La tortuga de acuario que de adulta pesa 4 kilos y mide 60 cm se ha convertido en una especie invasora en España. Y nadie lo vio venir

calendar_today 04.08.2026 - person  - timer ~4 Minutos

Durante años, una pequeña tortuga verde, acompañada de una piscina de plástico y una palmera, ocupó un lugar habitual en numerosos hogares españoles. Sin embargo, aquella popular mascota de acuario escondía un crecimiento difícil de prever y una enorme capacidad de adaptación. La tortuga de Florida, cuyo nombre científico es Trachemys scripta, acabaría protagonizando una invasión silenciosa en los ríos urbanos. Su expansión amenaza hoy a la fauna autóctona y plantea también riesgos para la salud humana.

La especie procede de Norteamérica y alcanzó su máxima popularidad comercial durante las décadas de 1980 y 1990. «En los años 80 y 90, todos los críos querían tener una tortuguita verde, con su piscina y su palmerita», explicó María Jesús Palacios, directora de Programas de Conservación de la Dirección General de Sostenibilidad de la Junta de Extremadura. El reducido tamaño de las crías facilitó su llegada a las viviendas. Muchos compradores, no obstante, desconocían las dimensiones que podían alcanzar esos animales al madurar.

Una tortuga de Florida adulta puede pesar entre 3 y 4 kg y medir entre 20 y 60 cm, dependiendo de la subespecie. Ese desarrollo termina convirtiendo un pequeño reptil doméstico en un animal complicado de mantener dentro de un acuario convencional. Algunos propietarios optaron entonces por liberarlo en estanques o cauces, convencidos de que favorecían su bienestar. La decisión, lejos de ayudarlo, abrió la puerta a la propagación de una de las especies exóticas invasoras más extendidas de España.

Una invasión en el Guadiana

La Junta de Extremadura puso en marcha en 2021 un protocolo destinado a controlar o erradicar esta tortuga, especialmente abundante en los tramos urbanos de los ríos. Desde entonces, los equipos responsables han retirado más de 5.000 ejemplares y alrededor de 500 puestas en apenas cuatro kilómetros del Guadiana, principalmente a su paso por Badajoz. La concentración en áreas urbanas coincide con los lugares donde el comercio de estos animales tuvo una mayor implantación. Pese a las actuaciones, los pescadores continúan detectando nuevas sueltas.

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Foto: El ejemplar capturado en las aguas del Guadalquivir (Miguel Clavero)

El tamaño, la fuerza y el comportamiento competitivo de la tortuga americana perjudican especialmente al galápago leproso (Mauremys leprosa). «Nos queda mucho trabajo por hacer, sobre todo pensando en que tenemos que proteger a nuestras especies autóctonas, como el galápago leproso… La tortuga de Florida es más grande, más poderosa y más agresiva», advirtió Palacios. Los ejemplares invasores ocupan rocas y troncos donde los reptiles toman el sol para regular su temperatura. Sin acceso a esas zonas de asoleamiento, los galápagos autóctonos pueden acabar muriendo por hipotermia.

Riesgo ecológico y sanitario

La diferencia entre ambas poblaciones refleja la magnitud del problema: la proporción estimada alcanza ocho tortugas de Florida por cada galápago leproso. Además, la especie invasora vive una media de 20 años en la naturaleza y puede llegar a los 40 en cautividad. Cada hembra deposita alrededor de 20 huevos por puesta, una capacidad reproductiva que dificulta su control. Su alimentación incluye peces, carroña y crías de otros animales, como pollitos de pato o aves que caen de sus nidos.

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Foto: Una orca en el Estrecho de Gibraltar (EFE/Asociación WeWhale/Cristina Otero)

La presencia de Trachemys scripta también supone un riesgo de transmisión de Salmonella, una bacteria capaz de pasar del animal a las personas y provocar problemas gastrointestinales graves. Su venta está prohibida en España desde 2013 y figura entre las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo. Las autoridades piden a quienes no puedan seguir cuidando de estos reptiles que soliciten su recogida y nunca los abandonen en la naturaleza. El hallazgo de tortugas falsa mapa (Graptemys pseudogeographica), de vientre rojo, galápagos chinos (Mauremys reevesii) y galápagos de cuello rayado (Mauremys sinensis) en el Guadiana alerta de que la misma historia podría repetirse con otras mascotas exóticas.

Durante años, una pequeña tortuga verde, acompañada de una piscina de plástico y una palmera, ocupó un lugar habitual en numerosos hogares españoles. Sin embargo, aquella popular mascota de acuario escondía un crecimiento difícil de prever y una enorme capacidad de adaptación. La tortuga de Florida, cuyo nombre científico es Trachemys scripta, acabaría protagonizando una invasión silenciosa en los ríos urbanos. Su expansión amenaza hoy a la fauna autóctona y plantea también riesgos para la salud humana.