Más allá de evidenciar el descalabro educativo de España, el último informe PISA puso en relieve otro de los puntos débiles del sistema español: la tasa de repetición. El 22% del alumnado de 15 años ha repetido al menos un curso, una tasa que casi triplica la media de la OCDE y que evidencia las dificultades para reducir la aplicación de esta medida en los institutos. Son varios los expertos y organismos que señalan el fracaso educativo que supone obligar a un alumno a que vuelva a estudiar el mismo curso y defienden que la clave está en llegar a tiempo antes de que el alumnado con dificultades "descarrile", para lo cual hacen falta muchos más recursos en las aulas.
La propia OCDE lo advierte en su análisis educativo, donde deja claro que la evidencia de las últimas décadas ha demostrado que "esta práctica se asocia, en muchos casos, con resultados educativos menos favorables, mayores desigualdades y un incremento del riesgo de abandono escolar temprano". "La repetición de curso es la antesala del fracaso escolar", coincide Alonso Gutiérrez, adjunto a la secretaría de políticas educativas de la Federación de enseñanza de CCOO. Según explica a 20minutos, se trata de un problema "complicado", pues proviene de una tradición académica de décadas y de un sistema educativo que, pese a las reformas que se han ido impulsando, no es capaz de brindar un apoyo personalizado que detecte las dificultades de cada alumno antes de que sea demasiado tarde.
Solo hay que observar los datos del resto de países para ver que es una realidad muy enquistada en España. En el conjunto de la OCDE, el 7,9% del alumnado de 15 años ha repetido al menos un curso y en el total de la Unión Europea (UE) la repetición alcanza al 12,9% del alumnado, casi la mitad de la tasa española, que se situó en 2025 en el 22%. España está todavía muy lejos de alcanzar los niveles de repetición de otros países como Reino Unido (2,7%), Finlandia (3,3%), Suecia (3,9%), Irlanda (4,6%), Francia (9,4%), Italia (10,1%) o Portugal (15%).
"Esto es un mal endémico de nuestro sistema educativo en comparación con los países de nuestro entorno. Y la solución no pasa tampoco porque haya una promoción automática y que todo el mundo apruebe y se pueda titular con suspensos. Hay que prevenir, como hacen los países nórdicos desde hace años", defiende a este periódico Ramón Izquierdo, secretario de acción sindical de ANPE. Que España siga ocupando los primeros puestos en alumnado repetidor es, para Izquierdo, "un síntoma de que el sistema educativo no está respondiendo adecuadamente a las necesidades del alumnado". Porque el fracaso, dice, no aparece "de la noche a la mañana": "Cuando un alumno llega a repetir es porque seguramente tiene un historial de fracaso escolar de más de un curso".
Izquierdo defiende abordarlo con un menor número de escolares por aula que sea capaz de atender a las particularidades de un alumnado cada vez más diverso. El representante de ANPE reivindica una educación inclusiva "real", con más medios y recursos. "Hay que usar la codocencia, que haya más de un docente impartiendo a cada alumno según su nivel, que haya apoyos y desdobles en determinadas áreas y materias…", subraya. Y ese apoyo, añade, tiene que estar "antes de que aparezca el problema" para detectarlo lo antes posible. "Es como un árbol que si se tuerce al principio, lo podemos enderezar, pero cuando ya ha crecido y es mayor, cuesta mucho enderezarlo", ilustra.
La solución, insiste, no es eliminar la repetición, pues eso tampoco acabaría con el fracaso, sino que lo arrastraría a los cursos posteriores al seguir promocionando sin los conocimientos mínimos exigidos para la titulación. "Si queremos que nuestros alumnos sean competentes, tenemos que ver en qué falla nuestro sistema. Por eso pedimos también la reducción del horario lectivo del profesorado, porque si atiende a menos grupos, podrá adaptar los contenidos a cada ritmo y ayudar a los alumnos a superar sus barreras de aprendizaje para sacar su máximo potencial".
El problema, según coincide también el representante de CCOO, es que el profesorado cada vez tiene más dificultades para atender a un alumnado muy diverso. En las aulas hay, año a año, más niños con necesidades educativas, con alguna discapacidad, y más población inmigrante, pero ese aumento de la complejidad no ha ido de la mano de un aumento de medios para los docentes o de un refuerzo de plantillas. "La diversidad del alumnado ha crecido entre un 60 y un 70%, pero los recursos que van a la atención de ese alumnado no han aumentado más de un 26-27%. Existe una asimetría enorme entre las nuevas necesidades del sistema educativo y la respuesta que dan las administraciones. Es una decisión política", subraya Gutiérrez.
En esa línea argumenta también Fernando Villalba portavoz del sindicato STEs-I, que recuerda que, de los ocho millones de escolares que hay en España en la educación pública no universitaria, en torno a 200.000 son alumnado con Necesidades Educativas Especiales (NEE), es decir, el 15,6%, que en algunas comunidades como Cataluña, con mucha más inmigración, se dispara al 30%. El problema no es que haya más alumnado diverso, sino, como señalan ambos, que no se hayan dado herramientas a los profesores para que garanticen que nadie, o al menos casi nadie, se quede atrás.
Izquierdo, de ANPE, recuerda que el Gobierno tiene pendiente impulsar un plan de inclusión educativa, que según la LOMLOE, debe desplegarse a los diez años de su entrada en vigor. "Hemos visto algún borrador, pero tampoco terminan de concretar con los medios adecuados. Sí es cierto que se habla de codocencia, de mayor profesorado de pedagogía terapéutica, de apoyo, ocio y lenguaje, orientación educativa... pero ya hace cinco años que entró en vigor la ley, vamos tarde".
La LOMLOE, aprobada en 2020, estableció que la repetición debía ser una medida "excepcional" que, en cualquier caso, debería decidir el claustro de docentes. Pero las cifras demuestran un impacto todavía escaso de esa reforma: se ha pasado de un 28,7% de repetidores de 15 años en 2018 a un 21,7% en 2022 (ya con la nueva ley) y al 22% de esta última edición. "Yo creo que no ha dado todavía tiempo para que esto vaya permeando en el sistema educativo. Es verdad que la repetición de curso a veces se ve como una solución quizás más inmediata, pero sí que ha bajado respecto al año 2000, que estaba en torno al 40%", explica Gutiérrez, de CCOO, que sí que es partidario de imponer con menos frecuencia la repetición.
A su parecer, esta medida sería efectiva en casos determinados en los que haya necesidades de adaptaciones curriculares importantes, o en los cuales se sepa que si repite, el alumno podrá conseguir llegar a los niveles de competencia que se exigen para terminar la enseñanza obligatoria. "Además, creo que tendría que ser una medida flexible. No siempre tiene sentido repetir el curso completo y volver a repetir todas las materias cuando quizás ha aprobado la mayoría", defiende.
Más allá del elevado coste económico que implica la repetición escolar —unos 3.000 millones de euros al año, según el Consejo Escolar—, hay también un coste emocional en los alumnos a los que se les impone la medida. "Sacas a ese chico de su entorno social, que para un adolescente es fundamental, y ya le estás señalando y le estás diciendo que se queda atrás. Eso influye mucho psicológicamente, y desmotiva académicamente también", asegura.
La propia OCDE demuestra en el informe PISA que el alumnado que no ha repetido obtiene mejores resultados. El organismo habla incluso de una "clara desventaja académica del alumnado que ha repetido" con brechas en las tres competencias que se analizan. El alumnado que no ha repetido obtiene, en promedio, 100 puntos más en ciencias, 95 puntos más en lectura y 96 puntos más en matemáticas que el alumnado repetidor.
El estudio dibuja también una brecha muy significativa entre los centros públicos y los privados, que alcanza los 13,6 puntos porcentuales: la tasa de repetición en institutos públicos está en el 26,3%, mientras la de los privados se sitúa en el 12,7%. Esa diferencia entre ambas titularidades es, además, mucho mayor que la que presenta la OCDE de media (2,3 puntos) y la Unión Europea (1,1).
El análisis territorial revela una elevada heterogeneidad entre comunidades y ciudades autónomas. Las mayores tasas globales de repetición corresponden a Ceuta y Melilla, donde más de cuatro de cada diez estudiantes de 15 años han repetido al menos un curso. También presentan porcentajes muy elevados Andalucía (28,8%), La Rioja (28,6%), la Comunidad Valenciana (28,6%), Aragón (27,8%) y Canarias (27%). En el extremo opuesto se sitúan el País Vasco (14,1%), Cantabria (18,2%), Principado de Asturias (19,1%) y la Comunidad de Madrid (19,6%).