Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina

calendar_today 10.10.2026 - person  - timer ~6 Minutos

Icono personas Para 4Icono euro 1.9€/pers.Icono calorias 125kcal/100g

Ingredientes

  • 8 jamoncitos de pollo, unos 1,2 kg
  • 800 g de patatas para cocer o guisar, unas 6 medianas
  • 1 cebolla grande
  • 1 pimiento rojo mediano
  • 2 zanahorias
  • 3 dientes de ajo
  • 200 g de tomate triturado
  • 150 ml de vino blanco seco
  • 500 ml de caldo de pollo, aproximadamente
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 1 hoja de laurel
  • 40 ml de aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Pimienta negra recién molida

En este guiso de pollo con patatas el orden de entrada de los ingredientes importa bastante. Los jamoncitos empiezan a guisarse antes y las patatas se incorporan después, chascadas en trozos medianos. De esta forma el pollo tiene tiempo de quedar tierno mientras la patata termina de cocerse y va soltando el almidón suficiente para dejar una salsa ligada sin harina ni maicena.

El fondo se construye con el dorado del pollo y un sofrito bien reducido. El vino se deja reducir antes de añadir el caldo y el hervor se mantiene suave. El resultado no debe ser una sopa ni una salsa espesa como un puré: buscamos patatas enteras, pollo jugoso y un caldo corto y meloso que se pegue ligeramente a los ingredientes.

Esta forma de cocinar está emparentada con el estofado de pollo en salsa, aunque aquí la patata entra dentro del propio guiso y participa en la textura. El pollo a la jardinera lleva la cazuela hacia un resultado con más verdura, mientras que la carne guisada con patatas permite ver la misma lógica aplicada a una carne que necesita bastante más tiempo. También tiene un sitio natural entre los guisos de pollo del blog y, en un nivel más amplio, dentro de la familia de guisos y estofados de carne que funcionan con una cocción pausada y una salsa construida en la propia cazuela.

Para esta versión prefiero jamoncitos de pollo con hueso y piel. Aguantan mejor que una pechuga una cocción de este tipo y dejan un fondo más sabroso. Con 800 g de patata tenemos una proporción suficiente para cuatro personas sin llenar la cazuela hasta el punto de que el guiso pierda salsa.

Cómo hacer el guiso de pollo con patatas

Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina

Doramos los jamoncitos y concentramos las verduras

  1. Secamos bien los jamoncitos con papel de cocina, los salpimentamos y calentamos el aceite de oliva virgen extra en una cazuela amplia. Cuando esté caliente, doramos el pollo a fuego medio-alto en dos tandas y sin amontonar las piezas. Necesitamos color en la piel y restos tostados en el fondo, pero no cocinar el interior por completo. Retiramos el pollo a una fuente.
  2. Bajamos a fuego medio. Añadimos la cebolla picada, el pimiento rojo cortado en dados pequeños y las zanahorias en medias lunas. Ponemos una pizca de sal y cocinamos unos 8 minutos. Mientras se ablandan, raspamos con una espátula los restos adheridos al fondo: ese tostado forma parte de la salsa.
  3. Incorporamos los ajos picados y cocinamos 1 minuto. Añadimos el tomate triturado y lo reducimos 4-5 minutos, hasta que pierda buena parte del agua. Bajamos un poco el fuego, incorporamos el pimentón dulce y removemos solo durante unos segundos para que no se queme.
Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina
Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina
Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina

Reducimos el vino y damos ventaja al pollo

  1. Vertemos el vino blanco y subimos el fuego. Rascamos de nuevo el fondo de la cazuela y dejamos que el vino hierva 2-3 minutos, hasta que pierda el olor alcohólico más fuerte. Queremos recuperar el fondo del dorado y concentrar el vino, no llenar la cazuela de líquido.
  2. Devolvemos los ocho jamoncitos y los jugos que hayan soltado. Añadimos la hoja de laurel y unos 400 ml de caldo de pollo caliente. El líquido debe rodear las piezas, pero no cubrirlas por completo. Cuando recupere el hervor, bajamos a fuego suave, tapamos dejando una pequeña abertura y cocinamos 15 minutos.
Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina
Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina

Chascamos las patatas y terminamos el guiso

  1. Mientras avanza el pollo, pelamos las patatas. Las cortamos en trozos de unos 4-5 cm y terminamos cada corte rompiendo la patata con un pequeño giro del cuchillo. Al chascar una patata adecuada para guisar dejamos una superficie irregular que facilita que parte de su almidón pase al caldo.
  2. Incorporamos todas las patatas a la cazuela. Añadimos el resto del caldo solo si hace falta para que el líquido llegue casi a la altura de los ingredientes. Repartimos los trozos con suavidad y, desde este momento, evitamos remover con la cuchara una y otra vez: es mejor mover la cazuela por las asas.
  3. Cocinamos a hervor suave durante 20-25 minutos, con la cazuela parcialmente tapada. La patata estará lista cuando la punta de un cuchillo entre sin resistencia pero el trozo siga manteniendo la forma. El pollo debe quedar tierno y bien cocinado junto al hueso. Si falta líquido antes de tiempo, añadimos un poco de caldo caliente por un lateral.
  4. Probamos la salsa y corregimos de sal y pimienta. Si todavía está demasiado ligera, cocinamos unos minutos más sin tapa. Apagamos el fuego y dejamos reposar el guiso 10 minutos antes de servir; en ese tiempo la salsa se asienta y la patata sigue absorbiendo una pequeña parte del caldo.
Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina
Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina
Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina
Guiso de pollo con patatas, con salsa melosa sin harina

El punto final: patata entera, salsa melosa y buen recalentado

Si las patatas se deshacen antes de que termine el guiso, lo más frecuente es que los trozos sean demasiado pequeños, que el hervor sea fuerte o que hayamos removido demasiado. Aquí interesa mantener piezas medianas y un burbujeo tranquilo. Una vez que empiezan a estar tiernas, movemos la cazuela y dejamos la cuchara para correcciones puntuales.

También puede pasar lo contrario: el pollo está tierno pero la patata sigue dura. Antes de alargar mucho la cocción, comprobamos que los trozos estén parcialmente sumergidos y que todos tengan un tamaño parecido. Si al pollo ya no le conviene seguir al fuego, podemos sacarlo a una fuente, terminar la patata unos minutos y devolverlo al final para calentarlo.

Una salsa demasiado líquida no necesita harina para arreglarse. Primero destapamos y reducimos a fuego suave. Si todavía le falta cuerpo, aplastamos un único trozo de patata contra el lateral de la cazuela y lo mezclamos con el caldo. Conviene hacerlo poco a poco: el reposo final espesará algo más la salsa y es fácil pasarse.

El guiso aguanta bien en la nevera y al día siguiente suele estar incluso más asentado. Para recalentarlo, añadimos un chorrito de caldo o agua si la patata ha absorbido demasiada salsa y lo calentamos a fuego suave. Si queremos congelarlo, la parte delicada es la patata: puede quedar harinosa o granulosa al descongelarse. Si cocinamos expresamente para congelar, es mejor guardar el pollo con su salsa y preparar patata nueva al servir; la guía sobre qué se puede congelar y qué no explica el criterio general.

Última revisión: 15 septiembre 2026

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