Las librerías abren sus puertas, pero los números no cierran | El Dia

calendar_today 01.10.2026 - person  - timer ~3 Minutos

No hay librería en la Región en la que no se vea todo el tiempo a varios clientes potenciales buscando adquirir algún libro. Sin embargo, las cuentas para el sector no cierran, porque la caída en las ventas no deja de ocurrir, como tampoco el aumento de los costos, según se reflejó ayer en una nota publicada en este diario.

Este contraste fue señalado por los propietarios de los locales, quienes aseguran que los lectores no perdieron el interés, pero que cada vez se les dificulta más comprar. De modo que las facturaciones están generando pagos de hasta cuatro cuotas por libro.

A nivel nacional, la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines (FALPA) hizo un relevamiento entre 1.200 librerías de todo el país —del que participaron libreros platenses— que resultó revelador: entre 2023 y 2026, la venta de libros cayó aproximadamente un 25 %, mientras que la facturación real se redujo un 41,5 %. En paralelo, los costos operativos aumentaron un 31,1 %. Está claro que los números no cierran.

“No solicitamos privilegios. Reclamamos condiciones que permitan competir, trabajar y sobrevivir. El esfuerzo individual de los libreros tiene un límite. Ese punto está llegando”, advirtieron desde FALPA.

Existe un fenómeno, si se quiere, revolucionario, dado el contexto tecnológico en el que se vive actualmente, según lo reflejó la nota publicada: lejos de lo que podría suponerse, las pantallas y el entretenimiento digital no necesariamente alejaron a los lectores de los libros.

Por el contrario, los libreros aseguran que en algunos segmentos se observa un renovado interés por el formato papel.

“Hay una vuelta al libro muy impresionante entre la gente de 30 y 40 años, que pasa muchas horas frente a las pantallas y vuelve al libro de papel como una necesidad.

Pero se nota mucho la baja del poder adquisitivo”, señalaron. Esta tendencia también se observa entre los más chicos: “Los papás, preocupados por el uso de pantallas, vuelven al formato de papel para calmarles la ansiedad. También están los que buscan volver a la lectura de un cuento a la noche, antes de dormir”, añadieron.

No debiera ser preciso aludir a los beneficios al intelecto, al avance de las ciencias y a la cultura social que ofrece el acercamiento a los libros, de modo que debiera aguardarse una recomposición más equilibrada en el mercado de edición y venta de ejemplares.

Existen datos de la realidad que deben ser considerados. Decisiones de muchas escuelas como las de prohibir el uso de celulares y otros adelantos tecnológicos en las aulas, la vuelta al uso de papel, biromes, pizarrones y tizas que recomiendan especialistas —y que ya aplican con sus hijos los referentes digitales de Silicon Valley— o la libertad personal que implica la lectura de un libro en papel, parecieran demostrar que hay una reacción en el mundo.

Es de esperar que ello se expanda, que se superen las dificultades que afectan a todo el mercado editorial y que las librerías recobren el protagonismo que siempre tuvieron en la cultura del país.

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