En una nueva edición de Proyecto 86 —el ciclo de entrevistas de Infobae conducido por Fernando Marín—, el invitado es Juan Pablo Varsky, un referente del periodismo deportivo que supo transitar desde los medios analógicos hasta la era digital.
El encuentro arranca en la memoria compartida: el recuerdo de su madre, pionera de la televisión por cable en la Argentina, y los primeros pasos de un joven Varsky que empezó trabajando gratis por pura pasión. En una charla cálida, recorre los momentos en los que el éxito amenazó con encandilarlo, las ofertas concretas que recibió para ser candidato a diputado y las razones por las que eligió seguir otro camino.
Varsky profundiza además en las tensiones de la FIFA de Gianni Infantino, la desorganización del torneo local en contraste con la era dorada de la selección argentina y el inevitable final de un ciclo con la Scaloneta. Un testimonio imperdible que combina la calidez del reencuentro con el análisis de fondo sobre el fútbol y la vida.

Fernando Marín: Te conocí de chiquito. Tu mamá, Adela Katz —que estará en el cielo—, era un fenómeno. Fue una de las primeras, si no la primera, que inventó el cable acá. ¿Qué recuerdos tenés de tu mamá y de ese momento en que nos conocimos?
Juan Pablo Varsky: Se van a cumplir diez años de la muerte de mi mamá; ella falleció en octubre del 2016. Yo ya había trabajado en otros lugares: en una casa de comidas rápidas y como cadete de una empresa productora de espectáculos, que manejaba la carrera de Maximiliano Guerra. Ahí lo conocí a Maxi. De hecho, tuve que llevar un Ford chocado por él a General Pacheco, pero la cara la puse yo para eximirlo a él de esa responsabilidad.
FM: Me acuerdo, porque yo producía a Maximiliano Guerra.
JPV: Claro, en el London Festival Ballet con Cecilia Kerche, la bailarina brasileña. Cumplí 18 años, empecé a trabajar, y en octubre del 89 mi mamá decidió crear un canal de deportes: Cable Sport. En ese momento la empresa tenía tres canales y uno iba a ser de noticias y deportes. Ahí estaba Carlos Juvenal. Carlitos estaba solo y necesitaba un asistente, entonces mi mamá me dijo: “Te ofrezco venir a trabajar. No te voy a pagar un peso, pero a vos que te gusta el deporte...”. Yo relataba partidos en mi casa, rompía aviones que armaba mi viejo... tiraba el centro con la mano usando una pelotita de tenis y a veces no pegaba en la pared, pegaba en el avión: ¡crash, pum! Se terminó. Mi mamá era mi cobertura: “Mami, no le cuentes a papá lo que pasó con el avión”. A mí me gustaba el fútbol, jugaba al tenis, y mi mamá me compraba la revista El Gráfico. Empecé a trabajar el 23 de octubre de 1989. Yo cumplía 19 años cuatro días después.
FM: Una carrera meteórica, porque la verdad siempre fuiste para arriba. Pero saliendo de la especialidad y entrando en tu vida personal. ¿Te considerás un padre presente?
JPV: Ahora más que antes. Mirá, me acompañó acá mi hijo mayor, Valentín. Hoy tengo una relación con Lupe, a sus cinco años, mucho más frecuente que la que tuve con Valen y Benja a esa edad. Nunca fui un padre ausente, pero ahora siento que estoy más presente. Cuando Valen y Benja iban al colegio, yo tenía un programa de radio muy temprano y no los podía llevar. Es algo que sí estoy disfrutando con Lupe: me encanta llevarla al colegio como una rutina, como un espacio compartido entre padre e hija. Viajaba mucho y ahora, si bien sigo viajando, tengo un espacio que a los cinco años no tuve con los mayores. No es que me veían una vez por mes, pero ahora estoy más.

FM: Es natural en la vida de cualquier hombre. ¿En algún momento se te subió la vanidad?
JPV: Creo que todos debemos tener una cuota de ego y vanidad para trabajar en televisión; es lógico, te la tenés que creer en algún punto. El tema es cuando te la creés más de la cuenta. A mí me pasó cuando me fui de Canal 13, a principios del 98. Me contrató América para trabajar en el noticiero del canal de noticias, sobre todo para comentar la Copa Libertadores —con el Beto Alonso seguíamos la campaña de River— y el Mundial del 98. Además, fue una diferencia económica importante: todavía era el uno a uno. Ahí me creí un poco Leonardo DiCaprio en Titanic gritando “¡soy el rey del mundo!”. Pero me di cuenta enseguida. Mi mamá y mi papá estuvieron muy presentes en ese momento y empecé una terapia que no duró mucho, pero fue muy eficaz a la hora de ponerme en mi lugar, sin creérmela más de lo que la situación ameritase.
FM: Entre el deporte y tus aspiraciones, ¿te tira la política? ¿Tenés aspiraciones políticas?
JPV: Las tuve más hace 13 o 14 años. De hecho, tuve ofertas concretas para sumarme a espacios políticos distintos que luego terminaron compitiendo entre ellos, y dije que no. Yo me había separado hacía bastante poco de Silvina, la mamá de Valen y de Benja. Tuve una oferta concreta para ser candidato a diputado. Estaba más cerca del sí que del no. Después lo pensé bien y decidí no participar. Al año siguiente tuve otra propuesta y ahí estuvo condicionada por un resultado deportivo. Le dije a esa persona: “Mirá, si Argentina sale campeón en 2014, yo dejo este oficio y me dedico a la política”. Mario Götze tuvo otros planes y esa misma persona me llamó y me dijo: “Lamento mucho que haya perdido Argentina, por el país, por el equipo de Sabella, por Messi... pero también porque si ganábamos en el Maracaná te venías con nosotros”. Me encanta la política y disfruto mucho del análisis político tratando de despojarme de los prejuicios. Creo que es una etapa apasionante, incluso con las redes sociales y la intensidad o la falta de debate. ¿Si me dedicaría a la política hoy? Tengo menos energía que en 2013 o 2014, pero estuve cerca.
FM: Pasan cosas vertiginosas en el mundo del fútbol y de la FIFA. ¿Cuál es tu opinión?
JPV: Por un lado, hay que acostumbrarse a la intensidad, la espectacularidad y a cosas que pasan de manera tan intensa como efímera. El caso de Gianni Infantino es claro: hasta el día de la final entre España y Argentina, era una persona. El Mundial había sido un éxito deportivo porque la final la jugaron los dos mejores equipos y tuvieron actuaciones individuales legendarias: Messi en primer lugar por escándalo, Mbappé, Haaland, Bellingham, Harry Kane... Semifinales con los cuatro mejores del ranking. ¿Y cómo terminó? Dos semanas después anuncia la creación de la FIFA Forward Enterprise para tercerizar la organización de la Copa del Mundo. Dijo: “La valúo en 20.000 millones y pongo a la venta el 21%, que son 4.200 millones que van derecho a las asociaciones miembro”. Y si la asociación no lo vota, no recibe ese dinero. La respuesta fue casi unánime: “Es una barbaridad, ¿cómo vas a tercerizar la comercialización de la Copa del Mundo si la FIFA da superávit y es una entidad sin fines de lucro? ¿Para qué hacer participar a empresarios estadounidenses?”. Estaba la familia Kushner, el hermano del yerno de Trump. La UEFA amenazó con boicotear la Copa del Mundo y federaciones que apoyaron históricamente a Infantino tuvieron que desmarcarse. La reelección de marzo de 2027, que parecía un trámite, ahora la tendrá que trabajar voto a voto.
FM: En el ajedrez: pieza tocada, pieza movida. La movió y se dio cuenta de que hizo una mala jugada.
JPV: Se retrotrajo, sí, pero la UEFA igual amenazó con boicotear el Mundial.
FM: ¿Creés que puede revertir la situación dado que tiene a las otras confederaciones a favor?
JPV: Son 211 miembros y con 106 votos gana la elección; yo creo que los va a conseguir. Hay mucho tiempo todavía, la elección es en marzo, pero hay que ver la postura de la UEFA: son 55 federaciones y más de 800 clubes. Las ligas más importantes son las europeas y la competencia más importante de clubes es la UEFA Champions League. Hay que ver qué pasa con el Mundial de Clubes de 2029 si la amenaza de boicot se concreta. Infantino es un político muy hábil que quizá subestimó lo que significaba para el fútbol la incorporación de inversores extranjeros, sobre todo estadounidenses. Él tiene una fijación con los comisionados de las ligas de Estados Unidos. Hubo una “americanización” del fútbol con la pausa de hidratación o el show del entretiempo. Yo veo a Infantino muy pendiente de lo que gana Adam Silver en la NBA o el comisionado de la NFL, y pretendía transformar su rol más en un comisionado —con todo lo que significa económicamente— que en un presidente de FIFA. Y le dijeron: “No tan rápido, esto es fútbol”.
FM: ¿Cómo ves al fútbol argentino? ¿Sale de este atolladero?
JPV: Hay una cuestión vinculada con el desarrollo de causas judiciales que, como no depende del fútbol en sí mismo sino de fiscales, jueces e intervenciones del exterior, es muy difícil de predecir. Hay dos caminos muy distintos y paralelos. Uno es la competencia local, con 30 equipos en Primera, 37 en la Primera Nacional, calendarios muy nutridos y sin una liga de referencia. Por más que se entregue un premio al equipo que más puntos saca en la tabla anual, no jugás contra todos. Estoy en contra hasta conceptuamente: ¿de qué tabla anual me hablás si jugás dos veces contra los mismos 16? No hay una liga de verdad como en 2015. El momento de entregarle el trofeo a Central a mitad de competencia, cuando nadie lo sabía, provocó el enojo. Por otro lado, lo que es el fútbol doméstico no tiene nada que ver con la política de Selecciones. Lo que hizo la AFA en términos deportivos y comerciales con la selección argentina ha sido transformador. Desde 2018, después del traumático Mundial de Rusia, no es casualidad lo que vino después: las dos Copas América, el Mundial... Hay un gran contraste entre el fútbol de clubes y el de Selecciones, con el mismo responsable que es el presidente de la AFA.

FM: ¿Scaloni debería quedarse o quién es su reemplazante natural?
JPV: Yo no le veo reemplazante natural. Creo que contra España terminó un ciclo, no necesariamente el ciclo de Scaloni, pero sí lo que conocimos como la Scaloneta. El ciclo nació en 2018 y terminó en New Jersey. Obviamente se puede iniciar otro proceso, y me parece que el propio Scaloni es el único que sabe cuánta energía tiene para empezar de nuevo. Él sabe si tiene la fuerza para arrancar un proceso muy diferente al que terminó.
FM: Armame tu equipo ideal de la selección argentina de todos los tiempos.
JPV: Como referencia voy a tomar desde 1978, cuando yo tenía siete años y mi papá me llevó a la cancha para ver el partido con Holanda. El arquero está entre el Pato Fillol y Emiliano Dibu Martínez. Lo que atajó el Dibu contra España fue impresionante, comparable con lo del Pato ante Holanda. El lateral derecho es Javier Zanetti. Los centrales, con toda la admiración por el Cabezón Ruggeri, son Cristian Cuti Romero y Daniel Passarella. El lateral izquierdo, Nicolás Tagliafico: lo que jugó la última final fue una barbaridad. En el medio, el cinco es el Checho Batista. Enzo Fernández tiene que jugar, y el otro mediocampista puede ser el Gringo Giusti u Osvaldo Ardiles. Y arriba: Lionel Messi, Diego Maradona y Mario Alberto Kempes.
FM: ¡Qué buen equipo! ¿Y el director técnico ideal?
JPV: Es una gran pregunta, porque los tres campeones lo merecen. César Luis Menotti fue el fundador; creó el concepto de selección argentina, sin él no hubiera existido el resto. Carlos Bilardo en el 86 fue el más dominante. Y Scaloni encabeza el mejor ciclo de la historia con las dos Copas América y el Mundial. Pero si tengo que elegir a uno para sentarse en el banco, pongo al Flaco Menotti por la distinción única de haber sido el fundador. Sin lo que hizo el Flaco, para Carlos y para Scaloni habría sido mucho más complicado.
FM: Juan Pablo, la pasé muy bien escuchándote.
JPV: Muchas gracias, Fer. La próxima te pregunto yo a vos. Un placer.