Isabel Rodríguez Ramiro
Madrid, 19 ago (EFE).- Sales de Plata, una tienda del centro de Madrid especializada en fotografía analógica, y la histórica Casa Pibe, que el próximo año cumplirá un siglo, comparten desde enero propietarios en un momento en el que el carrete vuelve a despertar el interés de las nuevas generaciones, atraídas por una forma de fotografiar alejada de la inmediatez digital.
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Casa Pibe abrió sus puertas en 1927 -siendo una de las tiendas de fotografía más antiguas de la capital- y durante casi cien años ha ido pasando de mano en mano de la misma familia. Arturo, quien hasta ahora regentaba el negocio, era la tercera generación al frente de esta mítica tienda de fotografía ubicada en la calle de la Bolsa, a escasos metros de la Plaza Mayor.
Ante la idea de que el negocio familiar quedara relegado al olvido, Arturo pensó en Marta Arquero y Cristóbal Benavente, responsables de Sales de Plata y aún en la treintena, otra tienda de fotografía que abrió sus puertas hace una década en el colindante barrio de Las Letras y cuya trayectoria había seguido y con quienes encontró una forma de garantizar la continuidad del establecimiento.
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"Le gustaba mucho lo que estábamos haciendo y a nosotros nos pareció muy bonito seguir con su negocio familiar", confiesa Arquero a EFE
Ella y su socio asumieron el pasado enero la gestión de Casa Pibe con una premisa clara: mantener la actividad fotográfica y, sobre todo, conservar la esencia del local. Los carteles y los mostradores siguen en su sitio y también las cámaras, los talleres y las exposiciones.
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No han querido convertir Casa Pibe en una pieza de museo sino mantenerla como una tienda viva, adaptada a las necesidades actuales pero sin borrar las huellas de las tres generaciones que la precedieron.
Una de las novedades está en la planta superior, que durante años funcionó como almacén y que ahora están acondicionando para poder impartir cursos.
Esta operación supone algo más que el relevo de un propietario. En un centro de Madrid donde muchos comercios tradicionales han dejado paso a negocios dirigidos al turismo, Casa Pibe mantiene su identidad y se encamina hacia su centenario como establecimiento dedicado a la fotografía.
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Hacer una fotografía nunca había sido tan sencillo: sacar el móvil, apuntar y disparar. Si no gusta, se borra; si algo falla, se repite. Y si aun así no funciona, la inteligencia artificial puede hacer el resto. Quizá por eso, en plena era de la imagen infinita, cada vez más jóvenes están buscando una cámara que les diga justamente lo contrario: piensa antes de disparar.
"Ey, detente, hazme una foto con tiempo, con calma", resume Arquero al explicar el renovado interés por la fotografía analógica, una corriente que, asegura la fundadora de Sales de Plata, dejó hace tiempo de ser una simple moda.
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"Solo tienes una oportunidad" es, precisamente, parte de su atractivo. La fotografía analógica obliga a tomar decisiones y a aceptar el azar, frente a una cultura visual en la que cada día se suceden miles de imágenes y en la que la perfección puede corregirse prácticamente hasta el infinito.
Arquero cree que ahí puede estar una de las claves del regreso del carrete entre quienes, por edad, ni siquiera tienen recuerdos asociados a él: "Se habla mucho de la nostalgia, pero hay gente de veintipocos años disparando en carrete cuya nostalgia no puede ser porque nunca llegaron a vivirlo", relata.
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El regreso del analógico también se refleja en el mapa de tiendas de Madrid. Aunque lejos de "las siete" se concentraban en el centro de Madrid hace dos décadas, según recuerda Arquero, sí hay nuevos como La Peliculera o Miyagi Studio conviven hoy con establecimientos más solera como Fotocasión, que mantienen su oferta de fotografía analógica.
Algunas de las cámaras que durante años quedaron olvidadas en los cajones familiares han vuelto incluso a revalorizarse. Es el caso de la Olympus MJU, una compacta que en su día se regalaba con frecuencia en las comuniones y que hoy puede rondar los 300 euros.
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"Nos ha llegado alguien que la quiere vender en su caja original de El Corte Inglés, con la etiqueta del precio en pesetas", recuerda Arquero.
En Sales de Plata llevan años escuchando la misma pregunta: si la vuelta al carrete es una moda pasajera. La respuesta, a estas alturas, parece clara. "Si después de siete años nos siguen preguntando si es una moda, se puede pensar que no, que esto ya está completamente establecido", concluye. EFE
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