Uno de los nombres más gloriosos de la comedia española tiene apellido de santo. Quizá por eso no es casualidad que buena parte de los proyectos que llevan su nombre sean una bendición para la taquilla: trabajo que firma, trabajo que se vuelve multimillonario. El guionista Diego San José (Irún, 1978) firmó junto a Borja Cobeaga el guion de la que es la película más taquillera de la historia de España, Ocho apellidos vascos (2014); también su secuela, Ocho apellidos catalanes (2015). En los últimos años ha destacado en series: es el creador de los éxitos Celeste, Yakarta o Su majestad. En conclusión: San José tiene buenas ideas.
Esta, sin embargo, llevaba años guardada en un cajón. Laura, una veinteañera amante del rock, histriónica y atrevida, en un vuelo Londres-Madrid se enamora de su compañero de asiento: Nacho, un médico mexicano todo lo contrario a ella, al que le encanta tenerlo todo bajo control. Las chispas saltan tanto que ella le propone que, si en el control de equipaje sale primero su maleta, continúan la noche en su casa. Para salirse con la suya, coge la primera maleta que ve... que, para desgracia (o gracia) de ambos, en realidad pertenece a unos terroristas.
PUBLICIDAD

Esta es la premisa de La maleta, la obra que más de siete años después ha llevado a la gran pantalla Carlos Therón (Salamanca, 1978), que primero se ideó como una serie y ahora es una película. No fue hasta la incorporación de los guionistas Carlos de Pando y Sara Antuña (Aída o Los Hombres de Paco) cuando el proyecto terminó de tomar forma. “La naturaleza de la película desde el primer momento venía de decir: cogemos personajes de comedia y los metemos en una Jungla de cristal o una película de acción”, señala su director, que ha dirigido éxitos como Fuga de cerebros 2, cuyo estreno en 2011 aglutinó a casi un millón de espectadores en los cines; Es por tu bien, 1,5 millones en 2017, y Lo dejo cuando quiera, que en 2019 cosechó 1,8 millones.
Protagonizada por Lucía Caraballo (Animal) junto al mexicano Alejandro Speitzer (Disco, Ibiza, Locomía), La maleta es una comedia de enredos que recuerda al slapstick más clásico a la par que aglutina romance y mucha, mucha acción. “En cada comedia siempre intento mantener dos o tres secuencias de slapstick en homenaje a [Buster] Keaton. Hay una forma de narrar que creo que se está perdiendo”, dice, sobre el humor visual y físico del que el cineasta de El maquinista de la General (1927) es uno de sus máximos exponentes.
PUBLICIDAD

“Las plataformas y la forma de consumo han cambiado. Muchas veces ni siquiera se está mirando la pantalla”, apunta. Pero la cinta también responde a otra de sus inquietudes: la sensación de que el cine contemporáneo ha perdido parte de su ligereza. “Puede ser que haya ciertas tendencias a hacerlo todo más solemne últimamente. Todo tiene como un poso y un peso y es menos ligero. Pero todo es cíclico y las comedias vuelven”, reflexiona. “La propuesta a lo mejor llega tarde, pronto, mal o bien y acertamos. No lo sé, pero lo que hay que ser es fiel y al tono y a la idea que estás trabajando”.
Para defender la propuesta, era importante el casting. Por eso Caraballo (Madrid, 1999), es “la piedra angular” del reparto qucompletanta Speitzer y la pareja policial formada por los veteranos Leonor Watling y David Lorente. “Para mí era importante que esta peli estuviera capitaneada por gente más joven, incluso gente que no sea tan conocida”, añade el director. Así es como consiguió la actriz su primer papel protagonista, pese a que ha participado en ficciones como El secreto de Puenteviejo, Estoy vivo o No me gusta conducir y debutó en 2009 en Águila Roja. “Carlos me dijo: “Es que te vi y lo tuve claro’”, recuerda la actriz.
PUBLICIDAD
Así, Lucía se pone en la piel de una veinteañera que no le teme a coger el toro por los cuernos. “Creo que puede sumar mucho a la comedia un personaje femenino, protagonista, errática e histriónica, que se siente con el derecho a ocupar espacio, coger lo que quiere y disfrutar”, reivindica. Una apreciación que comparte Watling: “Estamos superacostumbrados a ver a hombres haciendo cosas sin pedir perdón y siguiéndoles porque tienen carisma”, afirma.

La complicidad entre los intérpretes fue otro de los ingredientes fundamentales del rodaje. “Siento que nos hemos juntado gente que nos lo pasamos muy bien remangándonos y trabajando. Y la diversión estaba puesta ahí, en el set y en la historia”, explica Caraballo, que define a Speitzer como un compañero “superrespetuoso” y “sin un ego negativo”. “Te manda la pelota para que tú remates, hablando en cuestión de chistes y de gags. Te deja brillar cuando la secuencia lo pide, te deja llevar la acción. Es un muy buen compañero, además de un muy buen actor”, asegura.
PUBLICIDAD
En la ficción, los caminos de los binomios formados por Caraballo-Speitzer y Watling-Lorente terminan cruzándose cuando los terroristas secuestran a los padres de Laura para que les devuelva dicho equipaje con el mencionado artefacto, pero no sin antes atravesar una enrevesada gymkana llena de desdichas que pasan porque el personaje de Speitzer reciba una bala en el culo o que ambos se queden atrapados en el maletero de un autocar.
“Es una peli muy técnica, de mucha coreografía y de mucha coordinación”, reconoce Caraballo, mientras Lorente recuerda una secuencia en la que ambos protagonistas están esposados dentro de un coche patrulla y que termina con su personaje recibiendo una descarga eléctrica. “Hacer todo esto creíble, verosímil y cómico, con gracia y articulado es muy complicado”, explica el actor, que este año también ha estrenado Tres de más y Nuda propiedad. “La película es un escándalo surrealista, pero, ¿por qué no va a pasar?”, añade. “Lo bueno de las pelis así es que tú te entregas. Es como una montaña rusa. Estás subido en el carrito”, señala Watling, que añade que “no te paras a pensar: ‘¿El CNI haría eso?’. Si estás pensando eso, es que tienes un mal día”.
PUBLICIDAD

Pero para que la comedia funcione, no solo hubo que acumular situaciones disparatadas, sino saber medirlas. La tarea de encontrar el equilibrio entre acción, romance y humor se prolongó hasta la sala de montaje. “Es algo que puede ser obsesivo absolutamente, pero que por otro lado también nos gusta mucho”, explica. Y aunque las persecuciones y las escenas de acción apenas dejan margen para salirse del guion, el director sí procura dar cierta libertad a sus intérpretes: “Si a la comedia le metes demasiada partitura, probablemente te la cargas”.
Para Lorente, La maleta también es una oportunidad de reivindicar las posibilidades de la comedia española. “Sabemos hacer buenas comedias de aventuras, de acción. Sin miedo y con buenos actores y actrices podemos hacer películas españolas muy buenas”, defiende. Therón, por su parte, cuestiona que el cine se juzgue por cuestiones ajenas a sus cualidades cinematográficas. “Vivimos un momento en el que muchas veces las películas funcionan por motivos extracinematográficos. Hay cosas que se juzgan por las intenciones y no por la película en sí misma”, dice. “Casi me interesa más cómo se cuentan las cosas que el hecho en sí. Las películas y las historias son siempre las mismas. Lo que cambia es el cómo”, finaliza.
PUBLICIDAD