Las antesalas del crimen

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Los invetigadores policiales manejan una serie de indicadores que señalan si una desaparición repentina puede ser voluntaria o si, por el contrario, ha podido ser forzada. Se las etiqueta como de “inquietantes” o de “alto riesgo”. Son diversos los elementos que conducen a una de las dos hipótesis; que la persona desaparecida se haya llevado la documentación, dinero, su teléfono móvil, ropa, etc.., o no. Jesús María Baranda fue inicialmente dado por desparecido a pesar de que la Guardia Civil siempre desconfió de las circunstancias en que se produjo el supuesto viaje que decían que estaba haciendo y del que no volvía. Meses después de su presunta marcha, su cabeza acabó apareciendo en un paquete que su pareja, Carmen Merino, había confiado a una amiga. Dossier Negro aborda el asunto en su última entrega.

En 2018, en la localidad de El Campillo, en Huelva, se organizaron batidas para buscar a una joven profesara recién llegada, que iba a ocupar una plaza de docente en un centro educativo en la comarca. Había desaparecido. La búsqueda no se extendió por más de cinco días porque, finalmente, su cadáver fue hallado en una zona de matorrales a cuatro kilómetros del pueblo. Su vecino, Bernardo Montoya, que acaba de salir de prisión fue detenido y, finalmente, condenado por el crimen.

José Bretón, declarando durante el juicio contra él 

José Bretón, declarando durante el juicio contra él Europa Press

· Lo sagrado. José Bretón simuló en 2012 la desaparicón de sus hijos Ruth y José, de seis y dos años, en un parque de la ciudad de Córdoba. Finalmente, las cenizas de los niños -quemó sus cuerpos en una hoguera-aparecieron en una finca familiar. Bretón negó ser el asesino, pero, ya condenado y en prisión, en 2017 confesó a las autoridades penitenciarias haberlos matado. Había acabado con la vida de lo que la inmensa mayoría de padres consideran sagrado: los hijos.

· Larga espera. La desparición de la joven Diana Quer en la localidad de A Pobra do Caramiñal en 2016 fue muy pronto descartada como voluntaria. Su huída no tenía sentido. No había razones para ello. La señal de su teléfono se había interrumpido súbitamente. Muy pronto la Guardia Civil centró sus sospechas en un delincuente de poca monta llamado Enrique Abuín Gey, El Chicle, que, casi 500 días después de los hecho, confesó haberla matado y dijo dónde había escondido el cadáver.

· A traición. En mayo de 2011, Rosa María tenía que abrir, como cada sábado, el frankfurt donde trabajaba, pero no se presentó. Su marido, Ricardo Fernández Villaescusa, dijo a los Mossos que la había visto irse a trabajar normalmente y que él había salido a caminar para aclarar sus ideas después de que aquella noche hubieran discutido. A los policías se les encendieron todas las alarmas. Cuatro meses después, ya detenido Fernández Villaescusa, fue localizado el cadáver de la mujer con un gigantesco corte en el cuello.

· Sin opciones. Anabel Segura salió a correr en 1993 por su urbanización de la Moraleja, en Madrid, y unos inviduos la subieron a una furgoneta y la secuestraron. Muy pronto dejó de considerársele una joven desparecida porque unos desconocidos reclamaron un rescate por ella. Insistieron en diversas ocasiones, aunque la habían asesinado seis horas después de retenerla. El secuestro de Anabel conmocionó al país. Los autores fueron detenidos y, dos años y medio después de los hechos, recuperado el cadáver. Netflix realizó una mini serie documental sobre el caso.

Enrique Figueredo Navarro

Redactor de La Vanguardia desde 2005 en áreas de Sucesos e Internacional. Codirector del podcast Dossier Negro. Antes en El Mundo y en Antena 3 Radio. Últimos libros: 'A la velocidad del hachís' y 'Mala gente'