La historia del general innovador que soñó con un país industrializado: Manuel Savio y los inicios de la siderurgia nacional

calendar_today 31.07.2026 - person  - timer ~6 Minutos

General Manuel Nicolás Savio

El general Manuel Savio en Altos Hornos Zapla, provincia de Jujuy

El teniente primero Enrique Lutteral, responsable de la primera colada, contaría: “Con mis manos aferradas a un cucharón, recogí la colada. Después me senté en el pilón de una columna y me puse a llorar como un chico”.

Era el 11 de octubre de 1945 y el general Manuel Savio anunció que “allá en Jujuy, en un pueblito lejano, un chorro brillante de hierro nos ilumina el camino ancho de la Argentina. ¡Que su luz no se apague nunca!”.

PUBLICIDAD

Este militar fue un caso fuera de lo común. Estaba convencido de que debían aprovecharse los yacimientos ferríferos de la Sierra de Zapla, descubiertos casi por casualidad por dos lugareños, llamados Wenceslao Gallardo y Angel Canderle. Por 1939, ellos vivían en Jujuy y cazando en los bosques de Zapla, a unos veinte kilómetros de Palpalá, a Canderle le llamó la atención el color rojizo del suelo y, como conocedor de los minerales que era, envió muestras a Buenos Aires. Los resultados sorprendieron: habían hallado hematita, que en estado puro contiene el 69% de hierro. El mineral fue llamado “zaplita”. Hubo estudios geológicos que reconfirmaron el hallazgo.

Altos Hornos Zapla
El yacimiento de Zapla en sus inicios, en la entrada a una mina (Archivo General de la Nación)

Esto llamó la atención de Savio, que insistía que más allá de la actividad agrícola ganadera, el país debía industralizarse. Manuel Nicolás Aristóbulo Savio, hijo y nieto de inmigrantes genoveses, había nacido en Buenos Aires el 15 de marzo de 1892. En 1930, siendo teniente coronel convenció al general Uriburu, presidente de facto que había desalojado a Hipólito Yrigoyen del poder, de crear una institución que pudiera formar a ingenieros militares a fin de prepararlos para el desarrollo de una industria del armamento, que no solo abarcaba las armas y municiones, sino además los aviones. Así nació la Escuela Superior Técnica, para algunos un complemento de la Escuela Superior de Guerra. Savio fue su primer director y profesor, y en un santiamén la transformó en un centro de estudio de los problemas técnicos de la industria pesada.

PUBLICIDAD

Sabía de lo que hablaba. Se cansaba de alertar que, ante un conflicto armado, nuestro país no contaría con el armamento suficiente. Junto al general Enrique Mosconi, emblema de YPF, lideraban la vertiente industrialista dentro del Ejército.

General Manuel Nicolás Savio
Una imagen de 1947, en la que el presidente Perón está en el centro, sosteniendo un cigarrillo con la mano enguantada. Savio es el segundo, desde la derecha

No solo se le ocurrió, sino que se puso al hombro el ambicioso proyecto de crear una industria siderúrgica nacional, usando minerales extraídos en el país. “A cualquier precio debe explotar sus yacimientos de hierro”, sostenía por 1942.

PUBLICIDAD

Altos Hornos Zapla, creada el 23 de enero de 1943, fue la primera planta siderúrgica argentina y en su momento una de las más grandes de América del Sur.

Pasó a depender de la Dirección General de Fabricaciones Militares, organismo que fue también inspiración de Savio, dedicado a la producción de armamentos, y el militar logró levantar una docena de establecimientos que dependían de esta dirección.

PUBLICIDAD

Altos Hornos Zapla
Trabajadores en Zapla. El descubrimiento del yacimiento produjo un crecimiento explosivo en la región (Archivo General de la Nación)

Savio, siendo su director y negándose a cobrar su sueldo porque sostenía que ya cobraba el de general, apoyó la formación de empresas mixtas que produjesen metales y químicos para la fabricación de armas, que hasta entonces debían importarse.

La producción de armamentos era la principal preocupación del Ejército, en vistas de los conflictos que se daban tanto en América, como la Guerra del Chaco 1932-1935, como la chino japonesa 1937-1945, la remilitarización de Renania, la guerra civil española y la expansión del nazismo, aún cuando no había declarado la guerra.

PUBLICIDAD

Entre 1943 y el año siguiente se construyó el primer horno. El 11 de octubre de 1945, con la primera colada de arrabio, se comenzaba a producir acero en Argentina, hecho que pasó casi desapercibido por lo que ocurría en la ciudad de Buenos Aires con Perón detenido en Martín García, que provocaría la movilización del 17.

Planta General Savio, San Nicolás.
Vista de una grúa en la planta que llevaba el nombre del militar, en San Nicolás (Archivo General de la Nación)

Este hecho produjo la expansión de esta industria que atrajo a profesionales y a trabajadores, aún de países limítrofes, lo que provocó un crecimiento importante en la región. Palpalá, ubicada a unos trece kilómetros de San Salvador de Jujuy, creció en paralelo a la planta. En febrero de 1951 se inauguró el segundo horno.

PUBLICIDAD

En 1946, en los comienzos del primer gobierno peronista, Savio presentó el Plan Siderúrgico Nacional, y la constitución de la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA). No las tuvo sencillas: hubo ministros en el gabinete de Perón que se oponían al proyecto, pero luego de una reunión de dos horas con el primer mandatario y el gabinete, Perón lo abrazó y le ofreció su apoyo.

El proyecto entró al Congreso el 26 de julio de ese año y no se contentó con los votos de los diputados oficiales, suficientes para lograr la aprobación. Se dedicó a convencer a la oposición y asistió religiosamente a las sesiones donde una comisión especial había analizado hasta la última coma el proyecto. Primero fue aprobado en el Senado por unanimidad el 21 de junio de 1947, luego de una maratónica sesión que terminó a las siete de la mañana del día siguiente.

PUBLICIDAD

General Manuel Nicolás Savio
La clásica fotografía de Manuel Nicolás Savio, en su madurez. Murió a los 56 años, en 1948. su obra quedaría interrumpida por varios años

Para Savio, ese plan era el camino para que el país llegase a su independencia económica.

Savio fue su primer presidente y es el responsable de que la siderurgia fuera manejada por el Ejército. Su empuje e ideas llevaron a que presidentes tan distintos como Agustín P. Justo, Roberto Ortiz, Ramón Castillo, Edelmiro Farrel y Juan Perón lo apoyasen en sus iniciativas.

PUBLICIDAD

Asimismo, impulsó la industria minera, especialmente la extracción de cobre, hierro, plomo, estaño, manganeso, wolframio, aluminio y berilio, en distintos puntos del país, y un programa de prospección geológica en la Antártida, así como la producción de caucho natural y sintético.

En plena actividad, ya como general de división, falleció de un ataque cardíaco el 31 de julio de 1948. Tenía 56 años.

Nunca sabría por qué Perón no avanzó en el plan siderúrgico. Muchos compañeros de armas lo criticaron cuando, siendo presidente, no hizo o no quiso hacer nada por el desarrollo de esta industria, más aún cuando Brasil hacía tiempo que había tomado la delantera.

Habría que esperar hasta que el presidente Arturo Frondizi, en 1960, impulsara la producción en San Nicolás, donde años antes había fundado la Escuela 30 que hoy lleva su nombre.

Hoy Altos Hornos Zapla, adonde se llega por la ruta provincial 56, es un conjunto de edificios abandonados, y promocionado como un lugar ideal para el turismo aventura, lejísimo de los sueños de ese militar que imaginaba un país desarrollado de la mano de la industria siderúrgica.