Hay novelas que parten de un viaje para contar una aventura. Otras utilizan el movimiento apenas como una excusa para mirar hacia adentro. La sal, de Adriana Riva, pertenece a este segundo grupo. Aunque la historia avanza por las rutas de la provincia de La Pampa, el verdadero recorrido transcurre en otro territorio: el de la memoria, los vínculos familiares y los interrogantes que acompañan a una hija durante buena parte de su vida.
La protagonista es Ema, una mujer que carga desde la infancia con una sensación difícil de explicar. Un accidente sufrido cuando era niña marca un antes y un después en la relación con su madre, Elena. Aquella experiencia no solo deja una huella física, sino también emocional. Desde entonces, Ema percibe una distancia imposible de acortar, como si existiera una parte de su madre que permaneciera siempre fuera de su alcance.
Ya adulta, embarazada de su segundo hijo y atravesando una etapa de replanteos personales, decide dejar de convivir con esa incertidumbre. Antes de que sea demasiado tarde, organiza un viaje junto a Elena, su hermana y una tía hasta el hogar judío donde su madre pasó la infancia. La esperanza es sencilla y, al mismo tiempo, enorme: descubrir que regresar al origen permita comprender quién fue realmente esa mujer que siempre le resultó un misterio.
Un viaje donde las respuestas nunca son definitivas
Lo que podría convertirse en una historia de reconciliaciones termina tomando un camino mucho más interesante. Adriana Riva evita las revelaciones espectaculares y apuesta por algo más cercano a la experiencia cotidiana: entender que incluso las personas más íntimas conservan zonas inaccesibles. Cada conversación entre madre e hija parece abrir una puerta, pero detrás aparece otra igual de cerrada.
La novela trabaja con esa tensión permanente. Ema intenta reconstruir el pasado familiar mientras descubre que la identidad de Elena está atravesada por múltiples capas: la infancia, los mandatos sociales, el matrimonio, la maternidad y el esfuerzo por ocupar un lugar dentro de un mundo al que sintió que debía pertenecer. Lejos de presentar personajes unidimensionales, Riva construye mujeres llenas de contradicciones, capaces de generar ternura y frustración al mismo tiempo.
La autora busca exhibir y entender que incluso las personas más íntimas conservan zonas inaccesibles
Uno de los grandes aciertos del libro es justamente la forma en que aborda la maternidad. Aquí no aparecen madres ejemplares ni villanas. Elena es una mujer que hizo lo que pudo con las herramientas que tenía, mientras Ema intenta comprender cuánto de esa historia también explica sus propias inseguridades y su manera de habitar el presente. La novela sugiere que las relaciones familiares rara vez responden a categorías simples de culpa o inocencia.
En ese sentido, La sal también reflexiona sobre las herencias invisibles. No solamente las que pasan por la sangre o la historia familiar, sino aquellas que se transmiten mediante los silencios, los gestos, las expectativas y todo aquello que nunca llega a decirse. La dificultad para expresar el afecto ocupa un lugar tan importante como los recuerdos o los acontecimientos que impulsan la trama.
El verdadero recorrido transcurre en la memoria, los vínculos familiares y los interrogantes que acompañan a una hija durante buena parte de su vida
La escritura acompaña esa búsqueda con notable sensibilidad. La prosa de Adriana Riva parece sencilla, pero detrás de esa aparente transparencia hay un trabajo minucioso sobre el lenguaje. Las imágenes aparecen con naturalidad y logran condensar emociones complejas sin necesidad de grandes explicaciones. El humor, presente en dosis justas, funciona como un contrapunto que humaniza aún más a los personajes y evita que la historia caiga en el dramatismo.
Otro rasgo distintivo es la decisión de colocar a las mujeres en el centro del relato. Los personajes masculinos permanecen en un segundo plano mientras la novela concentra toda su atención en las relaciones entre madres, hijas, hermanas y tías. Ese universo femenino, con sus complicidades, desencuentros y heridas compartidas, sostiene una narración que nunca deja de interrogarse sobre qué significa realmente conocer a otra persona.
Más que una novela sobre un viaje, La sal es una historia sobre la imposibilidad de llegar por completo al otro, incluso cuando ese otro es la propia madre. Adriana Riva construye un relato íntimo y profundamente humano que se aleja de los lugares comunes para hablar de la maternidad, la memoria y los lazos familiares desde un lugar de enorme honestidad. El resultado es una novela delicada, conmovedora y de una notable profundidad emocional, que confirma a su autora como una de las voces más singulares de la narrativa argentina contemporánea.
La sal
adriana riva
Editorial: Odelia
Páginas: 136
Precio: $35.000
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