Una serie de tormentas invernales cubrieron el nieve extensas áreas del desierto de Atacama durante agosto. El fenómeno meteorológico, que se extendió desde la cordillera de Los Andes hasta el océano Pacífico, alteró el equilibrio del territorio más árido del planeta y paralizó las actividades de varios observatorios astronómicos internacionales.
Los satélites Landsat 8, Landsat 9 y Terra de la NASA captaron imágenes sobre las transformaciones geográficas. Las zonas volcánicas, habitualmente desérticas, quedaron bajo una densa capa blanca que supero los márgenes habituales registrados.
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El impacto directo sobre la infraestructura de investigación se sintió con fuerza en la meseta de Chajnantor. El radiotelescopio Atacama Large Millimeter Array (el mayor proyecto astronómico del mundo) debió suspender sus actividades debido a las fuertes ráfagas de viento y la intensa nevada.
A diferencia de otros eventos esporádicos, la precipitación también golpeó con fuerza la franja costera. En la ciudad de Taltal, ubicada en la costa del norte chileno, cayeron cerca de 40 milímetros de lluvia en tan solo tres días.
El científico de la Universidad de Chile René Garreaud explicó que el sistema se originó a partir de una vaguada atmosférica de gran escala que se extendió desde el extremo sur del continente hasta zonas subtropicales, lo que impulsó la humedad hacia el interior del desierto.
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El paso de este temporal causó estragos en la infraestructura civil del norte chileno. El Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) notificó inundaciones y aluviones de barro que afectaron a miles de residentes.
Aunque en 2011 y 2015 se registraron nevadas puntuales en la zona, la magnitud geográfica alcanzada en agosto de 2026 no tiene precedentes cercanos en cuanto a la cobertura total del terreno. La nieve avanzó por todo el corazón desértico hasta quedar a muy pocos kilómetros de la costa de Antofagasta.
Expertos vinculan el incremento de estas tormentas extremas con el fortalecimiento del fenómeno de El Niño en el Pacífico. Este patrón altera la presión atmosférica habitual del anticiclón del Pacífico Sur, facilitando que los frentes de tormenta se desplacen más cerca del ecuador e ingresan a zonas hiperáridas que no suelen recibir agua.