13 de agosto 2026, 15:00hs
Guardias fronterizos y barcos marroquíes patrullan la costa en la frontera con España en Fnideq, Marruecos, este mes. Sergey Ponomarev para The New York Times
Dos días antes de que decenas de miles de migrantes irrumpieran en Ceuta, uno de los enclaves de España en la costa norte de Marruecos, un periódico local publicó un video en TikTok e Instagram en el que aparecían dos mujeres jóvenes que caminaban por la ciudad con trajes de neopreno, con el cabello aún húmedo.
Las publicaciones no lo decían explícitamente, pero la implicación era clara: las mujeres acababan de cruzar a nado la frontera desde Marruecos. "Ceuta no puede más", declaró el periódico El Faro de Ceuta en las publicaciones.
Al otro lado de la frontera, el video tuvo una repercusión muy diferente. Recortado y vuelto a publicar en árabe, el video parecía una invitación. Las mujeres sonreían, hacían el signo de la paz y levantaban los pulgares y, sobre todo, caminaban libremente.
El video parecía legitimar los rumores que habían circulado durante semanas en las redes sociales que sugerían que un reciente fallo del Tribunal Supremo de España significaba que los migrantes que llegaban por mar de manera ilegal podían quedarse en el país. Como lo afirmó falsamente una cuenta en Facebook: "La puerta de Ceuta está abierta", cuando en realidad los migrantes aún se enfrentaban a la expulsión tras una revisión judicial.
Las respuestas a las publicaciones sobre las nadadoras fueron una parte fundamental de una cascada de desinformación que los expertos describieron como uno de los ejemplos más evidentes en los que las redes sociales contribuyeron directamente a una tragedia en el mundo real.
El 30 de julio, decenas de miles de personas, muchas de ellas impulsadas por una fe infundada en las afirmaciones que circulaban en línea, entraron a Ceuta en una avalancha humana que superó a las autoridades a ambos lados de la frontera. Unas 90 personas murieron, la mayoría ahogadas, lo que avivó un debate ya de por sí polémico en Europa y otros lugares sobre la migración ilegal y los factores económicos y sociales que la impulsan.
"Empezó como un estruendo", dijo Moustafa Ayad, investigador del Instituto para el Diálogo Estratégico, una organización internacional que rastrea amenazas en línea, en referencia a la discusión en internet, "y luego se convirtió en una avalancha".
Durante casi tres semanas, millones de publicaciones en Facebook, Instagram, WhatsApp, TikTok y Telegram especularon sobre cómo el fallo del tribunal español había aumentado las posibilidades de llegar a territorio español, según Ayad y otros investigadores que han estudiado lo que desencadenó los sucesos de ese día.
El contenido pareció propagarse de forma orgánica, y aprovechó una desesperación latente de muchos en Marruecos y otras partes de África por buscar oportunidades económicas en Europa. Luego, esa desesperación fue explotada por grupos en línea que organizan el tráfico de personas, los cuales hicieron ofertas en Facebook y WhatsApp para ayudar a quienes consideraban cruzar.
Las publicaciones se multiplicaron a finales del mes pasado, a medida que un número creciente, aunque todavía pequeño, de personas intentaba rodear a nado las barreras físicas que se extienden hasta el mar en el extremo sur de Ceuta, justo al norte de la ciudad marroquí de Fnideq, conocida en español como Castillejos. Las imágenes de quienes lo lograban animaron a más personas a intentarlo.
No está claro si las autoridades de España y Marruecos --o las propias plataformas-- estaban al tanto de la oleada en línea o si dieron alguna señal de alerta al respecto para la tarde del 30 de julio, cuando, por razones que aún no están del todo claras, el número de personas que intentaban cruzar la frontera se disparó de forma repentina.
Al menos 215 cuentas en Facebook publicaron ese día exactamente el mismo mensaje sobre el fallo del Tribunal Supremo, y afirmaban erróneamente que nadie que nadara hasta Ceuta --o hasta Melilla, otro enclave español en la costa marroquí-- sería expulsado, según Maldita.es, una organización de investigación en España.
La repetición dejaba entrever un esfuerzo coordinado para difundir la información, que posteriormente fue compartida por usuarios que, aparentemente, no se dieron cuenta de esto.
Una de las cuentas más destacadas que compartió la publicación, según Maldita, pertenecía a Youssef Belhaissi, portavoz de la Delegación Interministerial de Derechos Humanos de Marruecos, una agencia gubernamental en Rabat, la capital del país. (Belhaissi, que tiene 1,3 millones de seguidores en Facebook, no respondió a una solicitud de comentarios).
Durante mucho tiempo, los rumores han influido en la manera en que los migrantes se deciden por rutas hacia el extranjero, las cuales están plagadas de riesgos impredecibles. Las redes sociales han acelerado el proceso, dijo Jorgen Carling, experto en migración del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo.
"Incluso si la decisión del Tribunal Supremo fue intrascendente", dijo, "le dio a los rumores esa pizca de verdad que los hizo mucho más confiables".
Algunos de los grupos clandestinos en Facebook y WhatsApp que anteriormente ofrecían ayuda para introducir personas de contrabando en Europa contaban con más de 100.000 seguidores. Varios utilizaban variantes de la palabra árabe harraga, "los que queman", harraga, un término coloquial para referirse a quienes cruzan fronteras de manera ilegal.
Un grupo de Facebook enlazaba a un grupo en WhatsApp que se autodenominaba "el camino a Ceuta" con un emoji de un nadador.
Los investigadores descubrieron que estos grupos ofrecían consejos, mapas, equipos e incluso viajes a los pueblos que limitan con la frontera. El Ministerio del Interior español afirmó en un comunicado que las "redes de tráfico de personas" estaban "instrumentalizando una sentencia judicial para fomentar el flujo de migrantes indocumentados, mayoritariamente jóvenes".
Algunos de los grupos parecían administrados por personas que utilizaban números de teléfono de Argelia, pero no ha surgido evidencia de que algún Estado haya tenido participación, dijeron los investigadores.
Marcelino Madrigal, experto en desinformación en España que documentó la evolución del contenido en línea dijo que se podía ver que estos llamados, que también manejaban la logística, a la acción estaban más enfocados en tratar de monetizar la situación que en actuar como un movimiento organizado por un gobierno o una potencia extranjera. Añadió que el propósito de dichos grupos era la coordinación, como si estuvieran organizando una marcha.
En un comunicado, Meta, propietaria de Facebook, WhatsApp e Instagram, dijo que había establecido un equipo para monitorear la crisis en Ceuta a medida que se desarrollaba y que había eliminado "contenido que viola nuestras políticas, incluido el contenido que ofrece proporcionar, facilitar o buscar servicios de tráfico de personas".
Algunas cuentas siguen activas y, desde la tragedia, se han convertido en foros de mensajes para aquellos desesperados por conocer el destino de sus seres queridos que no habían regresado tras la avalancha migratoria.
"Este es mi padre, está desaparecido desde el jueves y no hay noticias", decía una publicación, y compartía una fotografía y un número de teléfono en Marruecos por si alguien tenía información.
Desde el principio, las tergiversaciones del fallo del Tribunal Supremo, que involucraba el caso de un migrante que nadó hasta Ceuta, sentaron las bases para la crisis. Según la ley española, las autoridades pueden expulsar inmediatamente a cualquiera que intente sortear una barrera física para ingresar al país, pero el tribunal determinó que aquellos que no han sorteado una barrera --por ejemplo, al nadar en aguas abiertas-- estarían sujetos a una revisión judicial.
El fallo se emitió a finales de junio y se hizo público el 8 de julio. En los debates en línea en Marruecos, los matices se perdieron. Con el tiempo, como en el juego del teléfono descompuesto, el fallo se presentó como una reversión significativa de las leyes de inmigración de España, cuando en realidad cualquiera que ingresara aún enfrentaría la expulsión si no podía corroborar una solicitud de estatus de refugiado.
Los videos de las dos jóvenes nadadoras fueron vistos más de 32 millones de veces, según Marouane Lamharzi Alaoui, cofundador de Firassa AI, una empresa que analiza contenido visual. Por el contrario, una publicación en TikTok en francés que buscaba aclarar los hechos sobre la supuesta apertura de la frontera fue vista menos de 2000 veces, señaló.
En una entrevista telefónica, una de las personas que cruzó dijo que vio vídeos en Instagram que afirmaban que los ayudarían y no los enviarían de vuelta.
Viajó en tren desde el centro de Marruecos, dijo, y nadó 12 kilómetros hasta Ceuta el 29 de julio después de comprar un traje de neopreno y aletas.
A los pocos días de la avalancha de cruces, la mayoría de los que llegaron a Ceuta regresaron a Marruecos. Algunos se quedaron, entre ellos Achraf, quien dijo que estaba escondido en una zona boscosa de Ceuta, y que solo se aventuraba al pueblo para comprar comida. Todavía tiene la esperanza de llegar a Europa después de tres intentos fallidos.
"Espero que Dios nos facilite las cosas", dijo.
A raíz de esto, algunos se han preguntado si la oleada en línea debería haber encendido las alarmas. Madrigal culpó a los gobiernos por su falta de responsabilidad, y la insolencia de las plataformas que no monitorean el contenido que difunden.
"Aquí nadie es responsable", continuó, en referencia a Mark Zuckerberg, el director ejecutivo de Meta.
"¿Zuckerberg? ¿El gobierno marroquí? ¿El gobierno español?", dijo Madrigal. "Si no hemos identificado eso, puede volver a ocurrir".
Tiffany Hsu colaboró con reportería.
Steven Lee Myers cubre temas de desinformación desde San Francisco. Desde que se incorporó al Times en 1989, ha informado desde todo el mundo, incluidos Moscú, Bagdad, Pekín y Seúl.
Tiffany Hsu colaboró con reportería.