La culpa (siempre) es de las mujeres: de “se embarazan por un plan” a “no se embarazan para arruinar el plan”

calendar_today 23.08.2026 - person  - timer ~12 Minutos

Ailín Cubelo Naval

“La maternidad será deseada o no será” es uno de los emblemas de la lucha feminista

“Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes”, arremetió el Presidente Javier Milei, en un discurso en el Consejo de las Américas. El ataque despectivo y culpabilizador busca responsabilizar al movimiento que permitió ampliar los derechos de las mujeres en la Argentina a decidir sobre su cuerpo y su vida de los problemas económicos de Argentina.

En épocas de crisis, las mujeres suelen ser un chivo expiatorio: las que muerden la manzana (o la dejan de morder) cuando el paraíso se convierte en infierno. Las que quieren quedarse engendrando o las que salen porque no quieren engendrar. Hagan lo que hagan, siempre son señaladas por sus conductas.

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Las que son egoístas y no tienen hijos, las que se embarazan por un plan, las que quieren cobrar una jubilación después de dedicarse a cambiar pañales en vez de abrir un negocio, las que quieren irse de vacaciones en la misma fecha que sus chicos no tienen colegio, las que no pueden ir al trabajo porque pueden perder un embarazo o las que no quieren o pueden embarazarse con una responsabilidad de por vida si tienen una vida en la que no pueden llegar a fin de mes.

En su discurso en el Consejo de las Américas, el 20 de agosto, Javier Milei relató que Argentina no llega a una tasa de crecimiento en la población y apuntó: “Esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre también nos está costando caro en términos de crecimiento“.

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Los movimientos feministas como “Ahora que sí nos ven” pidieron garantizar condiciones dignas de vida para las mujeres

Javier Milei arremetió: “Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes”. No estaba hablando de su posición ante los derechos sexuales, sino de crecimiento económico. Pero castigar a las mujeres parece ser un atajo para desviar la atención de la falta de despegue de las empresas y las familias.

En momentos en que el país es sacudido por casos de femicidios e intentos fallidos de asesinar a embarazadas, se puso el gatillo en el cuerpo de las mujeres. “La pasión por asesinar niños en el vientre de la madre nos está costando caro en términos de crecimiento y ni les cuento en el sistema previsional”, sentenció el mandatario.

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Amnistía Argentina reclamó que se implementen cuidados compartidos, acceso a la vivienda y salarios que alcancen para apoyar la maternidad

Por otro lado, el gobierno firmó, el 14 de agosto, la “Declaración del Consenso de Ginebra”, una alianza internacional de países que condenan el aborto. El problema es que en Argentina el aborto es legal y no se pueden denostar las normas nacionales mientras están vigentes para ponerse a contramano en el contexto internacional.

La baja de la tasa de natalidad es un fenómeno global que no puede cargarse sobre las ya recargadas espaldas de las mujeres. No son solo los cuerpos femeninos los responsables de criar. Y cuando el país necesita más población, no puede limitar derechos a los que llegan, sino invitarlos a que vengan.

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Una de las salidas a la baja de la tasa de la natalidad es fomentar y recepcionar a la migración (una vía que Argentina espanta dejando la cobertura de salud para extranjeros, asustando sobre la expulsión por redes sociales y retrocediendo en los derechos para quienes vienen a trabajar al país) para que haya más personas que trabajen, aporten cargas sociales, tengan hijos/as y paguen impuestos.

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La ilustradora Ro Ferrer reclamó más derechos para la infancia en vez de críticas a la marea verde

Las otras salidas son repartir el peso de la crianza entre mujeres y varones, licencias extendidas de paternidad y control de la responsabilidad económica de los varones cuando se separan. Porque, si criar ya es una odisea, remar sola en un barco en el que hay que endeudarse hasta para comprar leche y galletitas se convierte en una misión imposible.

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Actualmente, solo 1 de cada 9 madres solas pueden administrar una cuota alimentaria adecuada, según el informe “Incumplimiento de la obligación alimentaria en la Provincia de Buenos Aires: un problema estructural que profundiza las desigualdades de género”, del Ministerio de Mujeres de la Provincia de Buenos Aires.

La escritora nicaragüense Gioconda Belli advirtió en la columna: “La maternidad, un oficio amenazado”, de El País, que el problema es mundial y que no va a frenar en la medida que se rete y no se proteja a las madres para que puedan gestar, parir, nutrir, criar y cuidar a sus hijos e hijas durante toda la vida.

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“Los nacimientos seguirán disminuyendo mientras la sociedad no modifique de forma sustantiva su organización para atender la infancia de los seres humanos”, interpeló la escritora nicaragüense exiliada en España.

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La Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito repudió la adhesión de Argentina al Consenso de Ginebra

El embarazo, el parto y el nacimiento son los momentos que necesitan mayor atención. En el Congreso hay un proyecto de extensión de licencias para madres y padres que está archivado y que además permite días para llevar a los hijos e hijas al pediatra, asistir a los actos escolares o hacer la documentación.

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La maternidad no es un acto de magia, sino una contribución social y un trabajo no remunerado. Las mujeres no son esclavas y la maternidad tiene que ser un deseo, no un mandato sin escapatoria, ni opción.

Pero, en realidad, el problema no es que falten ganas, sino que la maternidad es cada vez más complicada sin acompañamiento público, empresarial y fomento de la conciliación de la vida laboral y social.

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El Fondo de Población de Naciones Unidas en Argentina mostró en una investigación que en Argentina las personas desean tener más hijos e hijas pero no pueden

Las mujeres no son valijas que se cierran haciendo presión, sentándose arriba y tirando del cierre para que lleven un bebé adentro del útero. La maternidad no se puede forzar, obligar, ni diseñar según la conveniencia social y, después, dejarle todo el trabajo a una madre sola.

La crianza debe ser acompañada con políticas económicas y sociales para que la maternidad sea posible sin la inmolación de mujeres a las que se les pide todo y no se les retribuye con nada a cambio. Cualquiera que sabe de negocios debería entender que pedir ir a pérdida en un contrato vital no es una buena motivación.

El control de la población es un concepto tan perimido como la esclavitud. No se puede planificar crecimiento económico a costa de que las mujeres tengan hijos obligatoriamente por el bien de la patria financiera, sin financiamiento para compatibilizar cuidados remunerados y no remunerados.

La maternidad no es un servicio maternal obligatorio o una colimba para dar la teta, hacer la cena y ayudar con la tarea. Las mujeres no pueden ser obligadas a parir para que haya mano de obra y para que no merme la contribución a las jubilaciones. Deben recibir jubilación por ser madres y ser reconocidas por su trabajo de cuidados.

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La Casa del Encuentro defendió la autonomía de las mujeres y pidió trabajo digno y redes de apoyo

Al margen de que, si el problema del crecimiento es una ley implementada en el 2021, estaríamos dependiendo de chicos que tendrían que entrar a primer grado con la responsabilidad de aprender el abecedario, hacer sus primeras sumas con ejemplos de caramelos y ser expertos en crecimiento económico con y sin dinero.

La maternidad sí es un deseo para muchas —no todas, pero sí muchas— mujeres que no pueden tener hijos/as porque no hay acompañamiento público, porque falta trabajo, porque las empresas no permiten la conciliación de la vida familiar y laboral y porque los varones no comparten las tareas de cuidado, de crianza y de responsabilidad económica y dejan la centralidad de la carga de la infancia, la adolescencia y la juventud en la siempre culpabilizada madre.

Y por otro lado, no es cierto que la legalización del aborto sea el problema. Más allá de que el mismo día, 30 de diciembre del 2020, se aprobó la ley de los 1000 días para acompañar los tres primeros años de vida. La Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo tiene en el centro de la frase una palabra central: voluntaria.

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La orgenización feminista Demus, de Perú, recalcó que por primera vez la OMS reconoció que forzar la continuidad de un embarazo es violencia de género

Es importante recalcar que las mujeres son personas con voluntad para decidir interrumpir un embarazo o continuarlo y que la intención de aprobar, conjuntamente, el aborto legal y el apoyo a los tres primeros años es a propósito para que ninguna mujer deje de tener un hijo por no tener plata.

El obstáculo es que el apoyo económico para las que necesitan respaldo para ser madres debería ser más alto y no que las que no quieren o no pueden ser madres tengan la libertad de hacerlo.

Hoy la ley de los mil días (más allá de que debería tener un enfoque integral) se conoce como “complemento leche”, es de $56.897 y lo paga la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) a las mujeres que reciben la Asignación Universal por Embarazo (AUE) y la Asignación Universal por Hijo (AUH) con bebés de hasta tres años.

El pago por la AUH es de $120.689,54 (se retiene el 20% hasta la presentación de una libreta por escolarización y vacunas) y se suma el complemento leche de $56.897 para quienes tienen bebés que toman la teta, gatean, empiezan a caminar y balbucean sus primeras palabras. En agosto, la suma de las dos prestaciones fue equivalente a $177.586,54.

Anses oficinas fachada UDAI - jubilaciones AUH planes sociales
La lucha feminista logró que el mismo día que se aprobó el aborto se sancionó la ley de los “mil días” que genera un refuerzo de 56.000 pesos en las madres que cobran AUH

La lucha feminista pide derechos, presupuesto, plata y números. Por eso, hoy en Argentina existe el Índice Crianza, que mide el INDEC y que refleja que para criar a menores de doce meses se necesitan, de piso, $529.539 pesos y para que puedan crecer, desde el nacimiento hasta el ingreso a la educación de nivel inicial, un mínimo de $630.926 pesos.

No es poco, es poquísimo para llegar a mitad de mes y lograr comer sin pagar intereses. Pero es un logro de la lucha feminista, minimizada y ridiculizada, como de pañuelitos verdes, que puso en el centro los derechos de las mujeres para ser madres y para no serlo y que consiguió un plus que hoy existe gracias a esa lucha y no a pesar de esa lucha.

La marea verde defendió la maternidad como un derecho, un deseo y una opción que no debe ser solitaria y consiguió logros materiales para que baje la mortalidad materna y suba el acompañamiento a la maternidad. No se nace mujer, se hace. No se generan derechos para las madres, se luchan junto a otras mujeres.

La defensa de la libertad de decidir y la necesidad de respaldar todas las decisiones a todas las mujeres es tan clara que no se necesita ser experto en números para darse cuenta, solo mirarlos y saber sumar de 0 a 1. La Ley de Interrupción del Embarazo es la 27.610 y la de “Atención y Cuidado Integral de la Salud durante el Embarazo y la Primera Infancia” es la 27.611. Los derechos logrados con los pañuelos verdes valen doble.

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La médica y divulgadora Sol Despeinada criticó la adhesión al Consenso de Ginebra y reivindicó la lucha de los pañuelos verdes

La ley de los mil días se aprobó, la misma noche y conjuntamente con el aborto legal, el 30 de diciembre de 2020, y fue promulgada el 14 de enero de 2021. El objetivo fue “proteger, fortalecer y acompañar el cuidado integral de la vida y la salud de las personas gestantes y las niñas y los niños en sus primeros 3 años”.

Esa norma se logró conjuntamente con el derecho a decidir con la consigna “la maternidad será deseada o no será”. La lucha feminista, en Argentina, protege los derechos de las mujeres y la maternidad. Lo demás es hateo.

Y, aun cuando las mujeres tienen derecho a decidir ser madres o no serlo, en Argentina la baja de la natalidad no se da por la falta de deseo, sino por la falta de posibilidades. El 57% de las personas, de 18 a 45 años, desea o hubiera deseado tener más hijos e hijas de los que tiene, según la investigación “Deseos reproductivos en la encrucijada”, del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), en el país, junto a la consultora Voices.

En los años de avance feminista se aprobaron la mayor cantidad de leyes y normas de protección a la maternidad. Otro ejemplo es que el Índice Crianza se empezó a implementar el 8 de marzo de 2023 por el Ministerio de Economía para tener una referencia en las disputas judiciales por cuota alimentaria.

Indice Crianza
La falta de responsabilidad en la cuota alimentaria es uno de los factores que dejan solas a las madres en la crianza de los hijos e hijas

Hay otra palabra clave en un debate que no puede seguir dándose desde la agresión y la descalificación: el valor de la libertad no es el valor del mercado, sino de la democratización de la libertad que debe ser para toda la ciudadanía y no solo para quienes tienen dinero, cotizan con la infancia o pueden ser padres sin portar un embarazo y la responsabilidad cotidiana de la crianza.

La lucha de las mujeres no puede ser objeto de ensañamiento y los avances conseguidos socialmente deben cuidarse y respetarse. Se necesita afirmar lo conseguido y lograr muchos más avances para que ser madre sea una opción y no un castigo.

El crecimiento tiene que ser con toda la población y no a costa de que las mujeres carguen con el peso de beneficiar a la economía y ser perjudicadas en su propia economía. El reconocimiento de la maternidad como trabajo es esencial para que el desarrollo del país no sea retando a las mujeres, sino ayudándolas en el reto de criar y trabajar.