Cada verano se repite la misma escena en muchas cocinas: se compran melocotones firmes y perfumados, se meten en la nevera para que aguanten unos días y, al sacarlos, la pulpa ha perdido consistencia, el sabor se ha apagado y la textura recuerda más al algodón que a la fruta jugosa que se llevó a casa. La tentación es pensar que el frigorífico está fallando o que la fruta ya venía mal. En realidad, el problema suele estar en la temperatura.
Frutas como el melocotón, la nectarina, la ciruela o el mango proceden de climas cálidos y sus células están preparadas para funcionar bien por encima de un determinado umbral térmico.
Cuando bajan de ese punto, sufren lo que se conoce como daño por frío, algo muy relacionado con lo que ya explicamos al hablar de cómo colocar los alimentos en el frigorífico para que aguanten más tiempo sin perder calidad: las membranas celulares se deterioran, aparece esa textura harinosa o acuosa y el sabor pierde intensidad, aunque a simple vista la pieza siga pareciendo comestible.
La zona inferior del frigorífico suele ser la más fría, precisamente porque el aire frío tiende a bajar y el caliente a subir, así que colocar fruta delicada justo ahí o pegada a la salida de aire es de las formas más rápidas de arruinarla.
El compartimento principal de un frigorífico Samsung se mueve normalmente entre 1 y 7 grados, con 3 grados como punto recomendado de fábrica, y ese rango está pensado sobre todo para lácteos, carnes o platos ya cocinados, no para fruta que todavía necesita cierto calor para no perder su punto.
La solución no pasa por subir la temperatura general de la nevera, algo que además pondría en riesgo el resto de alimentos. Como ya apuntábamos al explicar por qué el frigorífico acaba quemando las verduras.
Cuando el frigorífico incluye zonas o cajones con control de humedad, lo recomendable es usar el modo pensado para frutas y verduras y no el más frío, ya que estos cajones suelen mantenerse algo más templados que el resto del compartimento y regulan la humedad para evitar tanto el marchitamiento como el exceso de condensación. Ahí, la fruta sensible al frío aguanta bastante mejor sin llegar a sufrir ese deterioro celular.
Conviene además no llenar el cajón hasta el tope, porque el aire necesita circular para repartir bien la humedad, y separar las piezas más maduras de las que todavía están verdes: el etileno que desprenden unas acelera el proceso de las demás, con o sin frío de por medio.
Al final, no hace falta ningún truco complicado ni cambiar de electrodoméstico para dejar de tirar fruta de verano a la basura. Basta con entender que no todos los rincones del frigorífico están pensados para lo mismo y con prestar atención a si el modelo cuenta con alguna función concreta para regular la humedad según el tipo de alimento que se guarde en cada cajón.
Ese pequeño gesto es lo que marca la diferencia entre un melocotón que sigue sabiendo a melocotón y otro que se ha quedado por el camino.
Imágenes | Samsung con edición
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