5 de septiembre, 2026 - 07h00
Los medios de comunicación, los mensajes que la sociedad envía, los videos en las redes sociales y hasta la conversación entre amigos se han convertido en lugares donde el tema del culto al cuerpo, el regreso a la delgadez extrema a través de ayunos o inyecciones mágicas, los rellenos para todas las partes de nuestro cuerpo y las mil y una formas de intentar atrapar hasta la última gota de juventud se han vuelto casi obsesión, pero hay un órgano que también envejece y que es necesario mantenerlo activo y en buen estado: nuestro cerebro.
Por tanto, es importante recordar que la demencia afecta la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. La enfermedad de Alzheimer representa entre el 60 % y el 70 % de todos los casos y la ONU ha hecho algunas recomendaciones, basadas en la evidencia científica más reciente, indicando que hasta el 45 % del riesgo de desarrollar demencia puede atribuirse a factores modificables, lo que abre la puerta a intervenciones preventivas desde etapas tempranas de la vida, y una de estas recomendaciones es participar en actividades sociales y de estimulación cognitiva. Entonces, creo que es necesario que incluyamos en nuestra dieta un libro, no como un elemento adicional para las redes sociales, sino como un ejercicio para nuestra cabeza; leer por placer, sin la obligatoriedad de una cantidad mensual, sin la necesidad de contarlo al resto, sino para que nuestras neuronas trabajen y se fortalezcan. Pero ¿qué pasa con quienes no disfrutan de la lectura? Primero, creo que la lectura no se puede obligar, pero siempre se debe intentar. Segundo, hay una oferta de juegos interesantes, como sudoku, crucigramas y ajedrez, que despiertan la curiosidad y obligan a analizar y resolver problemas ejercitando nuestro cerebro y ayudándolo a mantenerse joven.
De esta manera, también creo que los espacios culturales son lugares necesarios para que las personas puedan reunirse y compartir temas diversos. Ver la vida desde una perspectiva diferente fortalece la empatía, y eso mejora la convivencia dentro de la sociedad, pero no podemos dejar todo en manos de los otros, del Gobierno o de las autoridades seccionales. Creo que, si algo nos molesta, debemos tratar de cambiarlo desde nuestra orilla. He aprendido que no podemos controlar las acciones de los demás, pero sí podemos controlar las nuestras. Entonces, hacer nuestra parte, y hacerla bien depende exclusivamente de nosotros. Volvernos pequeños gestores culturales desde nuestras limitaciones como un aporte a la sociedad también es una forma de empezar a gestionar un cambio positivo para nuestro entorno.
En consecuencia, quiero compartirles que librería Ataraxia empieza a explorar junto con Árbol Azul, una cuenta amiga con quien compartimos afinidades literarias, el camino de los eventos literarios donde se habla de letras, libros y lectores, entre más libros, cafecitos y piqueos; porque, si un grupo pequeño se reúne para compartir lecturas y experiencias, la literatura gana. Corolario, me quedo con las palabras de James Russell Lowell: “Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra”. (O)