La abogada defensora Sophie Tonon: “Por supuesto que es premeditación: ellos salieron a buscarlos” - LA NACION

calendar_today 13.09.2026 - person  - timer ~9 Minutos

PARIS.– La abogada Sophie Thonon es una de las personalidades más respetadas de Francia, por su trayectoria y su compromiso con la defensa de los derechos humanos, particularmente en América Latina. Defensora de las familias de desaparecidos franceses durante las dictaduras de Argentina y Chile, y presidenta de la Asociación Francia-América Latina, representó también a Argentina en el caso de extradición de Mario Sandoval, antiguo agente argentino procesado por su presunta participación en crímenes cometidos durante la dictadura militar.

Actualmente, Thonon representa a Cecilia Aramburú, la madre de Federico Martín Aramburú, en el juicio a sus asesinos, Loik Le Priol y Romain Bouvier, que comenzó el 7 de septiembre en París. LA NACION hizo con ella un balance de esa primera semana de audiencias.

Este dibujo de la sala del tribunal, realizado el 9 de septiembre de 2026, muestra a los activistas de extrema derecha Loik Le Priol (segundo por la derecha), de 32 años, y Romain Bouvier (tercero por la derecha), de 35, durante la tercera jornada del juicioBENOIT PEYRUCQ - AFP

—¿Cuál fue, a su parecer, el momento más importante de esta semana, desde el punto de vista judicial?

—Eso es muy difícil de responder. Porque un juicio así es una sucesión de momentos espectaculares. Hasta ahora, las personas que se convocaron fueron sobre todo técnicos. La primera parte de esa semana, el tercio de la duración total del juicio, estuvo, como en todos los juicios penales, dedicados a los hechos. Vinieron muchos expertos. Uno de ellos, un médico, hizo toda una descripción de las trayectorias de las balas en el cuerpo de la víctima. En ese momento, toda la familia de Federico se fue de la sala. Otro experto vino a estudiar las armas encontradas en el departamento de uno de los acusados (Bouvier), que tenía realmente un arsenal, tenía 1.080 balas, y que se pretendía un coleccionista. Hubo, por supuesto, el testimonio muy importante de tres investigadores de la policía que estudiaron diversos momentos de lo ocurrido, a quienes los abogados de las partes civiles preguntaron cómo fue esa investigación, cómo la organizaron, según qué criterios. Recordemos que uno de los acusados (Bouvier) no mató, no por falta de voluntad, sino porque no alcanzó a matar. El tenía una pistola con cuatro balas. El segundo (Le Priol) tenía una pistola con seis balas. Entonces se les preguntó: ¿y cuando una persona descarga todas las balas que contiene el arma, qué significa? Ese policía, una persona con por lo menos 30 años de experiencia, respondió: “Pues eso revela la voluntad de matar a alguien”. Se les preguntó también cómo analizaban la actitud, por una parte de las víctimas, y de los acusados después de la primera pelea entre ellos. Todos dijeron lo mismo: las futuras víctimas habían peleado y pasaron a otra cosa, se fueron al hotel a descansar. Ya estaba. Por el contrario, los acusados no hicieron lo mismo. Tenían una voluntad manifiesta de venganza. Para ellos, la pelea no estaba terminada. Había que encontrarlos y liquidar el asunto. Lo que hicieron, en realidad, fue liquidar a Federico.

La viuda de Federico Martín Aramburú, en el Tribuna de París durante el juicioKENZO TRIBOUILLARD - AFP

— Siguiendo día a día esos debates, llama la atención ese hecho preciso. Que Federico y su amigo se hayan ido, además sin estar armados, considerando que ya se había terminado todo, y que los otros dos dijeran, “no, esto hay que terminarlo”, y salieron buscarlos, estando armados. ¿No le parece que ese simple hecho tira por tierra la estrategia de la defensa, que intenta hacer pasar la idea de los disparos sin voluntad de matar, que hubo tiros de advertencia, que estaban aterrorizados por la envergadura física de Martín Aramburú, etc. etc. Quiero decir, ¿eso no es más bien prueba absoluta de premeditación?

—Sí, por supuesto que es premeditación. Ellos salieron a buscarlos, para purgar lo que ellos consideraban como una cosa no terminada. Volviendo a un momento muy emocionante —y ahí también se fue la familia de Federico de la sala— fue cuando se escucharon los disparos. Porque, a pesar de numerosas protestas por la multiplicación de videocámaras en la vía pública en Francia, hay que confesar que en un caso como este fueron muy útiles. Todas las boutiques del boulevard Saint-Germain tenían cámaras. Y el bar-restaurant Mabillon, donde se produjo la primera pelea, también. Había una sola que tenía un grabador y así se pudieron oír los disparos. Y cuando los miembros del jurado escucharon los primeros cuatro disparos y después los otros seis, quedaron aterrorizados. Estaban indignados. Porque ahí se escuchaba la voluntad de matar, la voluntad de liquidar. Yo diría que esos disparos impresionaron más que las numerosas fotos que se vieron durante la semana.

Sophie Thonon habló con LA NACION sobre el juicio y realizó un primer balance

—¿Cuántos abogados de la acusación hay en el equipo? ¿Cada cada uno tiene un trabajo particular?

—Del lado nuestro hay una abogada para los hijos de Federico. El más chico, Santiago, tenía cuatro años cuando mataron a su papá. Después está la abogada de Shaun Hegarty, que estaba con Fede, y era su socio. Está Yann Le Bras, que es el abogado del padre de Federico y de su viuda, María. Y yo, que soy la abogada de la madre.

Por parte de la defensa, es decir aquellos que defienden a los cuatro acusados, son cuatro.

—¿Ustedes trabajan en equipo? ¿Se reúnen y deciden una estrategia común o cada uno trabaja independientemente?

— Sí, nos reunimos, por supuesto, pero es cierto que las preguntas, las intervenciones de los abogados, surgen un poco según las declaraciones de la gente. A veces se puede decidir una estrategia general. Por ejemplo: no vamos a hacer ninguna pregunta, o al contrario hay que insistir con preguntas a tal persona. Pero, de lo contrario, son preguntas que se hacen con según el contenido de las declaraciones de los que vienen a hablar, a testimoniar ante la corte.

El mural en homenaje a Federico Martín Aramburú, pintado por Bur en Biarritz.BUR / Arthur Millot - instagram.com/bur_artist/

—En el caso suyo, usted se incorporó al equipo un poco más tarde…

— Así es. Yo vengo con una experiencia de juicios diferentes, juicios de lesa humanidad, o de extradición. Cada uno tiene su perfil en este caso, y defiende a una personalidad diferente.

—LA NACION tuvo hace tiempo la oportunidad de entrevistar a Cecilia Aramburú, la madre de Federico. En aquel momento me pareció que ella estaba muy focalizada en poner el acento en lo que usted hace como especialidad, la violencia de extrema derecha, el odio racial… ¿Me equivoco?

—No, no. Es cierto que esa es una de sus preocupaciones. Lo hablamos mucho. Pero es que las menciones a la pertenencia de los acusados a los organismos de extrema derecha, como el GUD, o las alusiones a la Reunión Nacional (RN, el partido de Marine Le Pen) por ejemplo, están omnipresentes. Y es un tema muy importante para Cecilia.

—Siguiendo día a día los testimonios y las declaraciones de los expertos uno tiene la sensación de que la estrategia de la defensa es de una fragilidad suprema. Hubo incluso un especialista, el policía cuestionado porque ser un ex jugador de rugby, que dijo “fue una ejecución”. ¿Si usted fuera el abogado defensor, estaría preocupadísimo o no?

— Por supuesto que el crimen no lo pueden negar. Es obvio y lo reconocen. Y los acusados lo reconocen también. Pero recordemos que hay una cierta pena para ese tipo de actos. Y que esa pena se agrava, se pone muchísimo más pesada, si se reconoce que hay premeditación y que hay voluntad de matar, que matar no fue un accidente. De repente sale una bala y bueno, no fue ninguna voluntad de parte del que disparó. La defensa está peleando sobre esa línea. Que no hubo premeditación. Todas las preguntas van en esa dirección. Aprovechan cada cosa mínima, cada fisura que ven: donde estaba la víctima, donde estaba el que disparaba, los segundos entre tal acción y tal otra. En todo caso, a mi parecer, pelean sobre elementos muy frágiles.

Loïk Le Priol es uno de los acusados por el asesinato de Martín AramburúFacebook Loïk Le Priol - Archivo

—¿Quién tiene que calificar esto? Es decir, ¿premeditación o no?

— Es el jurado que decide la culpabilidad. El jurado hace muy, muy pocas preguntas, casi ninguna, porque en un juicio criminal, se debe rehacer toda la instrucción de vuelta. Entonces lleva bastante tiempo. El jurado no sabe nada. Cuando entra a la sala de audiencias no sabe absolutamente nada, salvo lo que leyó en la prensa. Entonces sus miembros tienen el derecho de hacer preguntas, ven todas las pantallas cuando pasan los videos, las fotos, en este caso escucharon los disparos, y al final se retiran a debatir. Pero eso será al final de la tercera semana. Allí se pronunciarán sobre la culpabilidad de los imputados. Después dirán si hubo atenuantes y si fue con premeditación o no.

—En el momento de los alegatos, ¿cada abogado hace el suyo?

— Sí. No hay un alegato común, cada uno hace un alegato porque cada uno defiende víctimas diferentes. Por supuesto, el de mi colega, que defenderá la posición de los hijos de Federico, va a ser otro tipo de alegato que el mío, que es la tragedia de una madre que perdió a su hijo.

Yann Le Bras, abogado de la familia de Martín AramburúKENZO TRIBOUILLARD - AFP

—Esto es un juicio en lo criminal, en consecuencia, los acusados podrían ser condenados a la cadena perpetua. Pero, ¿hay también daños y perjuicios, por ejemplo, para las familias?

—Sí, obvio. Pero el juicio se hace en dos partes. Habrá una audiencia final, donde el jurado decidirá sobre la culpabilidad. Y después habrá una audiencia más corta, el mismo día, a continuación, que durará lo que dure, y que tratará exclusivamente de la indemnización. Un tema que aún no hemos discutido entre nosotros.

—¿Usted cree que habrá apelación de parte de los acusados?

— Todo depende de la pena pronunciada. Si las penas son leves, el abogado defensor puede aconsejarle a su cliente que no lo haga. Pero si hablamos de 30, 40 años o cadena perpetua, por supuesto que podrían hacerlo.

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