
La menopausia dejó de ser un tema relegado al silencio y comenzó a ocupar un lugar más visible en la conversación pública. Figuras como Naomi Watts, Heidi Klum, Halle Berry y Monica Bellucci compartieron sus experiencias y pusieron en palabras los cambios físicos, emocionales y desafíos de esta etapa.
“No estoy embarazada. Solo estoy un poco más gorda. Es la menopausia”, respondió Heidi Klum, de 53 años y madre de cuatro hijos, ante comentarios negativos sobre su cuerpo en una alfombra roja de un festival.
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Halle Berry, de 60, confesó que al comienzo de este período se sintió “sola y deprimida”, aunque luego definió esta etapa como “el mejor capítulo de tu vida”. Y realizó tres cambios claves: volver a incluir carbohidratos en su dieta, priorizar el entrenamiento de fuerza y sumar creatina a sus suplementos habituales.
Naomi Watts, de 58, atravesó una menopausia precoz con síntomas desde los 36, cuando aún buscaba tener hijos. La situación le generó ansiedad, vergüenza y sensación de soledad. “A lo largo de mi carrera como actriz, he superado tsunamis y me he encontrado cara a cara con King Kong, pero nada me preparó para la menopausia precoz”, bromeó. Con el tiempo, eligió hablar del tema, buscar atención médica especializada e informarse para afrontar los cambios sin miedo ni estigmas.
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Monica Bellucci, 62 años, también propuso una mirada más amable sobre el paso del tiempo. Al cumplir 60, compartió sus “reglas” de vida, un conjunto de hábitos que combinan dieta mediterránea, ejercicio suave y autocuidado. Y un truco más: “No obsesionarse con la edad”.

En el marco del Día Mundial de la Menopausia, que se conmemora este 18 de octubre, los especialistas advierten que hubo una transformación en la forma de transitar esta etapa. Mucho se debe a que figuras públicas cuenten sus experiencias y también la mayor información y adelantos médicos.
La doctora Rosana Molina, médica del Servicio de Ginecología y Mastología, a cargo del Consultorio de Climaterio del Hospital Alemán, confirmó a Infobae esta tendencia: “La menopausia dejó de ser un tabú. No solamente porque las famosas hablan ahora de ello, sino porque existen más centros, mayor información y más especialistas que se dedican exclusivamente a este tema y explican a todas las mujeres que es una etapa más en la vida, que es una crisis vital, como puede ser la primera menstruación”.
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Este año, el Día Mundial pone el foco precisamente sobre esta problemática. El lema propuesto para 2026 por la Sociedad Internacional de Menopausia (IMS en inglés) es: “Dolor crónico en la mediana edad: del reconocimiento a la atención basada en la evidencia”.

La elección del tema parte de una constatación: el dolor crónico es frecuente en las mujeres de mediana edad, pero todavía puede estar subdiagnosticado o recibir un abordaje insuficiente.
Por su parte, la doctora Laura Maffei, médica endocrinóloga e investigadora clínica y directora de Maffei Centro Médico e Investigación Clínica Aplicada, recordó que durante décadas, la menopausia se atravesó en silencio: “Muchas mujeres aún llegan a este estadio sin saber qué esperar, aceptando como inevitables síntomas que pueden tratarse. Es un proceso natural en la vida femenina que marca el inicio de una fase que puede extenderse durante muchos años. Si bien la menopausia se considera establecida cuando han transcurrido 12 meses consecutivos desde la última menstruación, los cambios hormonales comienzan antes, durante la perimenopausia”.
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La especialista resaltó que, en los últimos años, cambió la manera de transitar este proceso. “Hay más preguntas, mayor interés por entender qué sucede en el organismo y una búsqueda activa de recursos para sostener la calidad de vida durante la etapa posterior”.

Por su parte, la doctora Susana Leiderman, consultora de la sección Endocrinología Ginecológica del Hospital de Clínicas de la UBA, explicó a Infobae: “A la menopausia algunas mujeres no la registran, otras la viven como una tragedia. Esto depende de la etapa de la vida y del nivel de educación sobre el tema”.
Las doctoras Leiderman y Gladys Fernández, médica de la División Ginecología del Hospital de Clínicas de la UBA, coinciden en que actualmente el climaterio se interpreta menos como “el fin de la edad reproductiva” y más como una nueva etapa llena de posibilidades a nivel personal y médico.
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Fernández sostuvo: “La menopausia es una excelente oportunidad para reflexionar sobre el crecimiento personal, replantear proyectos y realizar controles rutinarios. También implica una liberación para mujeres con menstruaciones abundantes o quienes temen quedar embarazadas, a pesar de utilizar métodos anticonceptivos”.

Para alcanzar el bienestar, ambas especialistas llaman a priorizar la salud y ajustar el estilo de vida. “La menopausia es un evento fisiológico de la vida de la mujer, no una enfermedad ni el inicio del envejecimiento. Es esencial comprender los cambios corporales y consultar al ginecólogo/a, recibir información respaldada por evidencia científica y decidir sobre la propia salud”, expresaron.
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Un informe del Hospital de Clínicas de Buenos Aires estima que el 75% de las mujeres experimenta molestias desde la llegada de la menopausia, incluso años antes de que se confirme. Estos síntomas físicos y mentales generan distintas expectativas y muchas dudas al transitar esta etapa.

La menopausia o climaterio constituye una etapa natural de la vida de la mujer, caracterizada por el cese de la menstruación y cambios hormonales. Se confirma luego de un año sin sangrado y suele presentarse alrededor de los 51 años, con un rango normal entre los 45 y los 55 años.
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El aumento de peso es una de las grandes preocupaciones entre las mujeres de 50 a 60 años y el cambio en el esquema corporal suele ser una consulta frecuente.
Los tres síntomas más comunes son los sofocos, los trastornos del sueño y los trastornos cognitivos —la llamada brain fog o niebla mental—, a los que se suman la sequedad vaginal y sus consecuencias: dispareunia, disuria, irritación e infecciones urinarias, que conforman el síndrome genitourinario de la menopausia. Otro grupo de manifestaciones que durante mucho tiempo recibió menos atención es el dolor muscular y articular y, en algunos casos, el dolor crónico.
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Según la doctora Maffei, las variaciones hormonales pueden influir en la respuesta al estrés, el descanso y el estado de ánimo. “Algunas mujeres se sienten más reactivas, presentan dificultades para dormir o atraviesan momentos de mayor vulnerabilidad emocional. Los sofocos nocturnos, además, pueden interrumpir el descanso y afectar al día siguiente”, describió.
La sexualidad también puede verse afectada. “La disminución de estrógenos puede generar sequedad vaginal, cambios en la lubricación y molestias durante las relaciones sexuales. A su vez, el descanso, el estado emocional y el equilibrio hormonal pueden influir sobre el deseo”.
Y completó: “Entender lo que sucede en el cuerpo permite identificar recursos adecuados cuando algún síntoma empieza a afectar el bienestar cotidiano”.
La doctora Molina explicó un síntomas del que no suele hablarse, el dolor muscular y articular: “Uno de los datos más recientes proviene de una revisión sistemática y metaanálisis que reunió 37 estudios realizados en 22 países e incluyó a 93.021 mujeres. Los investigadores encontraron que el dolor muscular o articular estaba presente en alrededor del 40% de las mujeres premenopáusicas. La proporción aumentaba al 57% durante la perimenopausia y llegaba al 59% después de la menopausia”.

Sin embargo, aclaró que estos resultados permiten identificar una asociación clara, pero eso no significa que todos los dolores tengan una única causa ni que puedan atribuirse exclusivamente a la menopausia.
“Los cambios en los niveles hormonales pueden participar en la aparición o modificación de determinados síntomas, pero el dolor en la mediana edad también está atravesado por otros factores. El envejecimiento musculoesquelético, la pérdida de fuerza y masa muscular, el sueño insuficiente, la fatiga, el estrés, el estado de ánimo, el sedentarismo, el peso corporal, las enfermedades preexistentes y determinados mecanismos de procesamiento del dolor pueden intervenir simultáneamente”, detalló la especialista.
Y completó: “Por eso, frente a una mujer que consulta por dolor durante la transición menopáusica, la pregunta no debería ser solamente si ‘es por las hormonas’, sino qué factores pueden estar contribuyendo al dolor en esa persona y qué necesita para mejorar. La revisión internacional para 2026 incluye entre los cuadros que pueden adquirir relevancia durante esta etapa a la fibromialgia, la migraña y el dolor pélvico crónico, condiciones que pueden coexistir y compartir algunos mecanismos relacionados con el sistema nervioso, el sistema inmunológico, las hormonas y la percepción del dolor”.

Un dolor que persiste, empeora, limita la actividad cotidiana, interfiere con el sueño o se acompaña de inflamación, debilidad, pérdida de movilidad u otros síntomas merece una evaluación, señaló la doctora.
“Preguntar por el dolor puede ser tan importante como preguntar por los sofocos, el sueño o los cambios en el ciclo menstrual. El objetivo no es medicalizar cada manifestación del climaterio, sino diferenciar los cambios esperables de aquellos síntomas que requieren diagnóstico y tratamiento”, expresó.

La doctora Molina explicó que el consultorio de climaterio puede funcionar como un espacio de evaluación inicial e integración. Allí se pueden analizar los síntomas de la transición menopáusica, los antecedentes personales y familiares y otros factores relacionados con el bienestar durante esta etapa. A partir de esa evaluación, diferentes disciplinas pueden aportar herramientas específicas:


“Las intervenciones sobre el estilo de vida pueden ocupar un lugar importante, especialmente la actividad física adaptada, el fortalecimiento muscular, el cuidado del sueño y otros hábitos relacionados con la salud general”, dijo la doctora Molina.
La especialista aclaró que en determinadas mujeres puede considerarse además el tratamiento hormonal de la menopausia, mientras que en otras pueden utilizarse alternativas no hormonales.
“Cuando existe una enfermedad musculoesquelética o un síndrome específico, será necesario tratarlo de acuerdo con su diagnóstico. La evidencia disponible no permite considerar a la terapia hormonal como un tratamiento universal para el dolor musculoesquelético. Una revisión reciente que evaluó la relación entre terapia hormonal y dolor musculoesquelético encontró resultados heterogéneos y señaló la necesidad de continuar investigando. Por eso, la decisión terapéutica debe ser individualizada y formar parte de una evaluación clínica completa”, afirmó.
Finalmente, la doctora Maffei destacó que con un “acompañamiento adecuado, prevención y una mirada integral, esta etapa puede ser un momento para conocer mejor el propio cuerpo, revisar hábitos y proyectar el futuro con autonomía y calidad de vida”.