La carretera se abre camino por el mar de piedra volcánica, los restos de la erupción que durante tres meses expulsó el volcán del Tajogaite en la isla de La Palma. Han pasado cinco años, y este territorio que fue un manto verde de plataneras es ahora un desierto negro. Pero de tanto en tanto, siempre junto a la carretera, las fincas están empezando a brotar y la agricultura se vuelve a abrir camino en la parte baja del Valle de Aridane.
"Todo esto lo cubrió la lava, todo, todo. Solo dejó esas montañas que ves ahí", declara César González, un agricultor palmero de 50 años, antiguo vecino del desaparecido pueblo de Todoque donde perdió su vivienda y, a medida que la lava iba descendiendo por la ladera de Cumbre Vieja, también sus cultivos. Ahora habla desde el mismo lugar donde se ubicaban sus plataneras, aunque la orografía es ahora totalmente distinta. Él tuvo la suerte de que una de las dos carreteras que se abrieron para atravesar la colada, pasaba justo por donde estaba su terreno.
"Hicieron primero la carretera de arriba, pero quizás al año ya estaba esta", declara señalando la vía que flanquea su parcela. "La primera vez que entré con la camioneta cuando no estaba ni asfaltada, cogí el móvil, más o menos con el GPS y me fui orientando. Sin móvil no llegas, no sabes ni dónde estás, porque no tienes referencias. Y llegué y dije: 'Contra, pues yo creo que si de lo más alto quito para lo más bajo, se nivela. Vamos a ver cómo van, cómo van saliendo las ayudas y me pongo a ello".
La lava destruyó 288 hectáreas de plataneras en 2021, que representaban entonces más del 10% de la economía de La Palma de forma directa y el 43% de toda la superficie agrícola de La Palma. Quedaron sepultadas bajo el volcán 14.000 toneladas de plátanos, según datos de la Asociación Palmera de Agricultores y Ganaderos (Aspa) una décima parte de la producción actual -cifrada en 140.000 toneladas por el Instituto Canario de Estadística en 2024-, que aún no ha alcanzado los volúmenes previos a la erupción.
La recuperación está siendo lenta, pero firme. En abril de este año, la Asociación de Entidades Empaquetadoras, Exportadoras y Comercializadoras de Frutos de La Palma (Asepalma) calculaba que un 37% de las hectáreas que habían sido devastadas por el volcán estaban ya en marcha en el Valle de Aridane. La Consejería de Agricultura canaria estimó unas cifras muy similares.
Los plataneros han recibido distintos paquetes de ayudas millonarias procedentes del Gobierno de Canarias, del Estado central y de la Unión Europea tanto para compensar la pérdida de renta como para reconstruir las fincas desde 2021. El Gobierno canario compensó la reconstrucción de las explotaciones con 44,06 euros por cada metro cuadrado perdido durante la erupción a cada agricultor.
A pesar de toda esa inyección económica, cinco años después las propias administraciones y el sector siguen calculando en cientos de millones el coste pendiente de reconstrucción. En febrero de 2026, Gobierno de Canarias y Asepalma calculaban que todavía faltaban 224 millones de euros para completar la reconstrucción agraria del Valle de Aridane: 56,4 millones para las explotaciones, 68,8 millones para caminos y 82,2 millones para agua, además de 11,5 millones para producción.
"La importancia económica es que cuando el plátano está bien, la economía insular está bien y cuando el plátano tose, todo el mundo tiene un resfriado", declara Miguel Martín Pérez, presidente de la Asociación Palmera de Agricultores y Ganaderos (Aspa), que lamenta que los retrasos en la llegada de las ayudas han hecho que la inflación de los precios haga insuficientes las cuantías recibidas por los agricultores.
"Con ese dinero en este momento no da para reconstruir ¿Por qué? Porque es más caro. Porque han subido los precios, porque hay una oferta y una demanda, porque no hay suelo. Es decir, por una serie de circunstancias, ahora es más caro", explica Martín Pérez. "Esos 224 millones de euros quizás puedan faltar para poder reconstruir todo, pues, digamos: 'Oiga, van a venir este año tantos, van a venir el año próximo tantos. Usted va a tener tres o cuatro años para hacer ese proceso'. Y a partir de esa fecha, deberíamos estar todos con esa producción otra vez nueva. Lo que nos gustaría es que el manto negro pase a ser verde de plátano, como era antes de la erupción".
Sobre el terreno, César señala al gran obstáculo para que la negra colada se vaya tornando de nuevo en verde. "Yo conozco varios amigos míos que quieren retomar su cultivo. ¿Cuál es el problema? Que no tienen el acceso. Es lo que falta a la gente, son los accesos. Sin acceso no te dan la licencia, no te lo permiten, y ¿cómo llegas? Él quiere, él tiene el dinero, tiene la voluntad, pero ¿y cómo llego yo ahí?", se pregunta el agricultor.
A su espalda, dentro del invernadero, una excavadora realiza los últimos preparativos sobre la tierra traída ex profeso desde Los Llanos y alojada sobre la piedra volcánica para hacer posible el cultivo de las plataneras. A final de mes, espera estar cultivando, pero a su alrededor, casi todo sigue siendo colada de lava.
"Para poder recuperar totalmente las fincas que se perdieron, eso implica, evidentemente, abrir los caminos que llegan a las fincas. Y poner el agua. Hay que pensar que una finca con tierra sin agua no es nada, es un terreno baldío", declara Javier Llamas, alcalde de Los Llanos de Aridane, el municipio que perdió la mayor cantidad de hectáreas cultivadas en el valle y que mantiene lo que él denomina su "guerra contra el Estado" para recibir las ayudas que se ajusten a toda la infraestructura perdida durante la erupción que debe ser ahora reconstruida. "Yo no no pretendo que me manden el dinero de golpe. Yo lo que quiero es que hagamos una hoja de ruta. Soy el municipio peor parado. Mi reconstrucción se va a parar si no cuento con el Estado. Yo no tengo 66 millones de euros. No tengo ni la mitad".
César se muestra optimista sobre cuándo podrá reactivar su producción. Para su finca, solo falta completar las zanjas y la instalación del riego por aspersión, gestionado por una comunidad de regantes. Una vez que tenga agua, planea sembrar a finales de septiembre o principios de octubre, esperando que la producción comience en 10-12 meses, y la cosecha en 3-4 meses adicionales. Cree que pronto sus vecinos seguirán su ejemplo y el de otros y el paisaje volcánico irá recuperando su antigua apariencia.
"Yo creo que poco a poco le damos un susto a todo esto. Cuando se empezó en todo esto por aquí, éramos dos, tal vez tres. Este fue el primero que hizo. El resto, nadie quería hacer nada. De hecho yo tengo un familiar que en su momento le dije que yo iba a empezar y me dijo que no lo veía y cuando vino a vérmela dijo: 'Contra, Dios, pues mira, no pensaba…'. Él no pensaba que era posible. Pues ahora ya está haciéndola la de él", declara César, que ya ha reconstruido también su vivienda, aunque no en Todoque, de momento.
—¿Se puede decir que ya casi estás a punto de superar la crisis del volcán?
—"En mi caso… sí. Lo principal sí, yo creo que sí".
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