Son tantos los tesoros de Sicilia que más vale organizarse bien para no perderse nada de lo imprescindible. Y como es mucho lo que hay que ver, lo primero de todo es decidir la ruta. Si tu puerta de entrada a la isla es la ciudad de Catania, además de visitar Taormina, el impresionante Etna y los pintorescos pueblos de alrededor, no pases por alto Siracusa, porque en la preciosa isla de Ortigia (su centro histórico) y en apenas un kilómetro cuadrado podrás disfrutar de uno de los patrimonios arquelógicos más ricos de toda Sicilia.
La de Siracusa será también una de las paradas más gratificantes. En su pequeño territorio, la ciudad acumula 2700 años de historia griega, romana, bizantina y árabe. Pero es en la preciosa isla de Ortigia, la zona más antigua de la ciudad, donde se concentra lo mejor de Siracusa. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005, esta ventana al Mediterráneo está conectada a la ciudad moderna por el canal y pequeño puerto pesquero con dos puentes que atraviesan la dársena y separan esta joya histórica de la ciudad de Siracusa. Y aunque se le llama isla, en realidad Ortigia es una península que prolonga la ciudad de Siracusa hacia el sureste, adentrándose en un intenso mar azul.
El Templo de Apolo es el encargado de recibir a los visitantes a la entrada de la isla. Construido hacia el año 565 a.C., es el templo dórico más antiguo de Sicilia. De él quedan unas cuantas columnas y una historia fascinante: fue templo griego, iglesia bizantina, mezquita árabe, iglesia normanda y también cuartel español en el siglo XVI, un listado arquitectónico que define perfectamente la historia de Siracusa.
Justo al lado del templo, cada mañana se celebra el mercado local, un lugar donde los sabores de Sicilia cobran vida entre especias, verduras, pescados y frutas. Es uno de los mejores lugares para sentir el alma de la ciudad y reponer fuerzas en sus puestos de comida rápida.
Esta famosa fuente de agua dulce, que se encuentra entre el mar y el corazón histórico de Ortigia, es uno de los lugares más emblemáticos de la isla. Está rodeada de una vegetación exótica, incluso alberga uno de los pocos grupos de plantas de papiro que crecen de forma natural en toda Europa. Un pequeño oasis que está rodeado de miradores hacia el mar.
Además de monumental, la isla está también repleta de rincones mágicos, no siempre perceptibles a simple vista para los turistas. Un buen ejemplo es el viejo lavadero (Antico Lavatoio) que se encuentra en un subterráneo, a unos cuatro metros de profundidad, y rodeado de aguas frescas y cristalinas, algunas provenientes de manantiales subterráneos de agua dulce que recorren la zona (incluida la cercana Fuente de Aretusa). Es uno de los lugares más curiosos de la isla y la entrada es gratuita, pero el acceso se realiza a través del restaurante que está arriba de los lavaderos.
Entre un laberinto de callejuelas, el paseo continúa camino de la preciosa Piazza del Duomo, ubicada en el punto más alto y céntrico de la isla. Rodeada de bonitos palacios barrocos, es donde se encuentra la impresionante Catedral de Siracusa, que fue construida sobre un antiguo templo griego dedicado a Atenea y conserva las columnas dóricas originales. Aunque cuenta con varios estilos, la influencia normanda resulta evidente en todo el conjunto. En la plaza también podrás ver otros edificios representativos de Siracusa, como la iglesia Santa Lucía alla Badia, el Ayuntamiento (Palacio Senatoriale) o el Palacio Arzobispal con la Biblioteca Algoniana.
Otro de los rincones que merece una parada es la Piazza Archimede con la gran fuente de Diana, de estilo barroco y adornada con ninfas y sirenas. Es también una zona de paso hacia un laberinto de callejuelas barrocas de arquitectura con estilo español salpicada de tiendas, galerías y restaurantes.
Y para bonitas vistas, acércate hasta el Castello Maniace, situado en el extremo sur de la isla. Desde esta fortaleza del siglo XIII disfrutarás de una panorámica única hacia el mar Jónico.