El 7 de enero del 2025, Donald Trump declaró que Estados Unidos necesitaba a Groenlandia por razones de seguridad nacional y que no descartaba el uso de la fuerza para hacerse con ella. Tres meses después, Jens-Frederik Nielsen (Nuuk, 1991) juraba como primer ministro groenlandés y se colocaba en el centro de la vorágine que ha mantenido en vilo a esta pequeña nación del Ártico rica en recursos naturales. Finalmente, se impuso una solución diplomática. Seis días después de firmar en Nueva York con Trump y la danesa Mette Frederiksen un nuevo acuerdo sobre la seguridad de la isla, Nielsen ha viajado a Barcelona para recoger el Premio Vanguardia Internacional.
Felicidades, parece que es la primera vez que Donald Trump opta por la vía diplomática. ¿Cómo se logra esto?
En primer lugar, me alegra mucho que hayamos llegado a un acuerdo. Desde el principio, insistimos en que las conversaciones se llevaran a cabo por los canales adecuados. Celebramos reuniones con los ministros de Exteriores de Groenlandia y de Dinamarca y con el secretario de Estado [de EE.UU.] Marco Rubio y el vicepresidente [estadounidense J.D. Vance], y fue allí donde comenzamos a negociar, en lugar de a través de los medios y las redes sociales. Creo que, gracias a nuestra insistencia en seguir estos canales, conseguimos el acuerdo.
¿Los groenlandeses están contentos con el acuerdo?
Muy contentos y aliviados. El acuerdo de 1951 estaba firmado por Dinamarca y EE.UU., y ahora hemos firmado en igualdad de condiciones un acuerdo legalmente vinculante en el que se respeta nuestro derecho a la autodeterminación, así como el derecho a proteger nuestra cultura y nuestro medio ambiente. Así que sí, estamos contentos.
Tras firmar el acuerdo en Nueva York, usted fue recibido como un héroe en Groenlandia. ¿Le sorprendió esta reacción?
La verdad es que no. Hemos recibido una presión enorme durante casi dos años. No es difícil imaginar cómo se sentían los groenlandeses mientras la mayor potencia del mundo hablaba de anexiones e invasiones. Tenían miedo. Así que sabía que, cuando firmáramos un acuerdo, la gente estaría muy contenta. La posibilidad de poder mirar hacia el futuro y decidir por nosotros mismos es lo que más importa ahora.
Trump quería tener el control total de la isla. ¿Cómo consiguieron que cambiara de postura?
Lo importante de este pacto es que se trata de algo en lo que todos estábamos de acuerdo: la necesidad de mejorar la seguridad en nuestra región y de trabajar juntos. En lo que sí que estábamos en desacuerdo es en quién tenía que controlar nuestro país. Ahí radicaba el conflicto. Con este acuerdo, si nos centramos en el aspecto fundamental, el de la seguridad, todos podemos estar satisfechos.
El acuerdo reconoce los intereses de Groenlandia y su posición como actor geopolítico. ¿Este es el logro más significativo para ustedes?
Sin duda, es significativo que se nos reconozca como pueblo. Y también es significativo que estemos de acuerdo en que debemos hacer más en materia de seguridad, pero también en que debemos respetar el sustento de la población de Groenlandia, su cultura y su medio ambiente. Era importante alcanzar un pacto en el que todos respetáramos eso.
¿Es también un camino hacia la independencia en un futuro?
Sí, por supuesto. Groenlandia ahora es autónoma y forma parte del Reino de Dinamarca, y la cuestión de la independencia es algo que discutiremos. Este Gobierno está trabajando para sentar bases más sólidas para que el pueblo pueda decidir al respecto. Aunque no podemos fijar un plazo. Todavía no hemos llegado a ese punto.
El nuevo acuerdo otorga a EE.UU. un mayor acceso militar a Groenlandia y un papel a largo plazo en su defensa. ¿Qué límites ha marcado su país respecto a estos derechos?
En el acuerdo se mencionan dos ubicaciones donde EE.UU. puede establecer bases con fines de seguridad. Además, está la base espacial de Pittufik, que EE.UU. desea ampliar. Estamos conformes con eso. El acuerdo estipula que los tres [firmantes] debemos dialogar sobre cómo hacerlo. Así pues, iniciaremos un proceso para establecer acuerdos básicos sobre cómo proceder, y a partir de ahí, veremos qué pasa. Si surge algún cambio en este marco, deberemos dialogar. Ya disponemos de órganos para ello: existe un comité permanente que reúne a los tres países.
Entonces, ¿hay ahora una discusión en marcha sobre la presencia militar de EE.UU.?
Sí. De hecho, la presencia militar en general se ha discutido durante mucho tiempo en Groenlandia, sobre todo en los últimos dos años. Hemos albergado los mayores ejercicios de la OTAN de la historia. Es muy importante resaltar que la Alianza Atlántica aparece mencionada unas diez veces en el nuevo acuerdo.

¿Y qué ganará Groenlandia con esta expansión de la presencia militar estadounidense?
Obtendremos protección en un mundo que está cambiando mucho. Pero lo más importante es que podemos garantizar la seguridad de nuestra región con nuestros aliados, tanto EE.UU. como el resto de la OTAN, porque somos miembros de la OTAN y estamos comprometidos con ella.
Groenlandia puede imaginar el futuro como un país norteamericano o como un país europeo. ¿Cuál es su futuro?
Somos aliados de la OTAN y hemos fortalecido esas alianzas en los últimos años. Estamos dispuestos a colaborar más estrechamente con los que comparten nuestros valores, el respeto a la democracia y al Estado de derecho internacional. Eso lo hemos dicho siempre, y seguiremos trabajando en ello. Por eso también estamos interesados en la UE: no para convertirnos en un Estado miembro, sino para establecer una asociación más estratégica.
¿Les interesaría, pues, una mayor participación de la UE en Groenlandia?
Nos interesa una mayor cooperación. Groenlandia es un país muy grande, pero no tiene la economía de un país europeo. Si queremos hacer más, necesitamos inversiones. Pero esas inversiones solo las aceptaremos si existe un respeto mutuo, si nos benefician a todos. En ese sentido, creo que hay perspectivas positivas para todas las partes.
¿Sintieron el apoyo de la UE en los últimos meses?
Muchísimo. Una de las razones por las que estoy aquí [en Barcelona] es para mostrar mi gratitud por el apoyo tan rápido que recibimos de nuestros aliados. Esto tuvo un efecto, así que muchas gracias. De hecho, recibimos una carta de apoyo de los 27 miembros de la UE. Creo que esto demuestra que no se trata solo de Groenlandia: si un país puede tomar a un aliado así como así, el mundo dejará de regirse por normas y principios. Así que me parece que hay que analizar esta cuestión desde una perspectiva mucho más amplia.
¿Esta crisis ha fortalecido también la cooperación con Dinamarca?
Hemos estado trabajando muy estrechamente en este asunto, por supuesto, porque la política exterior [de Groenlandia] sigue bajo la jurisdicción de Dinamarca. Y nos han respetado mucho, tenemos voz propia en este sentido. La cooperación ha sido muy, muy sólida.
El nuevo acuerdo restringe la presencia de países ajenos a la OTAN en Groenlandia. EE.UU. considera que Rusia y China son una amenaza estratégica para la región. ¿Cree que estos dos países representan un peligro?
Como ya he dicho, una de las cosas más importantes para nosotros es colaborar con países que compartan nuestros valores. Por lo tanto, nos resulta bastante fácil elegir en este sentido. Hemos visto que ahora muchos países están haciendo lo mismo que nosotros debido a preocupaciones estratégicas. Así que es una evolución natural, y es muy positivo que esto se incluya en nuestro acuerdo.
Groenlandia tiene mucho territorio para invertir y muchos recursos naturales. ¿Cómo se las arreglarán para organizar todo eso?
Es difícil. Ahora mismo ya tenemos el sector de recursos minerales en marcha. Tenemos dos minas operativas, y ya tenemos la legislación en vigor. Por supuesto, nos interesa aprovechar este sector para impulsar la actividad empresarial. Los minerales que poseemos son fundamentales para un futuro más sostenible, y ahí es donde podemos contribuir. Pero, como en todo, será algo que acordaremos con las empresas que deseen explotar los recursos: debe ser beneficioso para el pueblo groenlandés, y también se deben respetar nuestros estándares ambientales. Tenemos buenas perspectivas pero queda trabajo por hacer.
¿Y qué opina la gente de Groenlandia al respecto? La isla tuvo una experiencia tensa con la explotación del uranio...
Creo que la opinión general sobre la minería es que queremos desarrollar esa industria, pero que debe hacerse respetando nuestro medio ambiente y a la población.
El Ártico se está volviendo más accesible debido al cambio climático. ¿Qué supone eso para Groenlandia?
En primer lugar, en Groenlandia no somos muchos, así que nuestras emisiones son bajas. Y el 70% de nuestra energía proviene de la energía verde. Así que hacemos nuestra parte. Pero el cambio climático está modificando mucho el panorama. Me preocupa que pueda tener un impacto negativo en nuestras exportaciones, que provienen sobre todo de la pesca: si la temperatura del agua aumenta y el hielo se derrite, pueden producirse cambios. Así que es preocupante. Pero también surgen grandes oportunidades: el paso del Noroeste puede acortar las rutas de este a oeste en muchos días. Todavía no contamos con el paso [abierto de forma prolongada], pero deberemos estar preparados para contribuir a su desarrollo.
¿Genera ansiedad estar en el centro del mundo?
Ha habido mucha atención puesta en Groenlandia, y eso no siempre es deseable. Pero no podemos trasladar nuestra isla a otro lugar, así que tenemos que lidiar con ello. Por eso hemos sido muy claros desde el principio: estamos dispuestos a contribuir a nuestra alianza, y seremos un excelente socio si nos respetan. Ese ha sido nuestro enfoque.
Usted se ha convertido en una figura muy conocida. ¿Cómo ha vivido esta exposición?
Es diferente cuando trabajas para tu país y para la gente. Cuando viajo por el mundo, siempre llevo a mi gente conmigo: su apoyo es lo que nos impulsa. Claro que ha sido extraño para mí, no voy a negarlo. Es muy extraño estar fuera del Gobierno, pasar por unas elecciones y luego tener la responsabilidad de todo esto con el mundo entero mirando. Es extraño, pero son responsabilidades que hay que asumir. Y cuando tienes el apoyo de tu gente, todo es mucho más fácil.
¿Se sentía preparado para liderar el país?
Me sentía preparado para asumir la responsabilidad. Nadie podía predecir que nuestro partido ganaría las elecciones. Pero, cuando terminaron las elecciones, casi todos los partidos estaban dispuestos a trabajar por nuestro país. Por eso formamos el Gobierno más amplio de la historia: necesitábamos permanecer unidos para superar este problema. Por otro lado, cuando uno empieza como yo empecé, nunca tiene la oportunidad de reflexionar sobre las cosas. Es como si hubiéramos empezado a trabajar desde el primer día. Y aquí seguimos, trabajando duro.
¿Qué piensan ahora los groenlandeses de Dinamarca? ¿Tienen otra opinión?
Es difícil decirlo. Creo que, durante esta crisis, mucha gente cambió de opinión. Pero Groenlandia elegirá la Groenlandia que tenemos hoy, con nuestro derecho a la autodeterminación. Y esa es la postura de la mayoría de la gente.
Donald Trump cambia de opinión cada dos por tres. ¿Qué garantías tiene de que EE.UU. respetará la integridad de Groenlandia en el futuro? ¿Cree que la crisis ha terminado realmente?
Yo solo puedo asumir la responsabilidad de lo que yo digo. Y lo que tenemos aquí es un acuerdo jurídicamente vinculante firmado por los tres países. Tengo la firma del presidente de EE.UU., que se compromete a respetarnos, y la de la primera ministra danesa. Eso es lo que puedo sacar en claro. Las conversaciones que tengamos en el futuro serán importantes, pero estoy seguro de que cumpliremos este acuerdo.
Cuando finalice su mandato, en el 2029, ¿cómo le gustaría que fuera la relación de Groenlandia con Estados Unidos, Dinamarca y Europa?
Respetuosa. Hay mucho potencial para impulsar el desarrollo de la sociedad groenlandesa, y también podemos contribuir a Europa y otros países. Tenemos algo que ellos buscan, y una sociedad que necesita desarrollarse. Por lo tanto, espero que, cuando termine este mandato, hayamos logrado acuerdos muy beneficiosos para los groenlandeses que también contribuyan a las necesidades de Europa y otros lugares. Veo muy buenas perspectivas al respecto.
Hay muchas empresas en el mundo que comprarían un pedazo de Groenlandia. ¿Cómo afrontan ese desafío?
En Groenlandia tenemos una legislación que prohíbe la propiedad privada de tierras. Tampoco se pueden poseer infraestructuras críticas. Eso es algo que queremos controlar. Por lo tanto, las inversiones y las alianzas son temas que debemos abordar mediante acuerdos. Estamos dispuestos a hacerlo en condiciones que beneficien al pueblo groenlandés, y también a quienes deseen desarrollar industrias o negocios.

Redactor jefe de Internacional

Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.