisitos eran: tienen que ser maestras recibidas, jóvenes, solteras, atractivas, de buenas familias y moral intachable”, enumeró.

PUBLICIDAD

Al referirse al parámetro de juventud, estimó que para la época podía significar hasta los 25 años. Ramos dijo que incluso una mujer cercana a Sarmiento, que no era maestra pero sí cumplía con parte de esos atributos, quedó fuera del plan porque no fue aceptada por la señora Mann, a quien presentó como su socia en Estados Unidos. Ese episodio, según contó, forma parte de las historias secundarias que reconstruye en el libro.

Solo una de las primeras maestras hablaba castellano cuando partieron hacia la Argentina. Las demás lo supieron en pleno trayecto y empezaron a estudiarlo a bordo para poder dar clases al llegar. La tensión central, según su reconstrucción, es que debían enseñar en un idioma que todavía no dominaban mientras se las enviaba a abrir escuelas en el interior. La autora precisó que el traslado se hacía por una ruta que unía Nueva York, Liverpool y Buenos Aires. En ese trayecto, dijo, las maestras tomaron sus primeras lecciones del idioma que luego debían usar en las aulas.

PUBLICIDAD

Uno de esos viajes fue en 1888. Hubo otros contingentes en 1883 y 1869. Más allá de las fechas, el rasgo común fue la improvisación del programa: “Él mandó las maestras sin tener escuelas, las mandó a enseñar castellano sin saber castellano”. La formación lingüística se completaba en Paraná. Allí permanecían tres meses antes de ser destinadas al interior del país, donde terminaban de incorporarse a las escuelas normales y a las escuelas de aplicación.

Para Ramos, "fue una locura económica, una demencia”, pero “fundó la educación argentina”
Para Ramos, "fue una locura económica, una demencia”, pero “fundó la educación argentina”

Para Ramos, “fue una locura económica, una demencia”, pero “fundó la educación argentina”. Esa valoración se apoyó en una cifra precisa: “Consumió el 30% del presupuesto nacional”. La autora añadió que el Estado argentino les pagaba “el doble” de lo que cobraban en Estados Unidos. Esa diferencia salarial explica parte de las motivaciones: varias provenían de familias cultas pero pobres y aceptaron contratos de dos o tres años para reunir dinero y ayudar en sus casas. Otras llegaron por vocación pedagógica. “Eran maestras de raza”. No enseñaban de manera directa a niños pequeños, sino que formaban a jóvenes que querían ser maestros.

PUBLICIDAD

En Córdoba algunas de las docentes fueron “apedreadas” y recibían escupitajos en la calle. Ramos atribuyó ese rechazo a dos factores: eran protestantes y llegaban para implantar una educación laica en un sistema que hasta entonces estaba bajo control de la Iglesia católica y del Instituto de Beneficencia. El costo humano fue alto. “Algunas murieron de fiebre amarilla en Buenos Aires, de fiebre tifoidea en Tucumán. Muchas murieron. Una murió de sífilis, pero eso fue tapado en el momento para no desprestigiar a Sarmiento”.

Parte del trabajo de Laura Ramos se apoyó en cartas enviadas por las maestras a sus familias, conservadas en bibliotecas estadounidenses. “Cartas que no vio ningún historiador”. Uno de esos hallazgos la llevó a Paraná, donde, según dijo, varias de las docentes se alojaban en la casa de Fanny Haslam de Borges, la abuela inglesa de Jorge Luis Borges. Esa mujer, ya viuda del coronel Borges y con dos hijos, hospedaba maestras para subsistir. Fue la misma Fanny la quec le enseñó a Borges el inglés y la literatura inglesa. “No hay nada de ficción”, concluyó sonbre La señorita. “Todo está documentado”.

PUBLICIDAD