
En declaraciones que causaron una fuerte polémica en las redes sociales, el secretario general del Senado de la República, Diego González, advirtió en la tarde del martes 14 de julio que, aunque el Congreso de la República apruebe cambiar el lugar de la posesión del presidente electo Abelardo de la Espriella a una guarnición militar, la decisión práctica quedaría atada a una orden del presidente saliente, Gustavo Petro.
González planteó que el trámite podría intentarse por la vía parlamentaria, pero con un límite operativo si se restringe el acceso al Capitolio. “Los congresistas presentarían una proposición para cambiar la sede del Congreso y posesionar al presidente, por ejemplo, en una guarnición militar. Si ya no se le permite la entrada al Congreso, pues no se puede hacer absolutamente nada por parte de nosotros”, expresó el secretario.
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Esta discusión jurídica, vale destacar, se apoya en interpretaciones constitucionales sobre el lugar del juramento. Según lo expuesto por senadores salientes como María Fernanda Cabal, del Centro Democrático, el artículo 192 de la Constitución exige posesión ante el Congreso, sin precisar el edificio, y el artículo 140 fija la sede en la capital, no necesariamente en el Capitolio; lo que abriría la puerta a otras posibilidades.
Sin embargo, Petro, con un mensaje en la red social X, ya prohibió usar instalaciones militares para ese acto. “Ordeno que ningún establecimiento militar sirva para una posesión de un presidente de la República de Colombia”, dijo el mandatario, que hasta que no tome juramento De la Espriella tendrá la facultad de dar esas instrucciones; en situación similar a lo que sucedió con la espada de Simón Bolívar el 7 de agosto de 2022.
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En su tercera alocución como presidente electo, en la noche del lunes 13 de julio, el mandatario electo dejó en firme su deseo de juramentar como nuevo presidente en una instalación militar en el sur del país; más exactamente en Popayán (Cauca). Para ello, además de la aprobación del legislativo, necesitaría tener el aval de las Fuerzas Militares para tal propósito, aunque su comandante en jefe aún seguiría siendo Petro.
“Pese a la posición del nefasto y delirante gobierno saliente, los colombianos pueden estar seguros de que cumpliré mi promesa. Me voy a posesionar en el sur del país, en una guarnición militar, para rendirle un homenaje solemne a los héroes de la patria y a los uniformados que protegen la democracia, la libertad y la institucionalidad”, indicó De la Espriella, que también anunció el fin de la consejería de Paz del Gobierno.
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En esa misma intervención, el presidente electo pidió una decisión del Legislativo que habilite el cambio de sede. Solicitó al Congreso que “tomen la decisión correcta para cumplir con ese mandato del pueblo”, como una especie de homenaje de su parte a la fuerza pública; lo que ha desatado, en consecuencia, una intensa discusión sobre la independencia del Poder Ejecutivo en relación con el accionar de los uniformados.

Entretanto, Petro fundamentó su negativa en la cadena de mando vigente hasta el momento del juramento. “Los cuarteles militares y policiales están bajo mis órdenes hasta el momento que el nuevo presidente jure, y, por tanto, hasta ese momento soy el comandante supremo de las fuerzas militares, ningún oficial da el saludo militar a un civil sino cuando este sea su comandante supremo”, sostuvo el jefe de Estado.
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En su mensaje, el saliente mandatario también remarcó el procedimiento que, a su juicio, debe prevalecer para la transmisión del mando. “La transmisión del mando al nuevo presidente, es bajo las leyes de la República y la Constitución, y esas normas establecen que el presidente se posesiona ante el Congreso en sesión plena”, indicó Petro, que se opuso en consecuencia a la intención de De la Espriella sobre este acto.
En medio de la discusión, el designado ministro del Interior, Rodrigo Lara, confirmó que la estrategia apunta a esa alternativa fuera del Capitolio como primera opción. “El plan A es posesionarse en una guarnición militar. El presidente lo dijo en campaña. Él quiere una posesión que marque un símbolo de austeridad y un símbolo, al mismo tiempo, de comprensión total con los problemas de los colombianos; y un símbolo básicamente que muestre su determinación y su voluntad de recuperar la seguridad”, afirmó el político.
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