
Julieta Díaz eligió la sinceridad para contar una historia que, durante años, solo había habitado en su memoria. En una charla íntima para el podcast Lesboteca, la actriz se animó a revelar uno de los episodios más significativos de su vida afectiva: el enamoramiento por una colega en su juventud y el reencuentro, tres décadas más tarde, que le permitió cerrar un círculo pendiente. Sin rodeos y con la honestidad que la caracteriza, Julieta narró cómo aquel sentimiento, nacido en sus primeros pasos dentro del mundo actoral, fue mucho más que una simple admiración, y cómo la vida le ofreció la oportunidad de volver a encontrarse con esa mujer para, finalmente, animarse a un primer beso largamente postergado.
A corazón abierto, Díaz recordó la experiencia que vivió a sus 17 años, cuando daba sus primeros pasos en la actuación. En ese entonces, compartía proyectos y largas horas de ensayo con una mujer dos años mayor que rápidamente captó su atención. “En todos los trabajos que hacíamos, queríamos trabajar juntas. Me llamaba mucho la atención, tenía un sentido del humor excelente… Era brillante como actriz. Yo estaba medio fascinada, pero no registraba… Me gustaba como actriz. Era mi preferida, era la que más me gustaba cómo actuaba y era mi mejor amiga del equipo de laburo”, relató la integrante del elenco de Corazón Delator.
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Recordó también cómo, en una visita a la casa de su amiga, sintió una particular excitación, aunque en ese momento no lo identificó como deseo. “Tengo un recuerdo muy vivido de estar en la casa con ella, las dos, y algo como de una excitación, pero no había una cosa del deseo de decir: ‘Necesito besarla, necesito tocarla’. Yo siento que ahora quizás me lo reprimí y en ese momento sí lo sentía. No lo sé, pero en ese momento era una cosa más platónica”, explicó.
El tiempo y las circunstancias hicieron que sus caminos se separaran y, aunque durante años no volvieron a verse, cada encuentro casual en la calle o en el teatro estaba marcado por la alegría y el afecto. “Nos dejamos ver por cosas de la vida pero cada vez que me la cruzaba, ya sea en la calle o una obra de teatro, siempre había una cosa de mucha alegría, de abrazarnos…”, compartió Díaz, dejando entrever la importancia que esa persona tenía en su vida.
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Tres décadas después de aquel vínculo adolescente, la vida las reunió nuevamente, esta vez en un contexto más personal. Julieta sintió que era el momento de sincerarse y compartir lo que nunca había dicho en voz alta. Si bien aclaró que a lo largo de su vida sus relaciones amorosas habían sido con varones, y que fue madre en 2014 junto a Brent Federigh, reconoció que lo que sentía por esa actriz era distinto, especial. Por eso la invitó a cenar a su casa, con la seguridad de que, si se animaba a dar el paso, no se trataría de simple curiosidad sino de un deseo genuino. “Tenía la certeza de que me va a gustar; no es que, ‘uy, tengo curiosidad y quiero probar a ver si me gusta’, que yo creo que en realidad es que uno quiere y lo va a hacer, pero había algo muy, de mucha seguridad”, expresó.

En ese encuentro, después de compartir una grappamiel y una charla profunda, Julieta y su amiga se besaron por primera vez. “Fue muy amoroso, muy hermoso”, describió la actriz, subrayando la delicadeza y la ternura del momento. A pesar de que el vínculo no avanzó hacia lo sexual y ambas siguieron caminos separados, ese beso fue suficiente para transformar el recuerdo platónico en una experiencia real.
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Díaz aseguró que nunca volvió a sentir algo similar por otra mujer y que esa historia, aunque breve, fue única en su recorrido personal. “Fue una historia platónica que, después de muchos años, pudo transformarse en un momento real. Fue muy importante para mí, porque me permitió reencontrarme con una parte de mi historia y de mi deseo”, compartió.
Así, Julieta Díaz dejó un mensaje potente: que las historias más significativas pueden tener su tiempo de espera, y que animarse a sentir, a buscar respuestas y a honrar el propio deseo puede ser el verdadero acto de libertad.
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