La química detrás de la orina felina, así consiguen los gatos que sus mensajes duren meses

calendar_today 21.09.2026 - person  - timer ~5 Minutos

La orina desempeña un papel mucho más importante en la vida social de los gatos de lo que puede sugerir su presencia cotidiana en el arenero. Tanto los felinos domésticos como sus parientes salvajes utilizan sus marcas de orina para dejar información a otros individuos, ya sea para señalar la ocupación de un territorio, advertir de su presencia o proporcionar información relacionada con su estado reproductivo. Son mensajes químicos que pueden permanecer en el entorno durante muchísimo tiempo, incluso cuando el animal que los dejó ya se ha marchado.

La ciencia del comportamiento conoce desde hace tiempo la importancia de este particular sistema de comunicación, pero todavía quedaban preguntas por responder sobre cómo consigue la orina mantener determinadas señales químicas con tanta estabilidad. Ahora, un equipo internacional de investigadores ha identificado que unas pequeñas gotas de grasa acumuladas en los riñones almacenan compuestos que actúan como una especie de firma química individual y que posteriormente son liberados a través de la orina.

Una ‘tarjeta de visita’ química diferente para cada gato

Para estudiar qué componentes de la orina podían estar detrás de esta individualidad, los investigadores recogieron muestras de 44 gatos domésticos y utilizaron las de 27 de ellos en pruebas en las que otros gatos olfateaban las muestras. Cuando encontraban un olor nuevo, los gatos mostraban con mayor frecuencia la conocida como respuesta de Flehmen, ese gesto en el que entreabren la boca y parecen hacer una peculiar mueca mientras analizan un olor.

Aunque pueda parecernos una expresión de desagrado, la respuesta de Flehmen tiene una función relacionada con la detección de señales químicas. Al adoptar esta postura, el gato facilita que determinadas moléculas lleguen al órgano vomeronasal, una estructura sensorial situada en el paladar que participa en la detección de sustancias químicas relevantes para la comunicación entre animales.

Los investigadores analizaron después la composición de las muestras y encontraron 13 ácidos grasos de cadena ramificada, unas moléculas formadas por cadenas de carbono que pertenecen al grupo de los lípidos y que presentan la característica de que no se disuelven fácilmente en agua. Algunos de estos compuestos ni siquiera habían sido descritos anteriormente en las secreciones o excreciones de otros mamíferos.

Pero lo más interesante no fue solamente encontrarlos, sino comprobar que la combinación y proporción de estos ácidos grasos variaba de un gato a otro. Esa composición individual podría funcionar, por tanto, como una auténtica firma química,  una forma de que otro felino pueda distinguir quién ha dejado determinada marca.

Los experimentos también mostraron que los gatos podían diferenciar los olores asociados a estos compuestos incluso cuando los investigadores modificaban otros elementos presentes en la orina. Además, los ácidos grasos ramificados demostraron ser especialmente estables a medida que las muestras se evaporaban, manteniendo su composición durante más tiempo que otras sustancias presentes en la orina.

El misterio de las gotas de grasa de los riñones

La siguiente respuesta que se planteó el equipo era de dónde salen estos compuestos y cómo consigue el organismo mantenerlos relativamente estables. Para responderla, examinaron muestras de tejido renal procedentes de clínicas veterinarias, donde encontraron los mismos ácidos grasos almacenados en gotas microscópicas de lípidos, pequeñas estructuras llenas de grasa presentes en los riñones de los gatos.

Esta observación resulta especialmente interesante porque los científicos conocen desde hace más de un siglo que los gatos tienen una capacidad poco habitual para acumular grandes cantidades de lípidos en sus riñones, aunque hasta ahora no estaba claro qué función desempeñaban estas reservas. La nueva investigación plantea que podrían actuar como una especie de depósito de almacenamiento para los compuestos que forman la identidad química de cada animal. Los ácidos grasos quedarían protegidos dentro de estas gotas y serían liberados progresivamente en la orina, lo que contribuiría a mantener relativamente constante la combinación característica de cada gato pese a cambios en su alimentación o en su estado fisiológico.

Dicho de una manera sencilla, los riñones podrían estar funcionando parcialmente como una pequeña despensa química en la que almacenan determinados compuestos y ayudan a que lleguen a la orina con una composición suficientemente estable como para transmitir información sobre el animal que los ha producido.

Más curioso aún, esto no parece tratarse de un mecanismo exclusivo de los gatos domésticos. Los investigadores encontraron los mismos tipos de ácidos grasos de cadena ramificada en la orina de leones, tigres, leopardos, jaguares y linces, lo que plantea la posibilidad de que este sistema de comunicación química tenga un origen evolutivo mucho más antiguo.

Una señal importante para el bienestar felino

El descubrimiento no solo ayuda a comprender mejor cómo se comunican los gatos, sino que también puede tener implicaciones prácticas para su bienestar. El olor desempeña un papel fundamental en la vida de los felinos y puede influir en la manera en que perciben y responden a otros animales. Una marca de orina contiene información que otros gatos pueden detectar y utilizar, por lo que comprender mejor cuáles son esas señales puede ayudar en el futuro a diseñar estrategias para reducir situaciones de estrés relacionadas con los olores, tanto en hogares donde conviven varios gatos como en centros de acogida o instalaciones zoológicas.

La investigación también podría abrir otra línea relacionada con la salud. La extraordinaria capacidad de los gatos para acumular lípidos en los riñones se ha relacionado con problemas renales, y conocer qué función cumplen esas reservas podría ayudar a comprender mejor cómo se regula el almacenamiento de grasa en estos órganos. Los autores plantean incluso que el estudio de estos mecanismos podría aportar información para investigar procesos relacionados con otras enfermedades metabólicas.

Por ahora, sin embargo, aún quedan preguntas abiertas. Los investigadores todavía tienen que determinar con precisión cómo se regulan estas reservas de lípidos, cómo se incorporan los compuestos a la orina y hasta qué punto otros mamíferos utilizan mecanismos similares. Lo que ha quedado claro es que la orina felina es mucho más que un residuo del organismo. Para un gato es lo más parecido a una firma química, un mensaje capaz de permanecer en el ambiente durante meses y proporcionar a otros gatos información sobre quién pasó por allí, incluso meses después.

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