Miguel Rivadeneira Vallejo: Las vulnerabilidades | Columnistas | Opinión

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20 de julio, 2026 - 06h30

Es penoso observar la poca importancia que se da a la educación, la prevención y la preparación frente a las amenazas y las vulnerabilidades que existen por los fenómenos naturales y los eventos adversos que solo se dimensiona cuando se producen los impactos para luego lamentarse y evaluar sobre los hechos consumados.

Eso se evidenció con los sucesos ocurridos hace pocos días en la provincia de Zamora Chinchipe con los deslaves a raíz de un potente aluvión y el desbordamiento de un río que arrasaron sectores de la parroquia Guadalupe, cantón Zamora, que evidenciara las vulnerabilidades que subsisten. La emergencia dejó inicialmente 13 personas fallecidas, más de 40 heridos, familias damnificadas, destrucción de viviendas y cultivos.

Los últimos terremotos en La Guaira, Venezuela, con un saldo que crece día a día, de más de 5.000 muertos, cerca de 17.000 heridos, decenas de miles de damnificados y desaparecidos y millonarias pérdidas materiales y principalmente viviendas. Este impacto produjo un desastre económico y social en medio de un país en crisis, generado por la dictadura del socialismo del siglo 21 que ha hundido a ese pueblo en la pobreza y la miseria.

Hoy se viene advirtiendo con tiempo, por la alerta temprana de autoridades, técnicos y científicos, la llegada del fenómeno del Niño, sin poder determinar ni la fecha y peor su impacto, si será leve, moderado o fuerte. Sin embargo, no se puede negar su próxima llegada y por ello es obligatorio estar debidamente preparados, prevenidos y capacitados y eso no solo depende de las autoridades, que tienen su responsabilidad, sino también de la preocupación de los ciudadanos, que deben estar conscientes de estas amenazas.

Es lamentable saber que no todas las autoridades seccionales presentaron a tiempo sus planes de acción a la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos pese a sus obligaciones y responsabilidades y la alerta amarilla preventiva decretada, en medio de la indiferencia y poca importancia que se da al tema.

Hay otro asunto muy importante que no se toma con responsabilidad. En Quito, y en general en el país, no hay la suficiente conciencia de la vulnerabilidad sísmica de las construcciones. Ni gran parte de la mayoría de las autoridades nacionales y seccionales, ni de los constructores, ni las aseguradoras y peor la población, que siguen construyendo sus viviendas en las laderas y zonas de peligro.

Según profesionales con experiencia en construcciones sismorresistentes, hay un sentimiento generalizado de que las normas son solamente obstáculos (aunque algunas ordenanzas en parte sí lo son) y no se entiende que es seguridad futura de las vidas y del bien inmueble, que constituye el patrimonio de una familia.

Existe un optimismo infundado de que no nos pasará algo tan fuerte, pero según los técnicos expertos, puede ser cuestión de tiempo y no se trata de alarmar sino de ser previsivos y responsables. Frente a ello es cuestión de preguntarse qué estamos haciendo en materia de prevención, autoridades y ciudadanos, y cuánto entendemos su verdadero significado, como sucede con el término de construcciones sismorresistentes. (O)