La gente vive más años, pero no con mejor salud

calendar_today 22.07.2026 - person  - timer ~4 Minutos

La esperanza de vida ha aumentado de forma espectacular en el último siglo, hasta alcanzar los 73,8 años, gracias a la fuerte reducción de las enfermedades infecciosas, la mortalidad materna e infantil, así como a los avances en la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónicas.

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Sin embargo, los años ganados no se viven necesariamente con buena salud, según un nuevo estudio publicado en el 'The Lancet Public Health'. Dado que el aumento de la esperanza de vida supera las mejoras en la esperanza de vida saludable en casi todos los 204 países y territorios analizados, los autores sostienen que los sistemas sanitarios deben dejar de centrarse solo en alargar la vida y pasar a mejorar la calidad de esos años adicionales.

En todo el mundo, la población pasó de media el 14,5 % de su vida en mala salud en 2023, y los investigadores constataron que una mayor esperanza de vida se acompaña cada vez más de enfermedades no mortales y discapacidades.

Los países donde la población vive más tiempo también registraron más años en mala salud, lo que sugiere que el aumento de la esperanza de vida está ampliando el periodo de enfermedad y discapacidad a lo largo de la edad adulta, en lugar de aplazarlo únicamente a los últimos años de vida.

En 2023, las personas en los países más ricos pasaron el 15,7 % de su vida en mala salud, mientras que la superregión del África subsahariana presentaba la menor brecha de morbilidad, de nueve años.

Países Bajos registró el mayor aumento absoluto: la proporción de vida transcurrida en mala salud pasó del 13,2 % en 1990 al 15,7 % en 2023.

Las mayores brechas de morbilidad, es decir, la duración o proporción de vida vivida con mala salud, se observaron en Estados Unidos, Australia y Canadá.

En cambio, Nauru, las Islas Salomón y Laos presentaron las menores brechas de morbilidad, con menos años de su vida en mala salud.

Qué está impulsando esta brecha

Los autores detectaron que las afecciones no mortales explican el 57,4 % de la brecha de morbilidad mundial, ya que aumentan el tiempo que la población vive con discapacidad o con un estado de salud deteriorado.

Los principales factores entre estas afecciones fueron los trastornos musculoesqueléticos, como el dolor lumbar; los trastornos mentales; las enfermedades de los órganos sensoriales, como la pérdida de audición asociada a la edad; y las lesiones accidentales.

En los países de renta más baja, las carencias nutricionales, las infecciones respiratorias, la tuberculosis y las enfermedades tropicales desatendidas figuran también entre los principales factores.

El estudio identificó además múltiples factores de riesgo, entre ellos un índice de masa corporal elevado, la malnutrición infantil y materna, el consumo de tabaco, unos niveles altos de glucosa plasmática en ayunas y la contaminación atmosférica.

El consumo de drogas y el consumo elevado de alcohol se situaron entre los diez principales factores de riesgo que contribuyen a la brecha de morbilidad únicamente en la superregión de ingresos altos, mientras que las prácticas sexuales de riesgo aparecieron como factor destacado solo en el África subsahariana.

¿Cómo será un futuro saludable?

Según los autores, las conclusiones plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de los sistemas de cuidados sociales y sobre cómo repartir los recursos entre prevención, tratamiento e innovación. Dado que el porcentaje de vida vivido con mala salud ha aumentado de forma constante desde 1990, resulta urgente centrar la atención en el envejecimiento saludable, definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez.

"Nuestros resultados sugieren que los futuros avances en la salud de la población no vendrán solo de ayudar a que la gente viva más años, sino de ayudarla a vivir con mejor salud", señaló Christopher Murray, autor principal del estudio y director del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington.

"El progreso en el envejecimiento saludable debe medirse no solo por la duración de la vida, sino por los años vividos con buena salud, con una mayor inversión en prevención, gestión a largo plazo de las enfermedades y atención crónica para reducir los años vividos con mala salud", añadió Murray.

Los autores del estudio sostienen que los modelos económicos indican que mejorar la salud actuando sobre el envejecimiento podría ofrecer mayores beneficios financieros que aumentar la esperanza de vida eliminando enfermedades concretas.

"Mejorar el envejecimiento saludable exigirá prestar más atención a las afecciones y factores de riesgo que impulsan los años vividos con discapacidad", afirmó Catherine Bisignano, coautora del estudio. "Abordarlos antes mediante la prevención y una mejor atención a largo plazo podría tener efectos significativos en la sociedad, en los sistemas sanitarios y en la economía".

Con este objetivo, el estudio reclama inversiones sostenidas en prevención, rehabilitación, servicios de salud mental y atención crónica, así como mejorar el acceso a tecnologías de apoyo y a modelos integrados de cuidados de larga duración.