Diego Márquez
Ceuta, 29 ago (EFE).- Los migrantes de origen magrebí y subsahariano que permanecen acampados en la playa del Trampolín y las inmediaciones del Centro de Estancia Temporal de Extranjeros (CETI) de Ceuta esperan la tramitación de sus casos, en un fin de semana en el que los movimientos vecinales han suspendido sus protestas.
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Esta parada previa a la semana en que Ceuta celebra el Día de la Autonomía, el 2 de septiembre, trata de evitar que los mensajes racistas tomen fuerza en una comunidad arraigada históricamente en el diálogo entre culturas, han apuntado a EFE fuentes del movimiento vecinal que está detrás de las manifestaciones.
La Ciudad Autónoma de Ceuta afronta este fin de semana sin movilizaciones previstas después de varios días en los que los ciudadanos han convocado actos de protesta que han desembocado en la playa del Trampolín.
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La llegada de la manifestación de este pasado viernes a las inmediaciones de este enclave y la playa contigua de Benítez se producía entre cánticos de "No somos racistas, somos realistas", antes de que los centenares de personas convocados por los movimientos vecinales dejaran de avanzar por el fuerte cordón policial establecido tras los episodios violentos aislados del jueves.
La marcha finalizaba con momentos de tensión entre vecinos y con periodistas.
Además, se escucharon consignas que, según las fuentes consultadas por EFE, pueden dar lugar a que se identifiquen estas protestas con el mensaje de grupos ultra llegados desde fuera de Ceuta, por lo que han considerado necesario dejar pasar, en principio, el fin de semana para calmar los ánimos.
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La sociedad ceutí se resiste en este sentido a la fractura social y sigue tratando de hacer su vida en comercios y bares, con más medidas de seguridad, pero como siempre en armonía, en español y también en darija quienes hablan el idioma del país vecino.
Son estos ceutíes los que en los barrios más cercanos a las playas del Trampolín y Benítez ayudan a los que otros consideran 'invasores', hablando su idioma, comprándoles comida o asistiéndoles en la medida de sus posibilidades.
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Estos grupos de migrantes, por otro lado, se organizan en el Trampolín con sus propios sistemas de comercio y trueque: puestos con galletas o latas de atún; mantas con camisetas como las que se pueden ver en el centro de ciudades como Madrid o Granada, en la Península; improvisados estancos al por menor y hasta un joven que corta el pelo y arregla la barba a otro.
Los grupos de legionarios controlan desde el paseo marítimo que conatos de discusión entre unos y otros no terminen en peleas o que no alteren el normal funcionamiento de la ciudad.
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Llegan a este extremo de la ciudad cerca del CETI ceutíes que practican ciclismo o corren por las inmediaciones, mientras en el campamento improvisado los jóvenes migrantes, y algunos no tan jóvenes, comienzan el día en las duchas, transportando material para las chozas o barras de pan desde el supermercado cercano. EFE
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