Kate Middleton ha vuelto a demostrar que cada una de sus apariciones oficiales es una oportunidad para rendir homenaje a la historia de la monarquía británica a través de la moda y las joyas. Después de diez días alejada de la agenda pública, la princesa de Gales ha reaparecido este martes, 20 de octubre, con motivo de la visita de Estado del sultán de Omán, Haitham bin Tarik, al Reino Unido. Si durante la recepción diurna ha apostado por un elegante conjunto verde, para el banquete celebrado en el castillo de Windsor ha reservado una propuesta mucho más llamativa, protagonizada por un vestido amarillo de Elie Saab y algunas de las piezas más valiosas del joyero real.
La elección no ha pasado inadvertida. Además de estrenar un diseño de inspiración sofisticada, Kate ha recuperado la tiara Lover’s Knot, una de las favoritas de Diana de Gales, y ha completado su estilismo con pendientes de diamantes y un brazalete vinculado a varias generaciones de mujeres de la familia real.
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Para esta cena de gala, la princesa ha confiado en el diseñador libanés Elie Saab, cuyo vestido destaca por su tonalidad amarillo mostaza y una silueta fluida. El modelo, confeccionado en seda, presenta un corte imperio, cuerpo fruncido y una falda larga plisada que aporta movimiento al conjunto. Las mangas semitransparentes, dispuestas a modo de capa, y el escote barco rematado con un detalle trenzado añaden delicadeza a la propuesta.
El color también tiene un significado especial. Aunque el amarillo no forma parte de los tonos nacionales de Omán, evoca los paisajes dorados de sus zonas desérticas y transmite calidez y hospitalidad. De este modo, Kate ha incorporado un guiño al país anfitrión de la visita sin renunciar a los códigos tradicionales de la etiqueta británica.
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La princesa ha completado el vestido con las insignias que corresponden a este tipo de acontecimientos: la banda y la estrella de la Real Orden Victoriana, distinción de la que es dama de la Gran Cruz, y el lazo de la Orden de la familia real del rey Carlos III.
Sin embargo, la pieza que más miradas ha atraído ha sido la tiara Lover’s Knot, conocida también como la tiara de los Nudos de Amor. Su historia se remonta a 1914, cuando la firma Garrard elaboró la joya para la reina María a partir de piezas de su colección. Su diseño combina arcos de diamantes con perlas colgantes y destaca por una estética fácilmente reconocible.
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Décadas después, Isabel II se la prestó a Diana de Gales tras su boda con el entonces príncipe Carlos, en 1981. La princesa la convirtió en una de sus joyas más emblemáticas y, desde entonces, ha quedado asociada a su imagen pública. Kate también ha recurrido a ella en numerosas ocasiones desde que comenzó a lucirla en 2015, reforzando ese vínculo simbólico entre ambas.
La elección para la visita del sultán de Omán confirma que continúa siendo una de las piezas predilectas de la princesa de Gales. Su melena suelta, peinada con ondas amplias, ha permitido apreciar la tiara y unos llamativos pendientes de diamantes en forma de araña. Estos últimos pertenecieron a la reina Isabel II y fueron realizados por Cartier durante las primeras décadas del siglo XX. Su brillo ha acompañado al de otra joya histórica que Kate llevaba en la muñeca.
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Se trata de un brazalete de diamantes cuyo origen es aún más curioso: nació como una gargantilla en la década de 1920 para la reina María. Tras la muerte de su propietaria, la pieza permaneció fuera de la atención pública hasta que la reina madre decidió transformarla en pulsera en 1975.
A su fallecimiento, en 2002, Isabel II heredó la joya, aunque apenas la mostró en actos oficiales. En 2015, Kate recibió permiso para utilizarla en calidad de préstamo, incorporándola desde entonces a sus estilismos más especiales.
La combinación de la tiara, los pendientes y el brazalete ha convertido el conjunto de la princesa en una demostración del valor histórico del joyero real. Más allá de su espectacularidad, las piezas cuentan historias que atraviesan generaciones y mantienen vivo el legado de figuras como la reina María, Isabel II y Diana de Gales.
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