Raúl Ortiz San Martin: Guerras y combustibles | Columnistas | Opinión

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14 de agosto, 2026 - 07h30

Las guerras modernas con mayor frecuencia tienen como objetivo la infraestructura energética, convirtiendo al petróleo, al gas natural y a las refinerías en armas estratégicas. El conflicto con Irán, así como la prolongada guerra entre Rusia y Ucrania, están alterando profundamente el mercado de los combustibles y generando consecuencias económicas adversas, que alcanzan incluso a países alejados de esos escenarios, como Ecuador.

En los últimos meses han sido atacadas varias refinerías en el Medio Oriente, y Ucrania ha afectado el cincuenta por ciento de la capacidad de refinación de Rusia. En conjunto, ambos conflictos han reducido aproximadamente 9 millones de barriles diarios de capacidad de refinación, equivalente al 9 % de la capacidad mundial. Su reparación podría tomar mas de un año.

Para Ecuador, un neto importador, el impacto es bastante preocupante. Los combustibles, especialmente el diésel, están aumentando de precio mucho más que el petróleo crudo.

En otras palabras, por ahora se requieren más del doble de barriles de crudo producido para pagar el costo de un barril importado. Esta relación deteriora significativamente las finanzas publicas.

Aunque hace un año el Gobierno reformó el sistema de subsidios mediante un esquema de bandas, el incremento mensual está limitado y recientemente se han suspendido los ajustes de precios. Como consecuencia, el Estado continúa absorbiendo una parte importante del costo de los combustibles, incluyendo el GLP, con subsidios que podrían llegar hasta los $ 300 millones mensuales mientras persista la volatilidad internacional.

La respuesta no puede limitarse a medidas coyunturales. Ecuador necesita una política energética de Estado con visión de largo plazo. La primera prioridad debe ser sustituir progresivamente el diésel utilizado principalmente para generación eléctrica por gas natural, impulsando la total revitalización del campo Amistad y una agresiva exploración costa afuera del golfo de Guayaquil. La importación de gas natural podría ser un complemento a la producción.

El segundo eje debe ser la revitalización completa del sistema nacional de refinación y/o la construcción de una nueva refinería moderna que permita refinar prácticamente todos los combustibles que requiere el país, reduciendo significativamente el costo de los combustibles y fortaleciendo la seguridad energética.

Ambos proyectos demandarían inversiones superiores a los $ 15.000 millones, imposibles de financiar por el Estado. Será indispensable atraer empresas privadas internacionales de alto nivel técnico y económico, mediante reglas estables, seguridad jurídica, procesos de licitación abiertos y transparentes y un marco legal moderno que devuelva la competitividad al sector hidrocarburífero del país.

Para Ecuador, la verdadera respuesta a la crisis no es reaccionar cada vez que suben o bajan los precios, sino construir una política energética de largo plazo que garantice el abastecimiento, elimine la vulnerabilidad fiscal y convierta al sector en una fuente sostenible de desarrollo. (O)