Las ciudades esponja de Europa convierten la lluvia en un recurso

calendar_today 17.10.2026 - person  - timer ~5 Minutos

Las bruscas oscilaciones meteorológicas han convertido el agua en una doble amenaza para las ciudades europeas. Cuando llegan las tormentas, sobra. Cuando llegan las sequías, falta.

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Pero algunos expertos creen que el modelo de 'ciudad esponja', un enfoque basado en la naturaleza para la planificación urbana que China empezó a desarrollar hace dos décadas, puede ayudar a las ciudades a dar un nuevo sentido al viejo consejo de ahorrar para los tiempos de escasez.

El modelo consiste en adaptar las zonas urbanas con espacios verdes, superficies permeables y sistemas de almacenamiento de agua para absorber, retener y reutilizar la lluvia en lugar de dejar que se escurra. Así se reduce la presión sobre los sistemas de drenaje y se conserva agua para utilizarla en los periodos secos.

"Una de las formas más efectivas en que las ciudades pueden adaptarse es revertir un siglo de diseño urbano que trató la lluvia como un residuo y no como un recurso valioso", señala Justin Abbott, investigador y responsable de agua para Europa en la consultora de ingeniería Arup.

¿Qué es una "ciudad esponja"?

El modelo de ciudad esponja fue desarrollado a principios de los años 2000 por el paisajista chino Kongjian Yu.

Propuso utilizar elementos como estanques, humedales y canales de drenaje ajardinados para captar la lluvia antes de que acabe en las alcantarillas y los ríos. Sostuvo que ralentizar la escorrentía reduciría el riesgo de inundaciones durante las tormentas, mientras que el agua de lluvia podría aprovecharse para recargar los acuíferos o regar parques en épocas secas.

La vegetación también ayudaría a refrescar las calles durante las olas de calor y, en algunos casos, unos suelos sanos y los humedales podrían ayudar a proteger frente a los incendios forestales.

Tras unas inundaciones catastróficas que causaron la muerte de 79 personas en Pekín en 2012, sus ideas cobraron mayor protagonismo.

En 2014, China adoptó unas directrices nacionales para el desarrollo de ciudades esponja y, un año después, el país puso en marcha un programa piloto en 16 ciudades, entre ellas Wuhan, Xiamen y Chongqing. En 2016 se sumaron otras 14 ciudades, incluidas Shanghái y Shenzhen.

China aspira ahora a que, para 2030, el 80% de sus zonas urbanas consolidadas funcionen como ciudades esponja.

¿Podrían las ciudades esponja hacer que Europa sea más resistente?

Europa lleva décadas experimentando con proyectos similares de gestión del agua.

Entre 1998 y 2002, la ciudad sueca de Malmö transformó su barrio de Augustenborg, propenso a inundaciones, instalando cubiertas verdes, humedales, estanques de retención y seis kilómetros de canales de agua. Durante las grandes tormentas de 2007 y 2014 sufrió muchos menos daños por inundaciones que otros barrios.

En la ciudad neerlandesa de Róterdam, la plaza de agua Benthemplein, inaugurada en 2013, funciona como pista de baloncesto y espacio de recreo cuando hace buen tiempo, pero durante las lluvias intensas sus tres cuencas pueden almacenar temporalmente hasta 1,7 millones de litros de agua.

Inaugurada un año después en Dinamarca, la plaza Tåsinge Plads, en Copenhague, recoge el agua de los tejados cercanos mediante depósitos subterráneos y jardines de lluvia, zonas poco profundas con vegetación que permiten que el agua se infiltre en el suelo.

La Comisión Europea quiere ampliar proyectos como estos por todo el continente. Su Estrategia de Resiliencia del Agua de 2025 pidió más ciudades esponja y la restauración de más humedales, y ahora el bloque está desarrollando un "Sponge Facility" (mecanismo esponja) para ayudar a impulsarlas.

Los cambios no serán necesariamente fáciles. Los edificios protegidos, las calles estrechas y las infraestructuras enterradas dificultan la rehabilitación de los cascos históricos con estas soluciones de adaptación. Pero Abbott sostiene que eso no es una excusa para no pensar de forma creativa.

"Estos desafíos deberían animar a afinar mejor dónde actuamos, no a quedarnos de brazos cruzados", afirma, y sugiere intervenciones más pequeñas como retirar el pavimento de los patios, plantar más árboles e instalar cubiertas verdes parcial o totalmente cubiertas de vegetación.

Las ciudades esponja son una herramienta "potente", pero no una solución para todo

Ahora bien, incluso la ciudad más verde solo puede absorber una determinada cantidad de lluvia. Durante las tormentas extremas, el suelo se satura y los sistemas de almacenamiento se llenan, de modo que el exceso de agua ya no tiene por dónde evacuar.

Las inundaciones catastróficas registradas en torno a Valencia en 2024 pusieron de manifiesto las trágicas consecuencias que pueden producirse cuando unas lluvias extremas desbordan las defensas de una ciudad.

"Las medidas de ciudad esponja son poderosas, pero no pueden hacer frente por sí solas a todos los desafíos", explica Abbott.

Las ciudades necesitan también sistemas de drenaje convencionales, embalses más grandes y rutas designadas que puedan evacuar el agua de las inundaciones cuando los jardines de lluvia y los humedales alcanzan su capacidad, añade.

Se trata de algo que va más allá de la ingeniería. Abbott defiende que las autoridades municipales, las empresas de agua, los promotores y los propietarios de terrenos comparten la responsabilidad de gestionar la lluvia. Las decisiones que toma uno de estos actores, expone, pueden afectar a barrios enteros.

"A la hora de planificar y diseñar las ciudades, tenemos que situar el agua en primer plano", afirma. "Tenemos que 'design with water' (diseñar con el agua)".