(BUENOS AIRES).- Una madre que se muda con sus dos hijas a Taipéi para empezar de cero y abrir un puesto en un mercado nocturno es el corazón de La chica zurda, el drama taiwanés que crece entre lo más visto de Netflix y conmueve por su retrato familiar. La película marca el primer largometraje en solitario de la directora Shih-Ching Tsou y se abre paso en el catálogo de Netflix gracias a una honestidad emocional que evita los golpes bajos.
La historia sigue a una mujer interpretada por Janel Tsai, que carga con una mezcla de esperanza y agotamiento mientras intenta sostener económicamente a su familia en una ciudad que no se detiene. El mercado nocturno donde trabaja funciona como una metáfora precisa de su desafío diario: avanzar sin perderse en el caos de luces, aromas y ritmo frenético, cuidar de sus hijas mientras el mundo avanza sin dar respiro.
Las dos hijas encarnan respuestas opuestas al desarraigo. Nina Ye interpreta a la adolescente que busca un equilibrio entre las expectativas de su madre y sus propias aspiraciones, mientras que la hija menor representa la fragilidad en un entorno nuevo que no siempre es amable. La película observa cómo cada una transita su propio duelo por la vida que dejaron atrás, con discusiones, silencios prolongados y gestos mínimos que revelan la profundidad del vínculo que las une.
Taipéi no es un decorado de fondo: las calles abarrotadas, los departamentos diminutos y los trenes repletos construyen una atmósfera vibrante que condiciona el ritmo de la narración. La directora coloca la cámara sobre los detalles cotidianos —el vapor de los puestos de comida, las conversaciones breves entre clientes, el agotamiento al final de la jornada— para reflejar la carga emocional de vivir en un espacio que nunca frena.
El verdadero peso dramático de la película aparece en lo que no se dice. Shih-Ching Tsou trabaja con los silencios como herramienta narrativa y prefiere sugerir antes que exponer: el pasado familiar emerge en flashbacks discretos que permiten entender la complejidad del presente sin caer en dramatismos excesivos. Esa construcción pausada pero intensa atraviesa todos los conflictos, desde las aspiraciones enfrentadas entre madre e hijas hasta los secretos que condicionan cada decisión.
Shih-Yuan Ma completa un elenco que sostiene la historia con naturalidad, en sintonía con un estilo visual de luz tenue y colores cálidos que refuerza la sensación de realismo. La cámara sigue los movimientos íntimos de los personajes como si el espectador acompañara a la familia en su travesía diaria, sin subrayados ni golpes de efecto.
Aunque la historia transcurre en Taiwán, sus dilemas sobre la necesidad de empezar de nuevo, el miedo a defraudar y la búsqueda de un lugar propio resuenan en cualquier parte del mundo. La chica zurda se consolidó como una de las producciones más comentadas del momento en Netflix precisamente por eso: expone el costo emocional de la supervivencia cotidiana y celebra, sin estridencias, la fuerza de quienes encuentran razones para seguir adelante incluso cuando todo vibra alrededor.