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Un nuevo relevamiento sobre los precios de los alimentos encendió una señal de alerta sobre la dinámica inflacionaria de agosto, justo cuando el Gobierno busca consolidar una desaceleración que en los últimos meses mostró algunas interrupciones. El dato aparece, además, después de una semana marcada por el contrapunto entre la inflación minorista y mayorista.
El último IPC del INDEC mostró que los precios avanzaron 2,1% en julio, por encima del 1,9% registrado en junio y después de tres meses consecutivos de desaceleración. En esa misma medición oficial, los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 2%, por debajo del nivel general.
El dato fue seguido de cerca por el Gobierno, que sostiene que el proceso de desinflación continúa pese a los movimientos mensuales. En paralelo, ayer se conoció la inflación mayorista de julio: el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) aumentó 0,8%, un registro que el presidente Javier Milei celebró en redes sociales y que también fue reivindicado por el ministro de Economía, Luis Caputo.
La discusión volvió así sobre el vínculo entre ambos indicadores. El Gobierno suele presentar la evolución de los precios mayoristas como una señal adelantada de lo que puede suceder más adelante con los precios minoristas. Sin embargo, esa relación no supone necesariamente un traslado mecánico y automático entre ambos índices, una cuestión que genera debate entre economistas.
Ahora, un nuevo informe de avance de la consultora LCG puso el foco sobre uno de los componentes de mayor peso dentro del IPC: los alimentos y bebidas.
Según el relevamiento de LCG, los precios de los alimentos y bebidas aumentaron 0,8% durante la tercera semana de agosto, después de haber registrado una baja en la semana previa.
El movimiento marca un cambio respecto de la dinámica inmediata anterior, aunque todavía no alcanza para revertir la tendencia de las últimas semanas. De hecho, cuando se toma el promedio de las últimas cuatro semanas, el rubro desaceleró hasta el 2%, 0,2 puntos porcentuales menos que en la medición anterior.
El relevamiento de LCG se realiza sobre unos 8000 precios de alimentos y bebidas en cinco supermercados, mediante web scraping, con cortes semanales los miércoles. Los ponderadores utilizados corresponden a la estructura del Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires.
El dato semanal, por lo tanto, no permite por sí solo anticipar cómo terminará agosto. Pero sí muestra que el comportamiento de los alimentos continúa siendo heterogéneo y que algunas categorías volvieron a ejercer una presión importante sobre el promedio.
Dentro del desagregado de LCG, Verduras fue la categoría que más aumentó durante la tercera semana de agosto, con una suba de 7,5%. El rubro tiene además una incidencia significativa dentro del índice, de 0,61 puntos porcentuales según el cuadro de la consultora.
En segundo lugar quedaron las Frutas, con un incremento de 3,1%, mientras que Aceites avanzó 2,3%. Más atrás se ubicaron Comidas listas para llevar, con 1,1%, y Carnes, con 1%.
El rebote de la carne resulta particularmente relevante dentro de la dinámica reciente. Después de varias semanas de comportamiento más contenido, el producto volvió a mostrar una variación positiva. Por su peso dentro de la canasta, el aumento tuvo una incidencia de 0,30 puntos porcentuales en la medición semanal.
LCG resumió el movimiento de la semana de manera concreta: las fuertes subas en verduras y frutas, junto con el rebote de las carnes, impulsaron el índice general de alimentos, mientras que las bebidas volvieron a caer.
El aumento general no fue todavía mayor porque varias categorías actuaron como contrapeso.

La mayor caída correspondió a Condimentos y otros productos alimenticios, que retrocedieron 7,8%, seguidos por Azúcar, miel, dulces y cacao, con una baja de 5,8%.
También bajaron Bebidas e infusiones para consumir en el hogar, 1,8%, mientras que Productos lácteos y huevos cedieron 0,3%.
En el resto de las categorías hubo aumentos: Productos de panificación, cereales y pastas subieron 0,8%, además de los movimientos ya mencionados en carnes, comidas listas, aceites y frutas.
La fotografía cambia cuando se amplía el período de análisis y se toman las últimas cuatro semanas.
En ese caso, la inflación promedio de alimentos y bebidas se ubicó en 2%, con una desaceleración de 0,2 puntos porcentuales.
Sin embargo, detrás de ese promedio aparecen algunas categorías que todavía muestran aumentos considerablemente superiores. Productos de panificación, cereales y pastas acumularon una suba de 5,9% en cuatro semanas, mientras que Productos lácteos y huevos avanzaron 3,7% y Carnes, 1,5%.
LCG señala que casi la mitad de la inflación promedio de las últimas cuatro semanas se explica por los panificados, mientras que los lácteos y las carnes explican buena parte del resto.
En el otro extremo, Azúcar, miel, dulces y cacao acumularon una caída de 3,4% en cuatro semanas, mientras que las bebidas e infusiones retrocedieron 0,5%. Aceites mostraron una variación prácticamente nula, de 0,3%.
Otro de los indicadores que sigue LCG es el índice de difusión, que mide la proporción de productos relevados que aumentan o disminuyen de precio.
En la tercera semana de agosto, el porcentaje de productos con aumentos se mantuvo por debajo del promedio de las últimas semanas, una señal que relativiza el rebote del índice general de alimentos.
Al mismo tiempo, la consultora detectó una característica diferente en la distribución de los precios: la dispersión de las variaciones fue mayor y aparecieron valores más extremos que en la semana previa. Es decir, el promedio semanal estuvo determinado por movimientos muy diferentes entre categorías y productos.