La “culebrilla”: alertan que puede elevar más de 30% el riesgo de infarto y ACV | El Dia

calendar_today 14.10.2026 - person  - timer ~5 Minutos

Una infección conocida por sus ampollas y su dolor intenso también puede tener consecuencias más allá de la piel. Distintas investigaciones vinculan los episodios de herpes zóster, popularmente llamado “culebrilla”, con un aumento de la posibilidad de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular en los meses posteriores. La advertencia pone el foco en una enfermedad que, además, puede dejar dolor persistente y afectar la calidad de vida.

Aunque el cuidado cardiovascular suele asociarse con la alimentación, la actividad física y el control de la presión arterial, algunas infecciones también pueden influir sobre el sistema circulatorio por la respuesta inflamatoria que generan.

“Cuando tenemos una infección, el organismo activa una respuesta inflamatoria para defenderse. En ese proceso se generan sustancias que pueden favorecer la formación de coágulos y, en personas con riesgo cardiovascular, aumentar la posibilidad de sufrir un infarto o un ACV”, explicó el médico clínico Lucio Criado.

Un estudio publicado en 2023 en Open Forum Infectious Diseases, que analizó registros de más de dos millones de pacientes del sistema de atención de veteranos de Estados Unidos, encontró un aumento relativo del 35% en la posibilidad de infarto durante los primeros 30 días después del herpes zóster. En ese período, se registraron infartos en el 0,34% del grupo con la infección y en el 0,28% del grupo de comparación; el aumento del 35% corresponde al análisis ajustado por otros factores.

Por su parte, una revisión de doce estudios publicada en 2017 en PLOS ONE encontró un incremento del 34% en las probabilidades relativas de eventos cerebrovasculares durante los tres meses posteriores al episodio.

Los porcentajes requieren contexto: no significan que un tercio de quienes tienen culebrilla sufrirá un infarto o un ACV. El riesgo individual depende de la edad, los antecedentes y otros factores de salud. Además, las investigaciones muestran una asociación, sin demostrar por sí solas que la infección sea la causa de cada evento.

Tampoco existe un límite único de tres meses para sus posibles consecuencias cardiovasculares. Los períodos estudiados y la magnitud de las asociaciones varían entre las investigaciones, aunque distintos trabajos describen un aumento más marcado en las primeras semanas posteriores a la infección.

UN VIRUS QUE SE REACTIVA

El herpes zóster es causado por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela. Después de aquella infección, permanece latente en el sistema nervioso y puede volver a activarse años más tarde.

La enfermedad suele manifestarse con dolor y ampollas distribuidas en una franja de un lado del cuerpo, frecuentemente en el tórax, aunque también puede afectar el rostro. Antes de que aparezca la erupción puede haber ardor, picazón, hormigueo o sensibilidad en la zona.

El riesgo aumenta especialmente después de los 50 años y en personas con defensas debilitadas por enfermedades o tratamientos. Sin embargo, también puede presentarse en adultos jóvenes.

POR QUÉ CONSULTAR TEMPRANO

Reconocer los primeros signos permite actuar cuando el tratamiento puede resultar más eficaz. Los antivirales ayudan a acelerar la resolución de las lesiones y reducir el dolor agudo, con mejores resultados cuando se administran temprano, especialmente dentro de las primeras 72 horas.

Por eso, ante dolor localizado y la aparición de ampollas, conviene consultar sin esperar a que la erupción se extienda. Si ese plazo ya transcurrió, igualmente corresponde una evaluación médica.

La atención temprana es particularmente importante cuando las lesiones afectan la zona del ojo, por el riesgo de compromiso de la visión. La edad avanzada y la inmunosupresión también aumentan la posibilidad de complicaciones.

VACUNACIÓN Y PREVENCIÓN

La vacunación permite prevenir el herpes zóster y sus complicaciones. En Argentina, la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología describe un esquema de dos dosis para adultos a partir de los 50 años, habitualmente separadas por dos a seis meses. También contempla la vacunación de personas inmunosuprimidas desde los 18 años, con intervalos que pueden ajustarse según su situación clínica.

Haber atravesado un episodio de culebrilla no garantiza que no vuelva a aparecer. La enfermedad puede repetirse, por lo que el antecedente también debe conversarse al evaluar la prevención.

La indicación y el momento de aplicación deben definirse con el profesional tratante. Para organizar el acceso, conviene consultar previamente disponibilidad, costo del esquema completo y cobertura de la obra social o prepaga.

La posible protección cardiovascular de la vacuna también está en estudio. Un análisis presentado en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología de 2025 encontró una asociación entre la vacunación contra el herpes zóster y una menor frecuencia de eventos cardiovasculares. Sus autores, sin embargo, señalaron que se necesitan más investigaciones para establecer si existe una relación causal.

EL DOLOR QUE PUEDE QUEDAR

La recuperación de la piel no siempre marca el final del episodio. Una de las complicaciones más relevantes es la neuralgia posherpética: un dolor nervioso que puede persistir después de que desaparecieron las ampollas.

Ese dolor prolongado puede afectar el descanso y las actividades cotidianas. Por eso, la atención de la enfermedad también incluye el seguimiento de quienes continúan con molestias una vez que las lesiones cicatrizaron. El herpes zóster, además, puede ocasionar complicaciones como pérdida de visión.

¿SE CONTAGIA LA CULEBRILLA?

Una persona no adquiere directamente culebrilla por estar cerca de otra que la tiene. Sin embargo, las lesiones activas pueden transmitir el virus varicela-zóster y provocar varicela en alguien que no haya tenido esa enfermedad ni esté vacunado.

Hasta que las ampollas formen costras, se recomienda cubrir las lesiones, evitar rascarlas y lavarse las manos con frecuencia. También debe evitarse el contacto con personas inmunocomprometidas, recién nacidos prematuros y embarazadas sin inmunidad contra la varicela.

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