La travesía del Winnipeg, el barco con el que Pablo Neruda salvó a dos mil refugiados de la Guerra Civil Española y los llevó a Chile

calendar_today 03.09.2026 - person  - timer ~8 Minutos

El Winnipeg, el barco que fletó Neruda con republicanos españoles

La derrota de la República en 1939 llevó a miles de refugiados españoles a campos de internamiento en Francia, donde sufrieron hambre, enfermedades y muertes

“Yo los puse en mi barco. / Era de día y Francia / su vestido de lujo / de cada día tuvo aquella vez, / fue la misma claridad de vino y aire / su ropaje de diosa forestal. / Mi navío esperaba / con su remoto nombre ‘Winnipeg’”, dicen los primeros versos de Misión de amor, el poema de Pablo Neruda. Con esas palabras, el poeta chileno se refiere a una movida solidaria poco conocida que lo tuvo como protagonista apenas terminada la Guerra Civil Española: el rescate de 2.078 republicanos españoles retenidos en “campos de internamiento” franceses y su traslado en barco a Chile para que pudieran comenzar una nueva vida.

Tras la derrota de la República, en abril de 1939, centenares de miles de españoles cruzaron la frontera con Francia para escapar de la represión franquista. El gobierno francés internó a la mayoría de ellos en unas barracas construidas de apuro cerca de la frontera, verdaderos campos de concentración donde no había agua potable, la comida escaseaba y las condiciones sanitarias eran pésimas, condiciones que provocaron la muerte de muchos de ellos por desnutrición y todo tipo de enfermedades.

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Neruda, que había sido cónsul chileno en Barcelona y Madrid entre 1934 y 1936, ciudades donde conoció a Federico García Lorca, Miguel Hernández, León Felipe, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda y muchos otros escritores e intelectuales que apoyaban a la República. Conmovido por la situación de los refugiados, junto con el ministro de Relaciones de Chile, Abraham Ortega Aguayo, convencieron al presidente Pedro Aguirre Cerda, que había llegado al Palacio de la Moneda como candidato del Frente Popular, para que el estado apoyara la migración del mayor número posible de refugiados. El gobierno aceptó, con la condición de que se priorizara la selección de personas con perfiles técnicos, aunque finalmente embarcarían también pescadores, campesinos, albañiles, zapateros, artistas y sus familias.

Para financiar el viaje unieron esfuerzos el Comité Chileno de Ayuda a los Refugiados Españoles, el organismo del Gobierno republicano en el exilio Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles, la Federación de Organizaciones Argentinas Pro Refugiados Españoles (FOARE), El Comité Nacional Pro Defensa de la República Democrática junto al Comité Central de Españoles desde Uruguay y el Ateneo Español Republicano de Bogotá.

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La travesía del Winnipeg estuvo marcada por el intento del capitán Gabriel Pupin de entregar a los refugiados al franquismo y por la intervención de Emile Sellon y Jean Rivoual (EFE/ Juan Morales)
La travesía del Winnipeg estuvo marcada por el intento del capitán Gabriel Pupin de entregar a los refugiados al franquismo y por la intervención de Emile Sellon y Jean Rivoual (EFE/ Juan Morales)

Para que coordinara la operación y seleccionara a los viajeros, el presidente Aguirre Cerdá nombró a Neruda cónsul delegado para la Inmigración Española y lo envió a Paris. Allí, el poeta y diplomático se ocupó personalmente de entrevistar a los postulantes. Realizó la convocatoria que él mismo se ocupó de redactar y se distribuyó en los campos de internación. “Españoles. Tal vez de toda la vasta América fue Chile para vosotros la región más remota. También lo fue para vuestros antepasados. Muchos peligros y mucha miseria sobrellevaron los conquistadores españoles. Durante trescientos años vivieron en continua batalla contra los indomables araucanos. De aquella dura existencia queda una raza acostumbrada a las dificultades de la vida. Chile dista mucho de ser un paraíso. Nuestra tierra solo entrega su esfuerzo a quien la trabaja duramente”, decía. Y agregaba en otro párrafo: “Republicanos: Nuestro país os recibe con cordial acogida. Vuestro heroísmo y vuestra tragedia han conmovido a nuestro pueblo. Pero tenéis ante vosotros solo una perspectiva de labor, que puede ser fecunda, para bien de vuestra nueva patria, amparada por su gobierno de base popular”.

Winnipeg
Pablo Neruda, como cónsul delegado para la Inmigración Española en París, entrevistó a los postulantes y convocó a los republicanos a rehacer su vida en Chile

La respuesta fue masiva e inmediata. Uno de quienes se presentó a las entrevistas fue el ingeniero Víctor Pey, que durante la Guerra Civil se había encargado de adaptar la industria metalúrgica catalana a la fabricación de municiones y armas de guerra. “Creí que era una gestión perdida porque fue muy poco cálida la entrevista con Neruda, pero a los diez días recibí una nota que decía que abordásemos (con mi hermano) de inmediato el Winnipeg”, contó muchos años después.

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El Winnipeg era un buque mercante de 5.000 toneladas construido en los astilleros Atéliers et Chantiers de France, en El Havre en 1918. En 1939 su propietario, France Navigation, lo puso a disposición del Comité Internacional de Información, Cooperación y Ayuda a la España Republicana para que trasladara refugiados desde el puerto español de Alicante a Orán. A pesar de que el buque era un viejo carguero que normalmente no llevaba más de veinte personas, entre junio y julio fue adaptado para acomodar a los más de dos mil refugiados españoles.

Para principios de agosto estaba todo listo, con el barco en condiciones de zarpar y los viajeros seleccionados. “No teníamos autorización para vivir en Francia, y teníamos miedo de ser deportados. Fue una gran alegría poder subir a ese barco que nos iba a traer a la libertad”, recordó Mercedes Corbato en 2014, cuando se cumplieron 75 años de la llegada del barco a Chile.

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Pablo Neruda impulsó el rescate de 2.078 republicanos españoles y organizó su viaje a Chile en el barco Winnipeg tras la Guerra Civil Española (EFE/MTI/Archivo)
Pablo Neruda impulsó el rescate de 2.078 republicanos españoles y organizó su viaje a Chile en el barco Winnipeg tras la Guerra Civil Española (EFE/MTI/Archivo)

El Winnipeg zarpó del puerto fluvial de Pauillac la mañana del 4 de agosto de 1939 al mando del capitán Gabriel Pupin. Esa misma noche, en el consulado, Pablo Neruda escribió una frase que luego volcó en sus memorias, Confieso que he vivido: “Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie”. Ese “poema” era haber embarcado a los refugiados en el barco que les salvaría la vida.

Cuando se alejaron de la costa francesa, muchos de los refugiados creyeron que ya estaban a salvo y que solo los esperaba una tranquila travesía hacia América. No sabían que su destino se estaba jugando en una sorda batalla que se libraba entre varios miembros de la tripulación. El mayor enemigo de los refugiados era el propio capitán Pupin, un hombre que simpatizaba abiertamente con el nazismo, que pretendía entregarlos al franquismo en un puerto español. Frente a él se plantaron el marinero jefe Emile Sellon y Jean Rivoual, que se lo impidieron con el apoyo de otros miembros de la tripulación.

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Hijo de uno de los refugiados que abordó el barco, en su libro-reportaje Los Españoles del Winnipeg, el barco de la Esperanza, el escritor Jaime Ferrer Mir pudo reconstruir esa puja a partir de los testimonios de pasajeros y tripulantes. “Casualmente llegaron a mis manos dos importantes escritos testimoniales, uno del pasajero del Winnipeg Ovidio Oltra y el otro, escrito por Emile Sellon, el marinero jefe de la tripulación, cuyo relato fue publicado en Francia en 1970. Emile Sellon relata pormenorizadamente cómo fue la travesía de este buque de bandera francesa desde la perspectiva de la tripulación, lo que calza perfectamente con lo narrado por Ovidio Oltra, quien fue uno de los pocos pasajeros que conoció las intrigas y los sabotajes que intentó realizar el comandante de la nave, el capitán Gabriel Pupin. La importancia de rescatar estos testimonios radica en que aportan una serie de antecedentes inéditos que nos permiten sostener que el arribo de estos más de dos mil españoles refugiados fue no sólo una odisea, sino un verdadero milagro. Sin la intervención de Emile Sellon, habría sido imposible que el Winnipeg llegara al puerto de Valparaíso”, cuenta.

La travesía duró un mes y los últimos días de navegación el Winnipeg los hizo cerca de la costa y a oscuras, por temor a sufrir atentados de submarinos alemanes. El 26 de agosto de 1939 el barco atracó en Arica, en el norte chileno, donde descendió un grupo de pasajeros que quería instalarse allí. Finalmente, la noche del 2 de septiembre el Winnipeg entró al puerto de Valparaíso, donde los migrantes recién pudieron desembarcar al día siguiente. “Llegamos al anochecer al puerto de Valparaíso y se postergó para el día siguiente el desembarco. Lo primero que vimos fue muy bonito: los cerros de Valparaíso todos iluminados”, contó Víctor Pey en una entrevista realizada muchos años después.

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Winnipeg
Los refugiados del Winnipeg llegaron a Valparaíso en septiembre de 1939, donde fueron recibidos por autoridades chilenas, entre ellas Salvador Allende, que organizó la vacunación contra el tifus

En tierra los refugiados fueron recibidos por autoridades del gobierno, entre las cuales se encontraba el ministro de Sanidad Salvador Allende, el mismo que llegaría a la presidencia tres décadas más tarde. Su presencia allí no era simplemente protocolar, sino que se encargó personalmente de organizar la vacunación de los migrantes contra el tifus.

Entre quienes pisaron suelo chileno se encontraban el dramaturgo y ensayista José Ricardo Morales, el pintor José Balmes, la artista plástica, Roser Bru, el historiador Leopoldo Castedo, el periodista Isidro Corbinos, su colega Elena Gómez de la Serna, la actriz y dramaturga Monserrat Julió, la pianista Diana Pey y su marido, el ingeniero Víctor Pey. También la niña Agnes América Winnipeg Alonso Bollada, nacida durante la travesía.

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En los días siguientes, los refugiados se separaron. Un gripo se quedó en Valparaíso, con la intención de radicarse allí; otros abordaron un tren para cruzar a la Argentina con destino a Buenos Aires, mientras que la mayoría se dirigió a Santiago, donde al bajar del tren fueron recibidos por una multitud de españoles refugiados y chilenos simpatizantes de la República.

Cuando los refugiados del Winnipeg desembarcaron en el puerto de Valparaíso, Pablo Neruda no estaba allí para recibirlos, pero seguía presente en el agradecimiento de cada uno de ellos. El pintor José Balmes lo expresó así: “Nunca jamás, ni siquiera al final de mi vida voy a hacer lo suficiente por agradecer el hecho de estar en este país y de ser ciudadano chileno, gracias justamente a Pablo Neruda. Como alguien dijo alguna vez: ‘las deudas de amor no se terminan de pagar nunca’ y esta es una gran deuda que yo tengo con él todavía”.

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